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            Francisco de Miranda. Concepción universal del mundo y de su tiempo. Arquetipo del quehacer libertario. Fabricante de sueños. Su gran proyecto:  ver libre a todo el Continente Hispanoamericano. Integrar política, cultural  y económicamente el extenso territorio comprendido entre el Missisippi y el cabo de Hornos. Venezuela, epicentro para encender la antorcha libertaria del ámbito americano libre, integrado por las colonias españolas. Así surge la idea, en 1790 de Colombeia, con cuyo nombre quiso  honrar al descubridor Cristóbal Colón. Francisco de Miranda: Hombre trascendental. Trashumancia que ha hecho leyenda en  hermoso transitar allende los mares.

Fue el primero - que conozca la historia- en plantear la necesidad de una Hispanoamérica unida y también el primero que habló al mundo en nombre de América. Concibió a Hispanoamérica como una gran Nación. Aporte trascendental, aún vigente, en la historiografía regional. Un pensamiento político y filosófico de proyecciones inconmensurables que habría cambiado el curso de la historia de los pueblos americanos y su relación planetaria.

El caraqueño Sebastián Francisco de Miranda Rodríguez  (1750-1816) provenía de un mestizaje; hijo del español (de origen canario) Sebastián de Miranda Ravelo y de la venezolana Francisca Antonia Rodríguez de Espinoza, lo cual, acaso, le permitió enfrentarse con extraordinaria facilidad a escenarios que le abrieron las puertas para  participar no sólo en ambientes sociales y culturales, sino, en las luchas revolucionarias que ocurrían en  tres Continentes. Con extraordinaria sagacidad incursionaba en procesos políticos que aún cuando le eran ajenos en la distancia, no lo eran para la obtención de sus fines revolucionarios: lograr recursos para liberar del dominio español a los pueblos hispanoamericanos.

Políglota. Hablaba, además de su lengua madre, el español: francés, inglés, alemán, ruso, conocía suficientemente el árabe y el italiano, traducía del latín y  griego. Amante de las artes, de fino y agudo oído para la música, no sólo para escucharla sino también para ejecutarla; siempre se hacía acompañar por su flauta, que tocaba con maestría y sensibilidad. Su biblioteca, superior a los 6 mil volúmenes, estaba conformada por una diversidad bibliográfica, que para el momento era considerada una verdadera joya o patrimonio. Además de sus documentos conformados por cartas y otros textos, contenía libros de distintas épocas, diarios, mapamundis, planos de batallas, prospectos medicinales, proyectos de leyes, constituciones e, incluso, misivas de amor. Leía con apasionada voracidad en sus años mozos a Montesquieu, Rousseau, Voltaire, Locke, Buffon, Lalande, Humbolt, Hume, Diderot. En su peregrinar por España, a los 21 años de edad, ocultamente hace circular libros que por su contenido les consideraban prohibidos.  

 La educación de Miranda, como por designios históricos, estaba centrada en la formación de un soldado culto. De un hombre nuevo para su tiempo. De un ser que por su bagaje cultural era capaz de empuñar las armas al grado extremo como guerrero y como conductor de batallas. Pero, también, contar con la instrucción y conocimientos que requiere un estadista. Un filósofo o, un sabio. Es así como se inclina por el aprendizaje de idiomas que le permiten una amplia cosmovisión  en el tiempo y espacio. Aprende francés para entrar en las profundidades de las ciencias y los derechos humanos e inglés para ampliar su acceso al conocimiento. Figuran además materias como matemáticas, filosofía, derecho de gentes, arte de la guerra, historia y Bellas Artes, entre otras.

Miranda, era un hombre exquisito que por su cultura e intelecto se relacionaba y llamaba la atención de personajes de la talla de George Washington, Alexander Hamilton, Thomas Paine, William Pitta, O´ Higgins, Sucre, Catalina de Rusia, Dantón, San Martín ; se le compara a  Tomás Jeffreson, el gran humanista los Estados Unidos. Napoleón, dijo: “A ese hombre le arde en el pecho el fuego sagrado del amor a la libertad”. El Libertador Simón Bolívar, lo llamó “… el más ilustre colombiano…” . Su nombre está grabado en el Arco del Triunfo en París. Su retrato forma parte de la galería de los Personajes en el Palacio de Versalles; su estatua se encuentra frente a la del general Kellerman en el campo de Valmy. 

Sabio proyecto. Partir de las luchas independentistas de  Venezuela, para encender la llama de la libertad y la unión de América. Surge así, en 1790, la creación de un gran proyecto Estado americano libre, que nuclearía a  las colonias españolas: Colombeia.

 Ideó Miranda un territorio integrado desde el Misissippi hasta el cabo de Hornos. Le dio estructura de monarquía y estableció mecanismos de poder para su conducción político-administrativa. Forma de gobierno que combinaba una visión ancha del mundo con integración regional. Observadores políticos e historiadores, al ahondar en estudios sobre la figura de este insigne venezolano y su proyecto revolucionario, le atribuyen el don de haber sido para su momento el hombre de armas mejor formado en el campo de las letras y uno de los más lúcidos pensadores políticos del Hemisferio. “Poner la fuerza –como en cierto modo ya había insinuado Pascal- al servicio del derecho y la justicia. Los pueblos que aspiran a la libertad no tienen, a su parecer, ninguna necesidad de militares cegatos ni de civiles ineficaces. Necesitan de filósofos que no luchen más que por la conquista o la defensa de las libertades…”.

 Sus biógrafos dan cuenta que nuestro personaje inicia sus estudios a los doce años de edad en la Universidad de Caracas. Cursa “Clases de Menores” que comprendía dos años de latín, Gramática y Catecismo. Entre 1764 y 1766 estudia “Clases de Mayores”: latín a través de lecturas de clásicos de Virgilio y Cicerón; además de nociones de historia, religión, aritmética y geografía. Luego estudia Artes, complementando esa información con nociones de lógica, física y metafísica. Obtiene el título de Bachiller en 1767.

Decide Miranda antes de cumplir los veintiún años de edad, en 1771, partir para España con el objeto de servir en el Ejército Real. Desde allí inicia un periplo apasionante que le dan a su vida un accionar revolucionario por tres continentes ( Africa, Europa y América). Un sentido de trascendencia que raya  en lo legendario y novelesco marca sus andanzas. Viajes, pasiones políticas, hazañas propias de la guerra, persecuciones, honores,  temores precedidos de testamentos, interminables antesalas, palacios reales, burocracias a veces solidarias, a veces indiferentes, lecturas interminables, ilusiones, sueños y pesadillas productos de incertidumbres, cárceles y  aventuras amorosas. En ese interminable deambular tras la brújula de la historia, Miranda conoce capitales, frecuenta pensadores, artistas y reyes. Conversa sobre derechos humanos con Thomas Paine, de filosofía con el Abate Raynal, toca la flauta con Joseph Haydn, o disfruta hablando de literatura con Gustavo II de Suecia. Su presencia es disputada en los salones de las cortes. Habla de la América Exótica. Crea emociones al referirse con especial atracción a las guerras libertarias. Sus audaces ideas asombran a los políticos más importantes. Doblega el alma de banqueros y ministros de finanzas.

Todo ese mundo lleno de   mágicas vivencias, con extraordinario sentido de la historia nos lo lega Francisco de Miranda, en 14 mil 740  páginas, publicadas en su mayoría bajo el título de Colombeia.

Este hombre participa en tres de los acontecimientos más importantes de la Historia Universal contemporánea: La Revolución Francesa, la Independencia de los Estados Unidos de América, y la revolución de Independencia de Hispanoamérica.

Su carrera militar comienza en 1772 como Capitán del regimiento de Infantería de la Princesa, nombrado por el Rey Carlos III de España. En esa actividad incesante de la milicia pasa el siguiente año a las tropas españolas en el Norte de Africa. Allí le toca participar en la defensa de Melilla (1774-1775) contra las fuerzas del Sultán de Marruecos y en la expedición contra Argel (1775). Es nombrado capitán del Regimiento de Aragón y Edecán del General Juan Manuel Cajigal, a quien luego acompaña en 1781 con las tropas españolas,  que refuerzan el sitio puesto a la plaza de Pensacola, que estaba ocupada por los ingleses en la Florida Occidental de los Estados Unidos.

Colombeia. El proyecto integrador. Después de  Pensacola, en plena efervescencia de la Independecia de los Estados Unidos, Miranda ( con 31 años de edad) recorre lugares importantes de los Estados Unidos para conocer in situ la forma como se propaga la democracia racional. Presenta a George Washington, Alexander Hamilton, Thomas Paine y Gilbert de La Fayette, su primer proyecto de independencia para todo el Continente Hispanoamericano.

Se trata de la concepción de una América unida (desde el Misissipi hasta Cabo de Hornos), algo más del 60 por ciento del territorio de  ese Continente. Un gran Estado multinacional y multiracial en el que convivirían pacífica y fraternalmente pueblos, idiomas, cultura y credos diversos.

A Juicio de su biógrafo ruso, Miguel Grigulievich Lavretzky, Miranda “se destaca como el primer estadista hispanoamericano a escala continental”. Estamos frente a un visionario, un revolucionario que consagra su vida y obra a la libertad del hombre. A la preservación y defensa de los derechos fundamentales del ser humano, dándole proyección universal a las luchas libertarias de su patria. El historiador venezolano José Luis Salcedo Bastardo,  indica que “hasta antes de Miranda no se encuentra un concepto claro y total  de América”. José Luis Abellán, en la Idea de América: origen y evolución, considera a Miranda uno de “los más puros ejemplares de la cultura americana” junto a José Martí y Sor Juana Inés de la Cruz. Para otros historiadores y analistas políticos este trashumante guerrero: conjugó perfectamente su universalidad con el más hondo amor a su tierra: América.

El proyecto mirandino (su Colombeia) establece la formación de una Monarquía presidida por un Emperador que llevaría el título de Inca. Propone un gran Estado que estaría constituido por un Poder Ejecutivo formado por dos Incas que nombrarían los cuestores, ediles y censores encargados, respectivamente, de la administración pública, la construcción de caminos, la instrucción y el censo.

El Poder legislativo estaría integrado por dos Cámaras: la Alta, o de caciques, sería vitalicia y designada por el Ejecutivo; y la Baja o de los Comunes sería elegida por los ciudadanos cada cinco (5) años. Una Alta Corte Nacional sería nombrada por el Ejecutivo; los demás jueces, en los Comicios Provinciales. Funcionarían los juicios por jurados conforme a lo estatuido en Inglaterra y los Estados Unidos de América.

La Religión Católica será considerada como religión nacional y la jerarquía del clero la determinará un Concilio Provincial.

El proyecto de Miranda posee influencias de la Constitución de Inglaterra. Además se  inspira en instituciones de la antigua Roma. La utilización de términos indígenas acentúa sus propósitos hispanoamericanista.

El 22 de diciembre de 1797, firma con Pablo de Olavide, la llamada Acta de París. Allí se establecen acciones contundentes para propiciar la independencia de Hispanoamérica y se gestiona el respaldo británico y norteamericano.

Miranda, al referirse a los 300 años de coloniaje lanzó esta contundente declaratoria sobre los principios fundamentales de una sociedad: “ La conservación de los derechos naturales, y, sobre todo, de la libertad de las personas y seguido de los bienes, es incuestionablemente la piedra fundamental de toda sociedad humana, bajo cualquier forma política en que esta sea organizada”.

El Acta de París refleja todo un conjunto de ideas  filosóficas maceradas a través del tiempo. Miranda fue poco a poco acumulando  luces de pensadores e ideólogos en su largo peregrinar por el mundo. Intercambiando  sueños y esperanza con compatriotas en furtivos encuentros e interminables charlas. Ahora, producto de sus profundas  reflexiones e inspiraciones, las presenta como instrumento para materializar la unidad de los pueblos hispanoamericanos. 

El texto señala en su primer artículo:

            “Las colonias hispanoamericanas, habiendo resuelto en su mayor parte proclamar su Independencia y asentar su libertad sobre bases inquebrantables, se dirigirán con confianza a la Gran Bretaña, invitándola a apoyarlas en una empresa tan justa como honorables. En efecto, si en estado de paz y sin ninguna provocación Francia y España han favorecido y proclamado la Independencia de las angloamericanas, cuya opresión seguramente no era tan vergonzosa como las de las colonias españolas, Inglaterra no vacilará en colaborar en la Independencia de las colonias de  América Meridional, en momentos en que se encuentra empeñada violentamente en una guerra contra España y contra Francia. Y esta última mientras alardea de reconocer la soberanía y la libertad de los pueblos, no se avergüenza de consagrar, por los Artículos II y XV del Tratado de Alianza ofensiva y defensiva con España, la esclavitud más absoluta de casi 14 millones de  habitantes y de su posteridad; y esto con un espíritu de exclusión tanto más odioso, cuanto que afecta proclamar para todos los demás pueblos de la tierra, el derecho incontestable de darse la forma de gobierno que les parezca.”

 

    El Acta de París consta de 18 Artículos. En ellos se establecen los pasos que deben darse para lograr su consolidación. Un proyecto fundamental.   La Obra cumbre. El gran sueño que no se llegó a cumplir. Estaba firmada además de Miranda y “de Olavide”, por el peruano José del Pozo y Sucre y por el chileno Manuel José de Salas. 

 

 El texto plantea un abordaje global del problema y presenta alternativas de solución, a las dificultades coyunturales. Señala en consecuencia, que se plantea:

 

“Un tratado de alianza semejante al que Su Majestad Cristianísima ofreció a los Estados Unidos de América, debe servir de modelo para cimentar esta importante transacción, con la diferencia, sin embargo, de que se estipularán, en favor de Inglaterra, Condiciones más ventajosas, más justas y más honorables. Por una parte la Gran Bretaña se comprometería a suministrar a la América Meridional una fuerza marítima y una fuerza terrestre con el objeto de favorecer el establecimiento de su Independencia sin exponerla a fuertes   Convulsiones políticas. Por la otra, la América se comprometería  a pagar a su aliada Inglaterra una suma considerable en metálico, no solamente para indemnizarla de los gastos que hubiere hecho por los auxilios prestados hasta la terminación de la guerra, sino también para que pueda liquidar una parte considerable de su deuda nacional y para saldar, de alguna manera, el Beneficio recibido por el Establecimiento de su Libertad, la América Meridional le entregaría, en ese momento, la suma de treinta millones de Libras Esterlinas”.

En cuanto a los requerimientos para combate, se precisaba, que : Las fuerzas marítimas que se pedían –en ese entonces-  (a Inglaterra)   no eran superiores a veinte navíos de línea. Y en cuanto a la fuerza de tierra, ésta constaría de unos ocho mil hombres de Infantería y dos mil de Caballería. Se enfatizaba en que la alianza defensiva que se establecería subsiguientemente, no se contemplaba apoyo marítimo, pues no habría necesidad de fuerzas de tierra. En esta hipótesis, la América pagaría su contingente por una suma en efectivo que representaría el Equivalente.

Detalla el Tratado:

“Una alianza defensiva formada por Inglaterra, los Estados Unidos de América y la América Meridional, está tan indicada por la naturaleza de las cosas, por la situación geográfica de cada uno de los tres países, por los Productos, la Industria, las Necesidades, las Costumbres y el carácter de esas tres naciones, que es imposible que esta alianza no tenga una larga  Duración, sobre todo si se tiene el cuidado de consolidarla por la analogía en la forma política de los tres gobiernos, es decir por el goce de una libertad civil sabiamente entendida. Se podría aún decir con seguridad que es la única esperanza que le queda a la Libertad, audazmente ultrajada por las Máximas detestables que profesa la República francesa. Es el único medio que pueda todavía establecer un equilibrio de poder, capaz de contener la destructiva y devastadora ambición del sistema francés”.

Este Tratado con una gran visión de futuro se oponía al monopolio, entre las prerrogativas que se le concedían a Gran Bretaña por su apoyo a la revolución integradora  de la Región, en el terreno comercial se definía -de manera precisa- el criterio antimonopólico que manejaba Miranda, y sus conocimientos acerca de una posible relación bilateral en materia de comercio, incluso, se habla de cifras de consumidores de productos europeos.

 

“Se celebrará con Inglaterra un Tratado Comercial concebido en los términos más ventajosos para la Nación británica, descartando, sin embargo, toda idea de Monopolio. Dicho Tratado le garantizará naturalmente, de un modo seguro, el consumo de la mayor parte de sus manufacturas, pues existe una población de cerca de catorce millones de habitantes que se visten de Manufacturas extranjeras y consumen una infinidad de artículos de lujo europeos. El comercio de Inglaterra obtendría además considerables beneficios de los frutos preciosos y de los abundantísimos productos de la América Meridional, distribuyendo esos artículos en las diversas naciones del mundo por medio de sus capitales y sus factorías. Las bases de ese Tratado serán tales que no prohibirán la introducción de ninguna mercancía”.

Poseían los redactores del Tratado un gran sentido histórico de su papel y la trascendencia en el porvenir. Al concebir las estrategias militares que debían realizar con los países  aliados, especificaron: Las Operaciones militares en nuestro Continente así como las conversaciones que se tendrán a este respecto con Inglaterra y los Estados Unidos, referente a la colaboración que esas potencias nos suministrarán en calidad de aliados, para apoyar nuestra Independencia, serán confiadas, mientras dure esta guerra, a la Experiencia, talento y patriotismo de nuestro Compatriota y Colega Don Francisco de Miranda ….Los importantes servicios que ha rendido durante quince años a la causa de la Independencia de nuestra Patria le dan Derechos incontestables.

En cuanto a integración política de las naciones de la América Meridional  (los virreinatos de México, Santa Fe, Lima y Río de la Plata; y las provincias de Caracas, Quito y Chile, entre otras) el Tratado advierte que: será necesario esperar, cuando se haya dado el Impulso de la América Meridional, la reunión  de los diputados de esos diferentes países en Cuerpo y representativo, para poder tomar a ese respecto, las regulaciones definitivas y de conjunto.

El 12 de enero de 1798 llega Miranda a Londres y es recibido como célebre general francés del ejército revolucionario y representante plenipotenciario. Al día siguiente le recibe el Ministro William Pitt, pero Inglaterra ya no estaba en condiciones políticas de apoyar la independencia de las colonias españolas, sino de dilatar, en lo posible, las conversaciones.

Tiempo después Miranda, informó, que había entregado el original del Acta a Mr. Pitt, cuando se entrevistaron.. A Pitt le pareció muy importante el texto y le rogó se lo dejara. El creyó que aquello allanaría todas las dificultades que había enfrentado. Pero sucedió lo contrario: “ni yo tuve más respuesta en el asunto, ni pude recoger más este Papel interesante”, escribió.  

Ilusión pospuesta, búsquedas infructuosas, signan al papel el proyecto de Colombeia.. Las gestiones para obtener ayuda y armar la operación libertaria resultan infructuosas. Pero no se rinde. La perseverancia lo acompaña. Su residencia en Londres, se convierte en lugar de obligatoria visita. Allí se concentra la preocupación por la libertad de América. Los más destacados hombre que conducirán luego la independencia en el Continente, son asiduos huéspedes por horas en fecundas charlas.

Entra en una edad que para el momento pareciera agotada. Sin embargo, la convicción por coronar los ideales está por encima de todo. En 1798, su madurez intelectual le permite trasmitir –ya con 48 años encima-  sus sueños y esperanza a los libertadores de América, en cierne. Funda la Gran Reunión Americana, movimiento para fortalecer las luchas emancipadoras de América. Por su casa “el Punto Fijo para la  independencia y libertades del continente colombiano” como él la había bautizado, pasaron los apóstoles de la Revolución Americana. Los posteriores libertadores que le dieron dignidad a sus pueblos.

En esta especie de “célula” o centro de red conspirativa en la que convergían compatriotas del Continente que buscaban en Europa, nutrirse de  nuevas ideas políticas, sus protagonistas con Miranda a la cabeza, establecieron un juramento que marcaba el rumbo de los cambios que preconizaban  para sus naciones. 

 Nunca reconoceremos por gobierno legítimo de nuestra patria, sino aquel que sea elegido por la libre y espontánea voluntad del pueblo; y siendo el sistema republicano el más adaptable al Gobierno de las Américas, propondremos, por cuantos medios estén a nuestro alcance, a que los pueblos se decidan por él”.

Existía un importante vinculo de la masonería con estos hombres que pasaban por la casa de Miranda en Londres. Él, como masón,  poseía marcada influencia en esa hermandad y, de alguna manera, servía de puente para que la relación se produjera. Por ejemplo Miranda dio a Bernardo O´Higgins su espíritu reformador que luego el Libertador chileno aplicaría en su país. Haciendo las veces  de maestro Miranda decía: “Ningún pueblo sin filosofía y gran instrucción puede preservar su libertad”.

No cabe duda, apuntan los investigadores, que O´Higgins, con las enseñanzas que recibió en Londres, asume en 1810, la idea de independizar a Chile en forma absoluta y darle una Constitución liberal como las que nacían en los países más avanzados del mundo.

De esa escuela de Miranda en Inglaterra, se alimentaron revoluciones como la del 19 de abril de 1810 en  Venezuela;  Buenos Aires, 25 de mayo; Bogotá  el 20 de julio;  y Chile el 18 de septiembre. Demostrándose así que, aún cuando la idea de la Colombeia, continúa presente en el pensamiento contemporáneo latinoamericano. Sí, generó, una empresa integradora que materializó la libertad hispanoamericana.