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La vida sin libertad es como un cuerpo sin alma
y la libertad sin pensamiento es confusión . Este mensaje de trascendente
contenido, legado del poeta y filósofo libanés Kahlil Gibran, que he visto labrado en piedra imperecedera en la
Plaza que lleva su nombre, en la Avenida Massachusetts de esta hermosa ciudad de
Washington, estremece la sensibilidad humana. Elocuente testimonio para rememorar la Obra
del Libertador. Simón Bolívar, estadista de visión universal. Síntesis de
pensamiento que trasciende las realidades de su tiempo y espacio histórico. De
pensamiento para la libertad. De pensamiento para forjar un mundo nuevo. De pasión
infinita alimentada por la razón suprema de la justicia. A esos propósitos se entregó
con voluntad inquebrantable. Prefiguró proyectos en apasionada búsqueda de una América
igualitaria. Propósitos que hoy, al igual que ayer, iluminan sueños y esperanzas. Mi deber decía el Libertador es sacar siempre la espada por la justicia y luchar
donde haya pueblos esclavos que defender. Simón Bolívar no estuvo exento de visiones proféticas, propias
de hombres singulares que pocas veces pare la historia. Su entrega a la lucha por los más
caros ideales del hombre de la América meridional, fue absoluta. Nunca procuró, a
cambio, proventos mercantiles, retribuciones crematísticas. Como Don Quijote, no se
preocupaba por ellas, ya que, como en las historias
de esos caballeros andantes, ninguno las
hubiese buscado. Miguel de Unamuno nos recuerda que Bolívar regaló sus alhajas a Don
Fernando Peñalver, para que remediara su miseria; declaró
libres en su hacienda de San Mateo a mil esclavos negros que representaban miles de duros,
y renunció a millones en metálico que decreta para él la gratitud de los pueblos. Así
era nuestro Libertador. Por eso su pensamiento,
y su generosidad infinita, conservan total vigencia. Un coterráneo mío, el excelso historiador trujillano Mario
Briceño Iragorry, nos exhorta a recordar nuestros antepasados heroicos en función viva,
no en función de difuntos La fama de Bolívar muerto dice- no es nada ante el ejemplo creador de Bolívar vivo.
De Bolívar caminando. De Bolívar trabajando por la dignidad de América
Sirvamos al
Bolívar vivo. Al Bolívar eterno, al Bolívar que supo insuflar en nuestra América el
espíritu de la libertad y de la dignidad social. Así debemos interpretar
al mas grande hombre de América. Bolívar vive en el corazón de nuestro pueblo. Ese
quijote colectivo, postergado y excluido, que sigue buscando justicia y libertad. La gente del común lo mantiene presente como un símbolo para
expresar sus angustias, sus alegrías y esperanzas. Bolívar es un héroe mítico porque
encarna como nadie lo más prístino del
anhelo popular. La dimensión humana de Bolívar se agiganta porque él fue capaz de
entregar su vida, honores y riquezas en beneficio de los olvidados, los desposeídos,
enarbolando con determinación la bandera del ideal republicano. Al Libertador se le reconoce en los cantares del pueblo por su
hidalguía en el combate anticolonialista, por haberse atrevido a inventar el sueño de la
libertad, por su desprendimiento sublime en una sociedad individualista que permanecía
atada a postulados esclavistas y feudales. A Bolívar se le admira por su grandeza visionaria. Por soñar
con la creación de una sola patria; la patria americana, unida en sentimiento, lengua
nueva, culturas semejantes y economías que debían dar respuestas propias y diferentes, a
las que regían en los conocidos imperios de Europa y en la naciente potencia, situada al
Norte del Nuevo Mundo. El alma popular sacraliza al líder necesario que aún convoca
multitudes esperanzadas porque es capaz de levantar valores moralizantes que están más
allá que la muerte misma. El ejemplo de
Bolívar forma parte de la reafirmación del ser latinoamericano. El modo verdadero de entender el colectivo de la América mestiza,
controversial, desobediente, solidaria y creativa, de raíces éticas bolivarianas. Bolívar está vivo y no por que se le recuerde por su rigidez
estatuaria sino porque permanece en los cantos tradicionales, en las reliquias, en las
artes plásticas populares, en los cuentos y poemas, en los rezos e invocaciones mágicas
del pueblo y en el sueño de una América justa y solidaria que clama a gritos por mayor
justicia e igualdad sociales. La vigencia del pensamiento bolivariano aparece constantemente en
la memoria colectiva del pueblo: En el canto del labriego/ y en toda honrada
faena/ es senda segura y buena/ hacia un mundo de sosiego/ así hasta su sombra llego/
padre, maestro y amigo/ porque a ti vengo y te digo/ Bolívar, Libertador/ que amo más tu
vida-flor/ que la flor muerta contigo. Es así como en Argentina la Coral Bolívar basándose en el poema Acta
Capitular para Simón Bolívar, de Armando Tejada Gómez, canta: Supremo
soñador/ nivel del cóndor/ horizonte del hombre/ a cielo y tierra/ Señor Simón/
comando del futuro/ caviloso tumulto/ de mi América. El aire polífono dulce y profundo de las quenas indígenas
peruanas armonizadas con las voces ancestrales de la cordillera andina, se expresa a
través del grupo Vientos del Pueblo. El homenaje al Libertador como tema ritual de sonido
incaico, de la flauta y del bombo, se rinde así: Pero si nadie olvidó/ el río que baja al
mar/ y el mar que sube a la fuente/ donde el combate empezó/ Bolívar Libertador/ tu
talla no se dobló/ tu frente ha quedado entera/ desafiando al opresor. Una de las grandes figuras del canto popular, perteneciente al
Movimiento Nueva Canción Boliviana, Luis Rico, rindió su tributo al Libertador en un
Festival de la Canción Bolivariana, celebrado en Venezuela. En elocuente lenguaje
poético cantó: Escúchame cala humana/ mestizo de alma rebelde/
ayer tuve un sueño triste/ que me ha llenado de fiebre/ Desde el Río Grande al Sur/ se
alzaba una patria fuerte/ era una patria morena/ sostenida por sus héroes. El canto tradicional paraguayo por excelencia es la guaránia.
Por medio de ella el hombre sencillo manifiesta su amor a la tierra, a la vida. Su fuerza
poética, sublime y agreste, da lugar a un discurso musical solemne. Guitarras que templan
su grito, nacidas de la América unida, mestiza, alegre y triste al mismo tiempo, con voz
de esperanza. El Grupo Vocal Dos y Maneco Galeano, figura estelar del canto popular
paraguayo, también le rinden homenaje a Bolívar: América es una/ morena y alegre/ es voz y
esperanza/ de los valles verdes/ y tiene guitarras/ que templan su grito/ hechas de
madera/ curtidas en sangre/ quebracho de estirpe/ que no tumba a nadie/ copias y jazmines/
luchas y azahares. El colombiano Antonio
del Villar engrosa las filas de los cantores bolivarianos Bolívar, que interpretan de
manera magistral el Bolívar Latino: Bolívar/ Bolívar latino/ Bolívar el hombre/
Bolívar Libertador/ supieras que en aquélla tierra/ por ti liberada/ anida nueva
opresión
Despierta/ despierta latino/ que una noche larga/ cubierta de luz. No/ No
duermas ahora/ que vendrá un mañana/ sin desvelo ni cruz. Esa presencia del ideario de Bolívar esta viva en los campos de
mi país, donde se canta Décimas, en forma poética: Los
antiguos moradores/ de las Américas libres/ ponían por imposible/ sembrar en su patria
flores/ pero esos agricultores/ de distinto parecer/ sembrando están por coger/ un árbol
de esta tal clase/ que no saben cuando nacen/ pero se vio florecer. El gran poeta chileno Pablo Neruda recoge, con excepcional
sensibilidad y convicción, ese sentimiento popular latinoamericano en Un Canto para
Bolívar:
Padre Nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire/ de toda nuestra
extensa latitud silenciosa/ todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada:/ tu apellido
la caña levanta a la dulzura/ el estaño bolívar tiene un fulgor, bolívar/ el pájaro
bolívar sobre el volcán bolívar/ la patata, el salitre, las sombras especiales/ las
corrientes, las vetas de fosfórica piedra/ todo lo nuestro viene de tu luz apagada/ tu
herencia fueron ríos, llanuras, campanarios/ tu herencia es el pan nuestro de cada día,
padre. Hoy conmemoramos un acontecimiento señero. Hace exactamente
doscientos dieciocho (218) años, en tierras meridionales, tendría lugar un alumbramiento
prodigioso: el más trascendente estadista de las Américas, Simón de la Santísima
Trinidad Bolívar y Palacios, irrumpiría a la vida. Y nada más oportuno que recordar al
Libertador de naciones americanas, como lo hemos intentado: a través de la manera como el
pueblo vivencia su Obra. Bolívar es pueblo. Y nada más distante de su pensamiento y
acción redentora, que concebirlo al margen de la dinámica real de la historia. De esa
que funda su pertinencia en la posibilidad cierta de alcanzar, día a día, espacios más
amplios para la libertad, la justicia y la igualdad. Permítasenos, por eso, invitarles a
encarar fascinantes desafíos, que no son otros que los de la democracia, cuya legitimidad está basada en el
protagonismo popular. Pueblo que sueña nunca muere. Pueblo que lucha alcanza sus sueños.
El pensamiento bolivariano sigue siendo hoy la mejor referencia para la búsqueda de la
libertad, la justicia y la igualdad. Reivindiquemos, entre tanto, el pensamiento - siempre vigente-
del Libertador Simón Bolívar quien expresara: El sistema de Gobierno más
perfecto, es aquél que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad
social, y mayor suma de estabilidad política. |