DEMOCRACIA, CULTURA Y CIVILIZACIONES
Embajador Jorge Valero, Representante Permanente de la República Bolivariana de Venezuela ante la Organización de los Estados Americanos
(Washington DC, 03 de mayo de 2005)
Capítulo I
Las Naciones Unidas y
la Promoción y Consolidación de la Democracia
A los fines de este ensayo sobre Democracia, Cultura y Civilizaciones es necesario hacer referencia a la Asamblea General de las Naciones Unidas, que en su Resolución 55/96 del año 2000, sobre “Promoción y consolidación de la democracia”, reafirma que toda persona tiene derechos y libertades sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición, conforme a la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Dicha resolución hace referencia a la Declaración y Programa de Acción de Viena, adoptada por la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, según la cual la democracia, el desarrollo y el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales son interdependientes y se refuerzan mutuamente.
La Asamblea General se permite recordar que todos los pueblos tienen derecho a la libre determinación. Y es por esto que están facultados para “determinar libremente su condición política y tratar libremente de alcanzar su desarrollo económico, social y cultural”.
De importancia capital el considerando que aparece en esa Resolución, en la cual se insta a reconocer y respetar “la riqueza y diversidad de la comunidad de las democracias del mundo, que resultan de todas las creencias y tradiciones sociales, culturales y religiosas”.
En concordancia con estos principios, la ONU exhorta a los Estados a fortalecer la democracia y los insta a adoptar medidas eficaces encaminadas a “la realización progresiva de los derechos económicos, sociales y culturales”. Singular importancia otorga este organismo mundial a la necesidad de “superar las desigualdades sociales y crear un entorno propicio para el desarrollo y para eliminar la pobreza”.
La Resolución de la ONU confiere importancia singular a la participación popular como vía para fortalecer la democracia. Sostiene que para el cumplimiento de los objetivos contenidos en la Resolución, que venimos comentando, es necesario “garantizar el derecho de todos a participar en el gobierno del propio país, directamente, o por representantes libremente elegidos”.
En concordancia con estos principios, la ONU declara que la democracia se basa en “la voluntad libremente expresada de los pueblos de determinar sus propios sistemas políticos, económicos, sociales y culturales y en su participación plena en todos los aspectos de su vida”.
Destaca, igualmente, la necesidad de respetar la diversidad de las democracias y reconocer la diversidad política y cultural que conforma el paisaje mundial. Por eso afirma categóricamente que, “si bien todas las democracias tienen características comunes, no hay modelo universal de democracia”.
No hay modelo único de Democracia
No existe, por lo tanto, un concepto univoco y universal de la democracia. La mayoría de las definiciones enfatizan sus cualidades, procedimientos e instituciones. Existen varios tipos de democracia, cuyas distintas prácticas producen efectos distintos.
La democracia presenta una variedad de formas, que aparecen, germinan y se desarrollan en diferentes realidades históricas. No hay un modelo único de democracia. No hay tampoco un modelo de democracia que sea superior a otro.
Hay, desde luego, valores comunes que caracterizan este sistema político. El respeto a la dignidad del ser humano. El fomento de la libertad, la igualdad, la justicia social y la solidaridad. El respeto a los derechos humanos, reconocidos por los pactos internacionales, son los más preeminentes, en las actuales condiciones históricas.
La democracia se instaura y desarrolla a través de métodos y prácticas democráticas. El uso de la fuerza, la violencia y el terror para imponerla, niega su esencia y -de la manera más brutal- contraría sus valores y principios.
Ningún país puede erigirse en paradigma de la democracia. No debe pretender que su modelo político sea asumido por países que tienen historias, culturas y tradiciones diferentes. No hay países con democracias superiores que deban –por mandato divino o por la preeminencia que ejercen en los asuntos mundiales- imponerse sobre otros que ostentan supuestas democracias inferiores.
En ese sentido, es deleznable la apología que hace Francis Fukuyama, en su obra El Fin de la Historia, sobre la supuesta superioridad de la cultura occidental y de la democracia Occidental. Tesis que debe ser cuestionada, con mucha fuerza, en aras de fomentar el respeto a la diversidad cultural, a la dignidad y valores intrínsecos que cada una de ellas ostenta, en la búsqueda del necesario diálogo entre civilizaciones.
El Destino Manifiesto: un deleznable fundamentalismo
En el lenguaje de la prensa internacional una palabra ha adquirido carta de ciudadanía: el fundamentalismo. En los medios de Occidente se habla de terrorismo islámico pero nadie habla de terrorismo cristiano. De la misma manera, se habla del fundamentalismo islámico, pero se obvia el fundamentalismo político que abrazan los líderes que hoy conducen la política de los Estados Unidos.
Es preocupante que el actual gobierno de Estados Unidos, en el cual sectores neoconservadores ejercen gran influencia, se proponga “expandir su democracia al mundo”; reivindicando, de esa manera, las tradiciones más oscurantistas del Destino Manifiesto.
Debe recordarse que esta doctrina alimentó ideológicamente las más perversas formas de colonialismo, esclavitud y racismo en la historia de ese país. La visión de estos neoconservadores es mucho más agresiva, que sus predecesores, respecto a la intervención militar y no militar fuera de las fronteras de su país.
Es inaceptable que se pretenda imponer, por la fuerza, los valores de la democracia representativa en todos los confines del mundo. Y que se nieguen otros conceptos de democracia adaptados a las realidades particulares de cada región y cultura.
Debe llamarse la atención en torno a la renovada vigencia que los neoconservadores están otorgando a la doctrina del Destino Manifiesto.
Sus cultores abrigan la convicción de que Dios eligió a Estados Unidos para ser una potencia política, económica y militar. Una nación con superioridad moral. Justifican, por lo tanto, la expansión imperialista. Deplorables las consecuencias de esta doctrina: la intolerancia hacia las formas de organización social y política de otros pueblos; la violación de la soberanía de otras naciones; el despojo y el exterminio de pueblos, allende los mares.
El Unilateralismo del Gobierno de Estados Unidos
Es alarmante que el Congreso de los Estados Unidos esté considerando, actualmente, la aprobación de una ley denominada “Ley de la Democracia de avance”, mediante la cual se conferiría al Gobierno de ese país la facultad de evaluar, con base en sus propios criterios y/o percepciones, el “grado de democracia” existente en los demás países.
El Proyecto de Ley, que fue introducido el 3 de marzo de 2005 al Congreso por los Representantes Frank Wolf y Tom Lantos, y los Senadores McCain y Lieberman, pauta mecanismos para “medir la democracia” en otras naciones soberanas. Establece sanciones contra países que -a juicio del Departamento de Estado- no cumplan con “ciertos parámetros democráticos”. De hecho y de derecho, el Congreso estadounidense aprobaría una abierta política intervensionista contra países considerados “no democráticos” o “parcialmente democráticos”.
Los contenidos de esta ley son altamente preocupantes. Se establece una nueva doctrina de política exterior denominada “Diplomacia Transformadora”, dirigida a lograr un “cambio de régimen” en otros países. Así, se legitimarían los esfuerzos unilaterales de Estados Unidos para intervenir en otros países, con el pretexto de “implantar la democracia”. De ser aprobada esa ley, se establecerían las bases para que el gobierno norteamericano pueda vulnerar –cuando le venga en gana- la soberanía de las naciones.
Democracia y Diversidad Cultural
Históricamente, está más que demostrado que las costumbres y prácticas democráticas germinan –o pueden germinar- en diferentes sociedades, culturas y civilizaciones. Ninguna religión monoteísta, de las actualmente existentes, es incompatible per se con la democracia. De suyo, la democracia puede ser compatible con las diversas variantes del cristianismo, así como también con las diversas variantes del Islam.
Los valores democráticos pueden florecer o languidecer tanto en sociedades en las cuales prevalecen raíces religiosas judeo-cristianas, como también en el mundo árabo-islámico. Depende de las circunstancias históricas.
Occidente no es, per se, la encarnación de la democracia; como el Oriente no es tampoco la negación de ella. En Occidente han surgido fenómenos, como el fascismo, que niegan en forma absoluta la democracia. En el Oriente, han surgido y echado raíces valores fundamentales, como la tolerancia y lo que hoy se conoce en Occidente como “pluralismo”.
El Islam y la Democracia
El Islam es una religión de paz, como lo indica su raíz etimológica. El Corán -Libro Sagrado- promueve la fraternidad entre los miembros de la comunidad de creyentes y la cooperación pacífica hacia los no miembros de esta comunidad, mediante una visión humanista. Partiendo de la Unicidad de Dios y de la verdad del género humano, se revela como una religión ecuménica, con un sistema político de proyección universal, en un mundo pluralista regido por la justicia y la solidaridad.
Ibn Rochd o Averroes (1126-1198), el gran filósofo, médico y astrónomo árabe de la España Musulmana, Al Andalus, consideraba que:
“Gobernar no es otra cosa que conducir a los hombres para que se produzca el auténtico milagro de que realicen libremente lo que necesariamente deben hacer dentro del orden universal. El único signo externo de la legitimidad del gobernante es la sabiduría, a la que deben estar subordinados los bienes instrumentales, como gloria, riqueza, éxito y fuerza”.
Ibn Rochd, quien introdujo el pensamiento aristotélico en la Europa Medieval, representa la más acabada expresión filosófica del Islam Andalusí. Este gran sabio consideraba a la sociedad “como un organismo propio de la coexistencia humana, que se comporta como el mejor instrumento para la perfección individual en el orden universal, cuyo ámbito de acción comprende la justicia y la prudencia, con plena conciencia y responsabilidad”. (Miguel Cruz Fernández,”Historia del Pensamiento en el Mundo Islámico. Desde el Islam Andalusí hasta el Socialismo Arabe”. Alianza Editorial, Madrid, 1981).
En la Palabra Revelada por Dios al Profeta Muhammad: “Y consulta con la comunidad todos los asuntos de interés público” (Ach Chura, Corán 42, 38), encontramos un principio islámico esencialmente democrático. Muhammad Assad, en el ‘Mensaje del Corán’, expresa que:
“Este precepto, que implica el gobierno mediante el consenso y la consulta, debe considerarse como una de las cláusulas fundamentales de la legislación islámica relativa al régimen de gobierno
(...) Esta norma es vinculante para todos los musulmanes y en todos los tiempos. El Jefe de la Comunidad está obligado a someter los asuntos a la comunidad y según la práctica del Profeta, está obligado a acatar sus decisiones
(...) El sistema de gobierno que más se acerca a los principios del Islam es el de la Democracia Participativa, pues la Chura (Deliberación o Consulta Mutua), constituye un órgano de participación de todos los miembros de la comunidad en las decisiones colectivas,” (Revista Islam y Democracia ante el Siglo XXI, N° 269, junio, 2004, Buenos Aires
Las falsas dicotomías
Es falso que Occidente sea equivalente a democracia y libertad y que Oriente sea sinónimo de dictadura y opresión. Es falso también, que Occidente sea equivalente a tolerancia y que Oriente sea sinónimo de terrorismo. La historia es demasiado concluyente para defender semejante reduccionismo que subestima la dinámica interna y la pluralidad de cada civilización, y niega los aportes y fecundas interacciones existentes entre ellas.
El politólogo florentino Giovanni Sartori sostiene erróneamente en su libro “La Sociedad Multiétnica” (Madrid: Taurus, 2001), que “el Islam es incompatible con la sociedad pluralista y abierta de Occidente”. Afirma que “Los principios de las dos culturas son antagónicos”. A pesar de que aparenta defender la sociedad pluralista, basada en la tolerancia, el consenso y la integración dentro de la diversidad, Sartori se opone al multiculturalismo.
Este autor llega al extremo racista de proponer que no se otorguen derechos ciudadanos, en los países europeos, a los inmigrantes que se rehúsan a renunciar a sus creencias islámicas. De acuerdo con sus palabras “si entras en un país que no es el tuyo y te beneficias de ello (...) debes atenerte a los valores básicos de la sociedad que te acoge. Si no lo aceptas, no es que yo te vaya a echar, pero no te hago ciudadano con los mismos derechos de un país cuyas reglas no aceptas”.
Los perjuicios contra religiones y culturas distintas ha dado lugar, en la historia, a terribles y sangrientos desencuentros.
Humberto Eco (Primicia, Caracas, 23 de octubre, 2001), ha advertido que las guerras religiosas que han desangrado al mundo han nacido de contraposiciones pasionales:
“Por esa vía se niega al otro. No se comprende a quienes tienen identidades distintas. He aquí uno de los grandes pecados de Occidente que, en su expansión económica colonial, arrasó con otras civilizaciones".
Fundamentalismo norteamericano
Estamos constatando como los fundamentalistas de Estados Unidos, no escatiman, incluso, el uso de la violencia y de la guerra, para imponer la “democracia Occidental” en el mundo.
Quienes creemos en la tolerancia, en la paz y en la convivencia humana, debemos rechazar la pretensión según la cual un país, ungido por “Dios”, se eleva por encima de los demás pueblos. Falsa antinomia es la que se plantea, desde altas esferas de poder en Estados Unidos, según la cual ese país representa las fuerzas del “bien” que deben imponerse sobre las fuerzas del “mal” en el mundo.
Antonio Elorza (El País, La Grandeza de América, 7 de noviembre de 2004), sostiene que esa cuestionable creencia es una “excelente cobertura para ir a una guerra por el petróleo, aunque la coartada inmediata consista en la exportación de la democracia”.
Y agrega: “La historia del siglo XX prueba que el apoyo norteamericano a la democracia se ha encontrado siempre subordinado a las exigencias de su política exterior como gran potencia, y la forma en que se realizó la invasión es una muestra inmejorable del papel secundario otorgado a la defensa del pueblo iraquí (...) La democracia implantada a cañonazos en Irak es un ejemplo de semejante táctica”.
El esplendor del Islam y el Diálogo de Civilizaciones
El Presidente de la República Islámica de Irán, S.E. Seyed Muhammad Jatami, ha sostenido que “Ninguna Nación tiene el derecho de confiscar las contribuciones de otros a su propia civilización, o negar el aporte de cualquier civilización en la historia de la cultura humana”.
Muchos son los aportes que las sociedades fundadas en el Islam han dado para que prevalezcan la convivencia y la tolerancia que son, sin duda, valores democráticos fundamentales, así como también para contribuir al conocimiento intelectual y científico.
Basta recordar la grandeza y esplendor del Imperio Arabo-Islámico entre los siglos VIII y XV. Siglos de gloria en el desarrollo de las ciencias, las artes y las letras. Siglos de gloria en cuanto al respeto a las tradiciones de los pueblos que iban siendo incorporados al vasto Imperio.
Digno de consideración el rico legado de los Omeyas, de los Abasíes y del Califato de Córdoba. De la muy reconocida Casa de la Sabiduría de Bagdad, centro de cultura y de encuentro de filósofos, artistas, poetas, científicos, astrónomos, matemáticos, geógrafos, médicos, que provenían de diferentes partes del mundo conocido para la época.
En los centros intelectuales de Bagdad, Toledo y Palermo, se traducían textos antiguos de los clásicos. Se estudiaba y profundizaba en el conocimiento de la filosofía griega, india y persa, para dar paso a una nueva civilización, en la cual el árabe era lingua franca y sinónimo de refinamiento y sabiduría, desde el África Occidental hasta el Oriente de Asia.
Musulmanes, judíos y cristianos escribieron una de las páginas más bellas de la historia de la Humanidad. Singulares aportes que nutrieron el Renacimiento Europeo: he allí el prodigio de Al Andalus.
Prejuicios de Occidente contra el Islam
Algunos medios internacionales y líderes de Occidente, especialmente de Estados Unidos, han aprovechado los hechos terroristas del 11 de septiembre de 2001, para estigmatizar al Islam y a los pueblos árabo-islámicos.
A lo largo de la historia, por lo menos a partir de la expulsión de los árabes de la Península Ibérica, la civilización árabo-islámica ha sido descalificada en los centros intelectuales y políticos de Occidente, como lo analiza el escritor Edward Said, en su libro "Orientalismo" (Libertarias, Madrid, Noviembre, 1990. Publicación Inglesa en 1979).
Said se ha encargado de evidenciar esos prejuicios, que hacen difícil comprender la significación de las culturas orientales. El Orientalismo, ha dicho el gran humanista palestino, ha sido un discurso muy bien elaborado en los centros de poder imperial, para manipular, controlar al Oriente desde el punto de vista político, sociológico, militar, ideológico, científico, y hasta imaginario, desde el periodo posterior a la Ilustración. A través de ese discurso se ha hecho una representación errada del Oriente, al que se considera una forma inferior y rechazable de cultura.
¿Choque o Alianza de Civilizaciones?
Samuel Huntington pronosticó, erróneamente, que un choque de civilizaciones resultaría inevitable, tras la desaparición de la guerra fría.
Said en su artículo "El Choque de Ignorancias" (El País, Madrid, 16 de Octubre, 2OO1), rechazó, sin embargo, la vaga noción de "identidades civilizatorias" propuesta por Huntington, que supuestamente conduciría al conflicto entre dos de ellas: "el Islam y Occidente". Said – con fundada razón- cuestiona esas identidades mineralizadas.
En momentos en que la intolerancia política y cultural genera terribles desencuentros, es necesario promover un diálogo constructivo entre civilizaciones. Entre sistemas políticos distintos. Y entre países que tienen diversas y multifacéticas manifestaciones de organización política y social.
En ese sentido, debe saludarse la propuesta que ha formulado en la ONU, el Presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, de promover una Alianza de Civilizaciones.
La promoción y fortalecimiento de las especificidades culturales, representan, por lo tanto, espacios de libertad que deben ser defendidos por quienes creemos en la riqueza de la diversidad y pluralidad cultural.
Lo que está planteado es –ya lo hemos dicho- el diálogo de civilizaciones. El encuentro de ellas, con base en el humanismo, para enfrentar la violencia internacional en todas sus formas.
El Presidente Jatami ha sostenido: “Para marchar hacia el futuro debemos entender el mundo y debemos beneficiarnos de todos los logros positivos del pensamiento humano y de la civilización, dondequiera que ellos puedan estar.
(...) En un diálogo, ninguna idea puede ser impuesta a la otra parte. En un diálogo, uno debe respetar la identidad independiente de la otra parte y su independencia e integridad ideológica y cultural. Sólo de esa manera, el diálogo puede ser un paso preliminar que conduzca a la paz, seguridad y justicia”.
Según el gran intelectual marroquí, Mahdi El Mandjra: “El diálogo debe ser percibido como una característica fundamental, espiritual y cultural del Islam.
(...) Debe tomar en cuenta el respeto de los valores culturales de los distintos pueblos, a fin de garantizar la protección de la diversidad cultural. El Islam está reconocido como una fuerza cultural muy poderosa que ha podido resistir a todas aquellas influencias exteriores, contrarias a sus valores intrínsecos. Y, asimismo, ha sido capaz de adaptarse y de evolucionar a lo largo de la historia.” (La décolonisation culturelle. Défi majeur du 21ème siècle, Editions Najah El Jadida, Casablanca, 2001).
La iniciativa “El Gran Medio Oriente” de Estados Unidos
Un claro ejemplo de las pretensiones de Estados Unidos por imponer un modelo único de democracia en el mundo, lo constituye su conocida iniciativa “El Gran Medio Oriente”.
Como parte de esta iniciativa, de impulsar la “democratización” de la región, Estados Unidos viene celebrando en los últimos 5 años Foros para vender la idea de la democracia y el libre comercio en los países árabes. En el último de estos encuentros, el V Foro sobre “Democracia y Libre Comercio”, celebrado en Qatar el 29 y 30 de marzo de 2005, tuve la oportunidad de estar presente.
A estas reuniones suelen ser invitados representantes de gobiernos, políticos, empresarios, diplomáticos, académicos e intelectuales –por lo general de Estados Unidos, Europa y países árabes- con la finalidad de generar un debate en torno a la necesidad de superar “obstáculos” para agilizar los procesos democráticos en los países del Medio Oriente y estimular la adopción de leyes de libre comercio que permitan el establecimiento de una “globalización más equitativa” en el mundo.
Qatar pretende imponerse como modelo para la región. Su ejemplo quiere ser utilizado para demostrarle a sus vecinos, que es posible realizar cambios políticos, sociales y económicos, y preservar -al mismo tiempo- la herencia cultural de sus pueblos.
En otras palabras, el Estado de Qatar se ha convertido en la región del Medio Oriente en una especie de “visagra”, para establecer democracias al estilo “Occidental”. Esto es, para llevar adelante la iniciativa estadounidense de “El Gran Medio Oriente”. Esta iniciativa promueve la adopción de reformas políticas y económicas, que favorezcan el libre comercio, que garanticen una “prensa libre”, que promueva los “derechos humanos”, que facilite la celebración de elecciones, que garantice la división e independencia de los poderes del Estado, etc...
Lo grave del asunto es que están convencidos de promover estas reformas “con los gobiernos y sin ellos”, para lo cual ya ha comenzado a movilizarse el apoyo de organizaciones de la sociedad civil y empresas privadas.
Declaraciones de congresistas norteamericanos, como Darle Issa, parecen además ir en contra del diálogo entre Oriente y Occidente. Según éste, la iniciativa de “El Gran Medio Oriente” persigue el “renacimiento del Mundo Árabe”, y “dejar atrás la Edad Media”.
La propuesta formulada por Estados Unidos sobre “El Gran Medio Oriente” es, sin embargo, ampliamente cuestionada en el mundo árabe. Se le percibe como una manera de debilitar las tradiciones árabes-musulmanas y de apuntalar los intereses de Israel.
Si bien los debates generados en el Foro, en torno al tema de la democracia, se vieron dominados por la tendencia Occidental de congresistas, académicos y organizaciones estadounidenses como The Heritage Foundation, Freedom House, el Instituto Internacional Republicano (IRI) y el Instituto Nacional Democrático (NDI) –estos dos últimos parte del NED- también se registró el escepticismo de algunos representantes de países árabo-islámicos sobre la posibilidad de imponer, desde afuera, reformas internas que no responden a las necesidades de dichos países. Muchos coincidieron en que el proceso de democratización en la región debía ser gradual y debía, asimismo, seguir una agenda fijada por ellos mismos.
Otros plantearon su preocupación por tener que seguir una iniciativa promovida por un país (EEUU) que no tiene nada que ver con el mundo árabe, mucho menos después de lo acaecido el 11 de septiembre de 2001. También cuestionaron si los países de la región estarán dispuestos a aceptar los “parámetros de democracia” que EEUU trata de imponer con esta iniciativa. Un Senador argelino resaltó la desconfianza que existe entre Occidente y Oriente y la imposibilidad de implantar la “Democracia Occidental” en sus países. Existe la creencia de que esta Iniciativa lo que trata de imponer es una “mentira”.
Se criticó también, que Estados Unidos intenta imponer la democracia en la región a la vez que evita hablar de su guerra en Irak; propicia con sus políticas la matanza del pueblo palestino; suministra billones de dólares a Israel y se hace la vista gorda frente a la negativa de éste a cumplir con sus compromisos. En líneas generales, se puede apreciar un rechazo hacia las pretensiones estadounidenses de imponer la democracia “en nombre de la libertad”. Algunos representantes árabes señalaron no querer pasar del “despotismo” al “imperialismo”.
La mayoría de países arabo-islámicos consideran que Estados Unidos quebrantó la legalidad internacional en su lucha contra Irak y Afganistán, lo que le resta credibilidad como país democrático y abanderado de la justicia y la paz.
Una reciente encuesta realizada por Al Yazeera indicó que un 82% de los árabes no quiere la democracia Occidental. Y la rechazan porque perciben que ella atenta contra las tradiciones y religión islámica. La democracia no se impone. La democracia tiene sus ritmos y formas de expresarse, dependiendo de las realidades de cada país. La democracia tiene que venir del interior de cada país.
Las reformas democráticas son necesarias y deben surgir al interior de cada país. No pueden ser impuestas.
La democracia es tolerancia, por consecuencia, los valores árabes deben ser respetados. No hay democracia política si no hay democracia social, económica y cultural. La evolución hacia la democracia deber ser gradual.
La construcción de un nuevo mundo donde la democracia sea posible, debe propagarse pacíficamente, con base a ideales de solidaridad, igualdad y respeto a la soberanía de las naciones.
Errónea la pretensión de imitar los procesos democráticos que ocurren fuera de las fronteras nacionales. Cada país tiene su propio ritmo; su propia agenda para la construcción democrática
El mundo árabe se ha comprometido con la reforma y la democracia. Busca alternativas para integrarse creativamente en la dinámica democratizadora del mundo. El cambio hacia la modernización y la democracia tiene que surgir de las necesidades de cada Estado. Tiene que nacer desde adentro. En ese sentido, hay que tener en cuenta la diversidad cultural y el respeto a la naturaleza.
En suma, el Foro sirvió como termómetro para tantear las posiciones adversas y/o escépticas de los países árabo-islámicos hacia la implementación de la Iniciativa de “El Gran Medio Oriente”. El sondeo logró demostrar que existen serias reservas respecto a ésta en la región. Predomina, más bien, el deseo de optar por “su propia forma de democracia”, a su derecho a ser distintos.
Capítulo II
Falencias de la Democracia en América Latina
Un estudio reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) indica que América Latina exhibe una paradoja. Cuenta con Gobiernos democráticos, electos mediante el voto, a la vez que sus sociedades exhiben profundas desigualdades sociales. Los niveles de pobreza son alarmantes; el crecimiento económico ha sido insuficiente y ha aumentado la insatisfacción ciudadana con esas democracias.
En nuestra región coexisten, de manera dramática, la democracia con una extendida pobreza. Casi el 44% de la población latinoamericana, unos 225 millones de personas, vive en situación de pobreza. El descontento de la población con esas democracias es creciente. La pobreza, la desigualdad y la discriminación étnica generan recurrentes crisis de gobernabilidad.
La región latinoamericana es la más desigual e inequitativa del mundo. De acuerdo con el PNUD, más de la mitad de los latinoamericanos (54,7%) apoyaría un régimen autoritario si éste resolvieran sus necesidades económicas y sociales básicas. Las que se refieren a la sobrevivencia. Para un 56,3% de los encuestados el desarrollo económico y social es más importante que la democracia.
El estudio, por otra parte, reconoce que los gobiernos llamados democráticos no han cumplido las aspiraciones políticas, sociales y económicas de los ciudadanos. El 64,6% opina que los gobernantes no cumplen sus promesas, y mienten para ganar las elecciones.
El 79,7% de los encuestados consideró que son los grupos económicos empresariales y financieros son los que ejercen el poder en sus países. El 65,2% atribuyó también poder a los medios de comunicación. Democracia de elites es la que tenemos en las Américas.
El neoliberalismo niega la democracia
La mayoría de los líderes políticos latinoamericanos profesan la ideología surgida, desde hace más de una década, con el Consenso de Washington, auspiciado por el FMI y el BM. Pero esta ideología ha fracasado. Los resultados están a la vista: más hambre y miseria; profundización de la brecha entre riqueza y pobreza al interior de los países y entre ellos.
El neoliberalismo, la doctrina del Consenso de Washington, fomenta democracias con inequidad y exclusión social. En otras palabras, democracias de fachada. Democracias con injusticia, desigualdad y discriminación. Lo cual significa “democracias” que, en esencia, niegan los valores fundamentales de un orden democrático. Tecnocracia deshumanizada la que impone las pautas del futuro de nuestros pueblos. Por eso existe una crisis de representatividad. El neoliberalismo niega la democracia.
A la luz de estos datos, es necesario replantear el concepto de Democracia en nuestro Continente. El Gobierno venezolano considera que es necesario avanzar hacia una Democracia Participativa. Hacia una democracia con justicia social en la cual los ciudadanos ejerzan un protagonismo cotidiano en la construcción de su propio destino.
Venezuela y la democracia en la OEA
Las nuevas realidades históricas en nuestro Continente, demandan una renovación de la agenda de la OEA, aún impregnada de remanentes de la Guerra Fría.
La OEA debe registrar los cambios políticos, económicos y sociales que hoy recorren nuestro continente. Revoluciones democráticas. Modelos democráticos diversos han adquirido carta de ciudadanía. La democracia participativa es uno de ellos. Enriquece el paisaje democrático del Continente. Ya lo hemos dicho: no hay un modelo único de democracia. Cada país, desde su propia tradición histórica y conformación política y sociológica, debe dar su aporte para la configuración de un continente democrático.
Hoy asistimos al quiebre histórico del neoliberalismo. Al fracaso de las democracias que desatienden la dimensión social. Por eso hemos hablado, desde Venezuela, del carácter multidimensional de la democracia, donde se articulen -en plan de igualdad- los derechos políticos, económicos, sociales y culturales. Es imprescindible, por lo tanto, encarar la lucha contra la pobreza para alcanzar la equidad y la inclusión social. Para superar las terribles desigualdades e injusticias, que caracterizan el capitalismo salvaje. Requerimos de verdaderas democracias en nuestro Continente.
La gobernabilidad democrática es amenazada -diariamente- por las falencias que se observan en el funcionamiento de instituciones políticas al servicio de minorías y por los enormes déficit de justicia social.
Hacia una renovación de la Agenda de la OEA
El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela participa activamente en la renovación de la Agenda de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Confiere singular importancia a la promoción de la Agenda Social Hemisférica, al fomento de la cooperación y a la lucha contra la pobreza.
Deplorable que se pretenda desconocer la diversidad democrática que hoy existe en las Américas. Deplorable igualmente que se pretenda imponer un determinado modelo político, desconociendo que la construcción democrática tiene especificidades en cada país.
En el Articulo 1, de la Carta de la OEA, se establecen sabias providencias para salvaguardar la soberanía de las naciones que integran el Sistema Interamericano. Según este, la Organización no tiene más facultades que aquellas que expresamente le confiere la presente Carta, ninguna de cuyas disposiciones la autoriza a intervenir en asuntos de la jurisdicción interna de los Estados miembros”.
Y en su Artículo 3, reafirma el derecho que tienen los Estados de elegir “ sin injerencias externas, su sistema político, económico y social, y a organizarse en la forma que más le convenga, y tiene el deber de no intervenir en los asuntos de otro Estado”.
La democracia participativa venezolana enriquece el paisaje democrático
Una gran pregunta surge al tenor de estas reflexiones: ¿Es el Sistema Interamericano suficientemente permeable para asimilar los cambios políticos que, en democracia, se están produciendo en nuestro Continente?
La democracia venezolana que con aliento de pueblo se construye en esta hora de la historia, enriquece y refresca el paisaje democrático del Continente Americano.
Amplios sectores de la población en nuestro continente no se sienten identificados con la democracia, tal y como ella funciona en sus respectivos países.
La encuestadora chilena de opinión, Latín-barómetro, ha constatado que un alto porcentaje de la población latinoamericana preferiría gobiernos autoritarios, con tal de que resuelvan demandas básicas como trabajo, alimentación, vivienda, educación y salud, entre otras.
Sostenemos, de manera categórica, que la alternativa ante las democracias tradicionales que subestiman las demandas de igualdad, equidad e inclusión social, no es la instauración de gobiernos autoritarios o dictaduras.
Carta Social de las Américas:
hacia una democracia con justicia social
Venezuela ha propuesto en la OEA la necesidad de elaborar y aprobar la Carta Social de las Américas.
Declaramos que la Carta Democrática Interamericana y la Carta Social de Las Américas, se complementan y refuerzan mutuamente. La primera alude a los derechos políticos y jurídicos. Y la segunda, a los derechos económicos, sociales y culturales. Por lo tanto es necesario avanzar en la OEA hacia una formulación integral y multidimensional de la democracia.
El Sistema Interamericano está obligado, incluso por razones éticas, a encarar con determinación la lucha contra la pobreza en aras de lograr -en todos los países de nuestro Continente- la justicia social. Paradigma fundamental para alcanzar sociedades verdaderamente democráticas.
De no asumirse las más caras aspiraciones de nuestros pueblos, la gobernabilidad democrática será asediada. La inestabilidad será una característica permanente. La insatisfacción de las necesidades colectivas fundamentales generará tensiones, que pueden llegar a ser explosivas.
Los países que más sufrimos el “flagelo” de la pobreza estamos llamados a estar a la vanguardia de esta lucha. Pero la lucha contra la pobreza y la desigualdad, compromete a todos los países, independientemente del nivel de desarrollo que hayan alcanzado.
Democracia Participativa en Venezuela
Enfrentamos el futuro enarbolando la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Carta Magna donde están plasmados los fundamentos de la Patria Nueva que lucha y sueña por un destino mejor para todos los venezolanos.
Nuestro texto constitucional establece los principios que guían las relaciones internacionales de Venezuela en las actuales circunstancias históricas: Independencia; igualdad entre los Estados; la libre determinación y la no intervención en los asuntos internos de otras Naciones; la solución pacífica de las controversias; el respeto a los derechos humanos; la solidaridad entre los pueblos, en su lucha por la emancipación y el bienestar de la humanidad.
La democracia participativa y protagónica que se disfruta en Venezuela, ha creado las condiciones para que todos los sectores de la sociedad puedan contribuir -de manera cotidiana- a la edificación de una verdadera sociedad democrática.
Nuestra democracia participativa fomenta las más diversas modalidades de protagonismo político. En el ejercicio de su soberanía, y con base en la Constitución de la República, los venezolanos pueden recurrir al referendo, la consulta popular, la revocatoria del mandato, la iniciativa legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y a la asamblea de ciudadanos y ciudadanas, cuyas decisiones son de carácter vinculante.
En lo económico y social, se han creado en Venezuela las más diversas instancias de participación ciudadana. Se fomenta la autogestión, la cogestión, las cooperativas en todas sus formas, incluyendo las de carácter financiero; las cajas de ahorro, la empresa comunitaria y demás formas asociativas, guiadas por los valores de la mutua cooperación y la solidaridad.
Por primera vez se ha implementado en el mundo la figura del referéndum, a nivel presidencial. Consulta democrática, realizada en agosto del año pasado, en la cual los venezolanos ratificamos nuevamente el respaldo a la gestión que realiza el presidente Hugo Chávez Frías.
Venezuela está demostrando, en esta hora de la historia, que es posible superar las limitaciones de una democracia elitista, meramente electoral, y que es también posible construir una democracia incluyente, con equidad, con rostro humano y a favor de todos los integrantes de la sociedad.
Nunca como en el periodo de gobierno que lidera Hugo Chávez Frías, se habían realizado en Venezuela tantas consultas electorales, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto, como expresión de la soberanía popular.
En seis años, se han efectuado ocho consultas nacionales, en las cuales se ha reafirmado el respaldo a la Revolución Bolivariana. Y en todas ellas hemos contando con la observación y aval de personalidades y organismos internacionales, incluyendo la OEA.
El régimen plural de partidos y organizaciones políticas funciona fluida y plenamente. La oposición disfruta de amplias garantías constitucionales en el ejercicio de sus derechos
Venezuela: una visión multidimensional de la democracia
El Gobierno que preside Hugo Chávez Frías, desarrolla la democracia a niveles superiores a los alcanzados en otros periodos de la historia nacional. Tiene una concepción multidimensional de la democracia.
En ningún momento de la historia nacional, los derechos políticos, civiles, económicos, sociales y culturales se han respetado tanto como hoy en Venezuela.
De acuerdo con la Constitución venezolana, los derechos políticos, económicos, sociales y culturales son indivisibles y se refuerzan mutuamente. Nuestra democracia –debemos reiterarlo-- tiene un carácter multidimensional, ya que no solamente se respetan los derechos políticos y civiles, sino que, de manera simultánea y concurrente, se respetan los derechos económicos, sociales y culturales del pueblo.
Los Derechos Humanos, en todas sus dimensiones, florecen hoy en todos los confines de la patria. La Libertad de Expresión es plena y se ejerce sin cortapisas. Cada uno de los cinco Poderes que conforman el Poder Público, trabaja con independencia y concurren mancomunadamente a la forja de la Nación.
La solidez y consolidación de la democracia venezolana es innegable. Lo cual le está permitiendo desarrollar, en el marco de una gran estabilidad política y de pleno ejercicio de las garantías constitucionales, los programas económicos y sociales que enrumban al país hacia estadios superiores de democracia, justicia e igualdad. En la lucha contra la pobreza y el equilibrio social, Venezuela está alcanzando importantes logros, que son reconocidos por organismos internacionales como el Programa de las naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS).