Discurso del Embajador Jorge Valero, Representante Permanente de Venezuela ante la OEA, con motivo de la celebración del concurso: “Poetas del Mundo Diplomático en Washington”

10 Octubre de 2002
 

 

 

“Los poetas, una vez más, nos enseñarán a escuchar”. Son palabras de Gastón Bachelard consignadas en un libro singular titulado: La llama de una vela. Y es que los poetas también  nos enseñan a volar. “Tú vuelas”, proclama nuestro amigo el poeta venezolano Pepe Barroeta en su Obra Poética: “Tú vuelas como un bello e imaginario pájaro”. Para el ser que reflexiona, la trascendencia es un espejismo que fascina. Bachelard, en otro de sus libros: El aire y los Sueños nos dice que “La palabra es una profecía”. Fuerzas que brotan del alma y desencadenan portentosas fantasías. La audacia humana consiste en recuperar la palabra y relanzarla, trascendiendo el tiempo y el espacio. Tomada como materia prima, sus ambigüedades y su magia se expresan mediante un concepto de no fácil discernimiento llamado ensoñación.

El poeta y filósofo francés nos habla de dos clases de poetas: los que copian la realidad, y los que animan las fuerzas creadoras de la imaginación. En verdad, sólo los primeros pueden considerarse tales. El poeta produce imágenes que trascienden la cotidianidad e, incluso, la propia historia. La explicación es escurridiza. Crear poesía sólo es posible en un estado sublime durante el cual se quebranta la ley de la gravedad. Crear poesía es soñar despiertos. Soñar es crear un mundo plenipotenciario de amor. Y es que,  como lo ha señalado Bachelard: “En el mundo del sueño, no se vuela porque se tengan alas; se crea uno las alas porque ha volado. Las alas son simples consecuencias.” Por eso los hombres cuando construyen poesía, fabrican -a partir de seres inanimados- potestades aladas. Las alas de los pies que poseen los seres que han sido imaginados pueden ser denominadas alas oníricas. Y es que amar es volar. Frida Kahlo, pintora y esposa del gran muralista mexicano Diego Rivera escribió en su diario particular: “Pies para qué los quiero si tengo alas pa´ volar” (Frida Kahlo 1907-1954. Dolor y Pasión. Por: Andrea Ketternmann y Benedikt Taschen).

Se puede intentar el vuelo con plumas de gallo, como se lo propusiera, en 1507, el Abate Damián. Intentó lograrlo y falló. Laufer, en The Prehistory of Aviation (Chicago, 1928, p. 68), exclama, que el Abate creyó haber fracasado por utilizar plumas no aéreas, ya que de él haber utilizado “plumas verdaderamente aéreas…hubiese asegurado el vuelo hacia el cielo”.

 La poesía no es ciertamente un género de amplísima popularidad. Seguro estoy, sin embargo, que si fuéramos capaces de poblar de poesía a la humanidad, la vida humana estaría más cerca de las divinidades.

Próximas deben estar, entretanto, poesía y ética; la poesía transforma el lenguaje en algo que le trasciende dotándole de sentido y trascendencia.

Octavio Paz, en su ya clásica obra El Arco y la Lira, se refiere a la calidad revolucionaria de la poesía. Por eso la define como  “Operación capaz de cambiar el mundo”. También la considera “Un método de liberación interior”. El poeta transforma las materias primas; colores, piedras, metales, palabras. La alquimia del poeta consiste en asir esas materias de la naturaleza y proyectarlas al mundo de las significaciones.

             El lenguaje, en cuanto materia prima, sirve para fabricar poemas. Tiene así un destino afortunado. Podría decirse que ese lenguaje con el cual se topa el poeta “tiene suerte”. Fortuna tiene el lenguaje que ha caído en manos del poeta. Un gran poeta es aquel que, a decir de Octavio Paz, trasciende los límites del lenguaje. Dudas no quepan de que el poema está más allá del lenguaje.

Entre el poema y el lenguaje se da una relación de complicidad ya que el primero no sería posible si no recurre a la palabra articulada. El bardo mexicano también nos dice: “el lenguaje es poesía en estado natural”. Cuán hermoso el poema; lenguaje poseído por deidades. La distancia entre el lenguaje y la poesía es intangible. La misma que existe entre el desplazamiento por el espacio natural y la levitación. Según Octavio Paz: “Criaturas luminosas habitan las espesuras del habla”. En la poesía, lo ha dicho el poeta Lubio Cardozo en: Obra Poética de José Barroeta, “el lenguaje se despoja de las armaduras de la razón”.

Poesía e imaginación van de la mano. O, que otra cosa podría decirse del “Cantar” que nos ofrece el más relevante de los románticos victorianos, William Blake, en su Poesía Completa, cuando dice:

“Su pecho es la venerada tumba del amor de todos

 a la que acuden los peregrinos del amor…

 escudriñaré la corriente

 donde sueñan los que suspiran enamorados

 para pescar en ella fantasías cuando pasan

 en el espejo acuoso…

 a menudo cuando el verano duerme entre los árboles

 murmurando voces apagadas a la menguante brisa

 doy vueltas a la aldea”.

 

 Paul Celan (Obras Completas), gran trovador nacido en Czernowitz, capital de Bucovina, ciudad al borde de los Cárpatos, hoy perteneciente a Ucrania, convoca su imaginación creadora poseído por musas celestiales. Su poema “Fulgor” aviva nuestra sensibilidad:

 

“Tu cuerpo en silencio

 yaces en la arena junto a mi

 bañada en estrellas.”

 

De la misma manera nos conmueve cuando en “Los Jarros”, exclama:

 

“¡Tan blanco de nieve son

 viento nocturno, tus cabellos

 ¡Blanco lo que me queda y blanco lo que he perdido!

 Ella cuenta las horas y yo los años cuento

 nosotros bebíamos lluvia. Lluvia bebíamos”.

 

Acto Único. Escena Primera. El autor: Johann W. Goethe. La obra: Fausto. Aquel hombre prodigioso, nacido en Frankfurt del Main el 28 de agosto de 1749, nos pinta la escena: Es de noche. La estancia es gótica. Estrecho su espacio y altas las bóvedas. Fausto está “intranquilo” en un asiento del pupitre. Quien ha estudiado a fondo la filosofía hasta fundirla en expresión poética describe su oficio: “Por eso me he dedicado a la magia, a ver si por la fuerza y la palabra del espíritu se me puede revelar más de un misterio…”.

En el Manuscrito Carmesí de Antonio Gala –poeta, novelista y uno de los mejores oficiantes de la lengua castellana- he bebido siguiendo a Boabdil:

“Mi nombre y tú estáis

 a salvo en el jardín:

 fuera del tiempo, su maleficio no os perturbará”.

 Boabdil conoció a Moraima en el palacio del Albayzín. Casose con ella a finales de 1479. Sobre la diadema del trono de la novia estaba grabado un poema de Ibn al Yayab que rezaba así:

 “A la vista encanta la belleza de esta diadema,

 que parece un tejido de brocado.

 Sobre su trono la novia es como el sol

 brillando en lo más alto de las constelaciones.

 Dos astros se han reunido en este asiento

 y rivalizan sus deslumbrantes esplendores.”

 

El poeta español también nos transporta al reino de las sagradas musas en Poemas de Amor: “Eres la única rosa en la que caben todas las primaveras”. Cuan cierta su profecía: “Pedir lo imposible no es pedir demasiado”.

Leyendo a Gala, una onda de profunda sensibilidad se instaló en mí. Así escribí:

 

“Infinitud de veces la misma historia:

 búsquedas perpetuas de amantes clandestinos

 alientos famélicos posándose ya se sabe donde

 distinguidas profecías respondiendo llamados agónicos

 es así como siempre ha sido”.

 

 Y días más tarde me brotó una nueva inspiración:

 

 “Respiro tus ansias dadivosas

  tras suave divertimento de insondables lágrimas

  azules de terciopelo cómplice

  cielo manso procurando acequias

  más vale tu melancolía que pájaros quejumbrosos

  al azar me entrego sin pesares”.

Pactos con la imaginación creadora me fueron posibles durante una travesía aérea:

 “Posado suavemente en cálidos perfumes

  donde podría encontrar lo que no me ha sido dado

  fantasías sobrias que se acercan sospechosas

  melodías contiguas de las azucenas me traspasan

  cuando vivo tus caricias sin tenerlas

  portando agonías postreras y perplejidades

  inundado sutilmente por delicados perfumes de alazán

  ¿Dónde podría encontrar lo que no me ha sido dado?

  ¿y que decir de la complicidad del manantial que nos espía?

  traviesas fantasías se instalan sospechosas

  así es el edén que las perpetuidades trae

  el ábaco se apresura a convocarme

  cuando tus caricias invisibles en mi se posan sin tenerlas”.

  (Washington-Miami, 28 de junio de 2001).

El concurso denominado “Poetas del mundo Diplomático en Washington”, ha sido convocado al influjo de la poética del gran bardo y diplomático venezolano Vicente Gerbasi quien proclamaba: “La poesía es una ecuación estética con una gran carga vivencial”. Y cuando reflexionaba sobre la organización de éste concurso, pensé, que una buena manera de convocarlo podría rezar así: “Se busca poetas dispuestos a compartir sueños. Para que su poesía brille en un jueves de terciopelo. El sitio: Embajada de Venezuela en Washington. El día: jueves 10 de octubre de 2002.”

Queridos amigos y amigas. Antonio Gala nos dice: “Lo eterno es éste instante”.  Soñadores. Bienvenidos.