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Washington, D.C., 24 de Julio del 2001

“ La vida sin libertad es como un cuerpo sin alma y la libertad sin pensamiento es confusión” . Este mensaje de trascendente contenido, legado del poeta y filósofo libanés Kahlil Gibran,  que he visto labrado en piedra imperecedera en la Plaza que lleva su nombre, en la Avenida Massachusetts de esta hermosa ciudad de Washington, estremece la sensibilidad humana. Elocuente testimonio para rememorar la Obra del Libertador.

Simón Bolívar, estadista de visión universal. Síntesis de pensamiento que trasciende las realidades de su tiempo y espacio histórico. De pensamiento para la libertad. De pensamiento para forjar un mundo nuevo. De pasión infinita alimentada por la razón suprema de la justicia. A esos propósitos se entregó con voluntad inquebrantable. Prefiguró proyectos en apasionada búsqueda de una América igualitaria. Propósitos que hoy, al igual que ayer, iluminan sueños y esperanzas. “ Mi deber –decía el Libertador – es sacar siempre la espada por la justicia y luchar donde haya pueblos esclavos que defender”.

Simón Bolívar no estuvo exento de visiones proféticas, propias de hombres singulares que pocas veces pare la historia. Su entrega a la lucha por los más caros ideales del hombre de la América meridional, fue absoluta. Nunca procuró, a cambio, proventos mercantiles, retribuciones crematísticas. Como Don Quijote, no se preocupaba por ellas, ya que, como en las  historias de esos caballeros andantes,  ninguno las hubiese buscado. Miguel de Unamuno nos recuerda que Bolívar regaló sus alhajas a Don Fernando Peñalver, para que remediara su miseria;  declaró libres en su hacienda de San Mateo a mil esclavos negros que representaban miles de duros, y renunció a millones en metálico que decreta para él la gratitud de los pueblos. Así era nuestro Libertador. Por eso su pensamiento, y su generosidad infinita, conservan total vigencia.

Un coterráneo mío, el excelso historiador trujillano Mario Briceño Iragorry, nos exhorta a recordar nuestros antepasados heroicos en función viva, no en función de difuntos “ La fama de Bolívar muerto –dice- no es nada ante el ejemplo creador de Bolívar vivo. De Bolívar caminando. De Bolívar trabajando por la dignidad de América…Sirvamos al Bolívar vivo. Al Bolívar eterno, al Bolívar que supo insuflar en nuestra América el espíritu de la libertad y de la dignidad social”. Así debemos interpretar al mas grande hombre de América. Bolívar vive en el corazón de nuestro pueblo. Ese quijote colectivo, postergado y excluido, que sigue buscando justicia y libertad.

La gente del común lo mantiene presente como un símbolo para expresar sus angustias, sus alegrías y esperanzas. Bolívar es un héroe mítico porque encarna como nadie lo  más prístino del anhelo popular. La dimensión humana de Bolívar se agiganta porque él fue capaz de entregar su vida, honores y riquezas en beneficio de los olvidados, los desposeídos, enarbolando con determinación la bandera del ideal republicano.

Al Libertador se le reconoce en los cantares del pueblo por su hidalguía en el combate anticolonialista, por haberse atrevido a inventar el sueño de la libertad, por su desprendimiento sublime en una sociedad individualista que permanecía atada a postulados esclavistas y feudales.

A Bolívar se le admira por su grandeza visionaria. Por soñar con la creación de una sola patria; la patria americana, unida en sentimiento, lengua nueva, culturas semejantes y economías que debían dar respuestas propias y diferentes, a las que regían en los conocidos imperios de Europa y en la naciente potencia, situada al Norte del Nuevo Mundo.

El alma popular sacraliza al líder necesario que aún convoca multitudes esperanzadas porque es capaz de levantar valores moralizantes que están más allá que la muerte misma.  El ejemplo de Bolívar forma parte de la reafirmación del ser latinoamericano. El modo verdadero  de entender el colectivo de la América mestiza, controversial, desobediente, solidaria y creativa, de raíces éticas bolivarianas.

Bolívar está vivo y no por que se le recuerde por su rigidez estatuaria sino porque permanece en los cantos tradicionales, en las reliquias, en las artes plásticas populares, en los cuentos y poemas, en los rezos e invocaciones mágicas del pueblo y en el sueño de una América justa y solidaria que clama a gritos por mayor justicia e igualdad sociales.

La vigencia del pensamiento bolivariano aparece constantemente en la memoria colectiva del pueblo: “En el canto del labriego/ y en toda honrada faena/ es senda segura y buena/ hacia un mundo de sosiego/ así hasta su sombra llego/ padre, maestro y amigo/ porque a ti vengo y te digo/ Bolívar, Libertador/ que amo más tu vida-flor/ que la flor muerta contigo”.

Es así como en Argentina la Coral Bolívar basándose en el poema “Acta Capitular para Simón Bolívar”, de Armando Tejada Gómez, canta: “Supremo soñador/ nivel del cóndor/ horizonte del hombre/ a cielo y tierra/ Señor Simón/ comando del futuro/ caviloso tumulto/ de mi América”.

El aire polífono dulce y profundo de las quenas indígenas peruanas armonizadas con las voces ancestrales de la cordillera andina, se expresa a través del grupo Vientos del Pueblo. El homenaje al Libertador como tema ritual de sonido incaico, de la flauta y del bombo, se rinde así: “ Pero si nadie olvidó/ el río que baja al mar/ y el mar que sube a la fuente/ donde el combate empezó/ Bolívar Libertador/ tu talla no se dobló/ tu frente ha quedado entera/ desafiando al opresor”.

Una de las grandes figuras del canto popular, perteneciente al Movimiento Nueva Canción Boliviana, Luis Rico, rindió su tributo al Libertador en un Festival de la Canción Bolivariana, celebrado en Venezuela. En elocuente lenguaje poético cantó: “Escúchame cala humana/ mestizo de alma rebelde/ ayer tuve un sueño triste/ que me ha llenado de fiebre/ Desde el Río Grande al Sur/ se alzaba una patria fuerte/ era una patria morena/ sostenida por sus héroes”.

El canto tradicional paraguayo por excelencia es la guaránia. Por medio de ella el hombre sencillo manifiesta su amor a la tierra, a la vida. Su fuerza poética, sublime y agreste, da lugar a un discurso musical solemne. Guitarras que templan su grito, nacidas de la América unida, mestiza, alegre y triste al mismo tiempo, con voz de esperanza. El Grupo Vocal Dos y Maneco Galeano, figura estelar del canto popular paraguayo, también le rinden homenaje a Bolívar: “América es una/ morena y alegre/ es voz y esperanza/ de los valles verdes/ y tiene guitarras/ que templan su grito/ hechas de madera/ curtidas en sangre/ quebracho de estirpe/ que no tumba a nadie/ copias y jazmines/ luchas y azahares.” 

 El colombiano Antonio del Villar engrosa las filas de los cantores bolivarianos Bolívar, que interpretan de manera magistral el Bolívar Latino: “Bolívar/ Bolívar latino/ Bolívar el hombre/ Bolívar Libertador/ supieras que en aquélla tierra/ por ti liberada/ anida nueva opresión…Despierta/ despierta latino/ que una noche larga/ cubierta de luz. No/ No duermas ahora/ que vendrá un mañana/ sin desvelo ni cruz”. 

Esa presencia del ideario de Bolívar esta viva en los campos de mi país, donde se canta Décimas, en forma poética: “Los antiguos moradores/ de las Américas libres/ ponían por imposible/ sembrar en su patria flores/ pero esos agricultores/ de distinto parecer/ sembrando están por coger/ un árbol de esta tal clase/ que no saben cuando nacen/ pero se vio florecer”.

El gran poeta chileno Pablo Neruda recoge, con excepcional sensibilidad y convicción, ese sentimiento popular latinoamericano en Un Canto para Bolívar: “ Padre Nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire/ de toda nuestra extensa latitud silenciosa/ todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada:/ tu apellido la caña levanta a la dulzura/ el estaño bolívar tiene un fulgor, bolívar/ el pájaro bolívar sobre el volcán bolívar/ la patata, el salitre, las sombras especiales/ las corrientes, las vetas de fosfórica piedra/ todo lo nuestro viene de tu luz apagada/ tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios/ tu herencia es el pan nuestro de cada día, padre”.

Hoy conmemoramos un acontecimiento señero. Hace exactamente doscientos dieciocho (218) años, en tierras meridionales, tendría lugar un alumbramiento prodigioso: el más trascendente estadista de las Américas, Simón de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios, irrumpiría a la vida. Y nada más oportuno que recordar al Libertador de naciones americanas, como lo hemos intentado: a través de la manera como el pueblo vivencia su Obra.

Bolívar es pueblo. Y nada más distante de su pensamiento y acción redentora, que concebirlo al margen de la dinámica real de la historia. De esa que funda su pertinencia en la posibilidad cierta de alcanzar, día a día, espacios más amplios para la libertad, la justicia y la igualdad. Permítasenos, por eso, invitarles a encarar fascinantes desafíos, que no son otros que los de la  democracia, cuya legitimidad está basada en el protagonismo popular. Pueblo que sueña nunca muere. Pueblo que lucha alcanza sus sueños. El pensamiento bolivariano sigue siendo hoy la mejor referencia para la búsqueda de la libertad, la justicia y la igualdad.

Reivindiquemos, entre tanto, el pensamiento - siempre vigente- del Libertador Simón Bolívar quien expresara: “El sistema de Gobierno más perfecto, es aquél que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social, y mayor suma de estabilidad política”.

Ver también Donación de libros a la Biblioteca Colón