Durante los últimos días han
venido menudeando distintas expresiones hostiles por parte de
voceros del gobierno norteamericano. Como ya hemos señalado,
para cada expresión agresiva habrá una respuesta.
En América Latina es bien
conocida la historia de agresiones armadas por parte de
distintos gobiernos de los Estados Unidos de Norteamérica.
México, Guatemala, Grenada, República Dominicana, Nicaragua,
Panamá, son dolorosos testimonios de esta incuestionable verdad
histórica.
Generalmente la agresión
armada, directa o indirecta, ha estado precedida de campañas
políticas tendentes a crear las condiciones para el ataque.
Antes del golpe de Estado de abril del 2002, y durante el curso
del mismo golpe, los voceros del gobierno del presidente Bush
abundaron en pronunciamientos como los que repite la señora
Rice, el señor Ereli y el señor Boucher, y a los cuales intenta
hacerle coro, tristemente, el presidente de El Salvador Antonio
Saca.
Las autoridades
norteamericanas llaman a ejercer presión sobre Venezuela para
que rompa sus presuntos nexos con las FARC. Saca, por su lado,
retoma declaraciones atribuidas al ex jefe del Comando Sur. No
se requiere la más mínima malicia política para entender dos
cosas: primero, que el gobierno del presidente Bush, lejos de
asimilar las impresionantes lecciones de democracia que le ha
dado el pueblo venezolano durante nueve eventos electorales, y
la derrota del golpe militar y del golpe petrolero, se empecina
en sus graves errores, en su grosera intervención en asuntos
internos de Venezuela. Segundo, no satisfecho con sus fallidos
intentos dentro de Venezuela, pretende inmiscuirse en problemas
que sólo atañen, en el presente caso, a los gobiernos de
Colombia y Venezuela, con el fraternal concurso de los gobiernos
de la Comunidad latinoamericana, con una sola vergonzosa
excepción ya mencionada.
Venezuela y Colombia son
países hermanos. Tienen suficiente madurez y criterio para
resolver entre ellos sus diferencias, como ya lo hicieron en el
pasado con el grave y famoso incidente de la corbeta Caldas.
Contrasta de manera impresionante la actitud de todos los países
de Sudamérica con la permanente actitud provocadora,
intervencionista, violatoria de los principios más elementales
de las relaciones internacionales, mediante al presión explícita,
ya no solamente sobre Venezuela, sino sobre los países de la
Comunidad latinoamericana.
Como muy bien expreso Allan Wagner, secretario general de la
CAN, "es importante que Estados Unidos observe una no
interferencia en el proceso que estamos viviendo, de tal manera
que, libremente, los gobiernos de Colombia y de Venezuela
encuentren fraternamente los caminos de solución, y con la
colaboración que podamos brindar los países andinos y
latinoamericanos.
Finalmente el Gobierno de
Venezuela reitera ante el gobierno norteamericano su voluntad de
mantener las mejores relaciones sobre la base del respeto mutuo,
de la no injerencia en sus asuntos internos, del cese al
permanente hostigamiento, del financiamiento a grupos muchas
veces vinculando a movimientos violentos en Venezuela y al
intento de provocar y agravar diferencias entre nuestros países,
porque para Venezuela ¡La patria es América!