Palabras del Embajador Jorge Valero Representante Permanente de la República Bolivariana de Venezuela en la Organización de los Estados Americanos, con Motivo de la instalación del Grupo de Trabajo para la Carta Social
Washington, DC, 1 De Septiembre 2005
Distinguido Presidente del Consejo Permanente y Representante de la República Dominicana Embajador Roberto Álvarez Hill.
Distinguido Secretario General de la OEA Doctor José Miguel Insulza.
Distinguidos miembros del panel, en particular, el distinguido Subsecretario General, Embajador Albert Ramdin.
Funcionarios de alto nivel que nos acompañan.
Distinguidos Representantes de los 34 países del Hemisferio que nos reunimos en ésta histórica mañana, como bien la ha calificado el presidente, para iniciar los trabajos que conducirán a nuestra Organización a contar con una Carta Social de las Américas.
Quisiera antes que nada dejar constancia del dolor que embarga a este cuerpo, en cuyo nombre hablo en este momento, por los terribles acontecimientos naturales que hoy castigan al pueblo de los Estados Unidos, a raíz de los desastres naturales que han provocado el Huracán Katrina en la ciudad de New Orleáns y el Estado de Mississippi. Creo que todos debemos expresar nuestra profunda manifestación de pesar por estos infaustos desastres naturales, que han causado terribles consecuencias humanas.
Distinguidos Representantes.
El Secretario General de nuestra Organización hizo una profunda reflexión, que compartimos, en el Dialogo Ministerial sobre la Carta Social de las Américas, realizado recientemente en Caracas. Dijo el Secretario General - y permítame citarlo textualmente - lo siguiente: “El pobre en su choza libertad pidió, decía el hermoso himno que hemos escuchado en esta noche” (y se refería al himno de la República Bolivariana de Venezuela). Y agregaba el Secretario General:
“Libertad no solamente par expresar su opinión, libertad para comer, libertad para tener un techo, libertad para educar a sus hijos, de esta libertad después de más de 200 años sigue siendo el imperativo moral de nuestras generaciones, de nuestras instituciones, de nuestros gobiernos y espero que a partir de este esfuerzo se transforme en una tarea permanente, conjunta, que trascienda nuestras diferencias y descanse en los retos comunes que enfrentan nuestros pueblos”.
Para llegar al día de hoy hemos realizado un recorrido en el marco de la OEA, un recorrido marcado por la reflexión de todas las delegaciones, un recorrido marcado por las percepciones que tienen los países sobre la agenda social hemisférica. Y podría decirse que un punto de partida de esta reunión fue cuando, en Lima, Perú, el 11 de Septiembre del año 2001, se aprobó la Carta Democrática Interamericana.
En esa misma oportunidad la Representación de Venezuela propuso que la OEA avanzara hacia la aprobación de una Carta Social de las Américas. Fue muy importante, por lo tanto, el mandato emitido por los jefes de las Delegaciones Diplomáticas que se congregaron en la Asamblea General de Ecuador y quienes, mediante una resolución aprobada por consenso, el 8 de Junio del año 2004, mandataron a la OEA para que se realizaran las negociaciones sobre esta Carta. Importante fue también que el Grupo de Trabajo quedara constituido en Octubre del año 2004. Y el 27 de Mayo del 2005 se celebró una reunión conjunta del Consejo Permanente y la Comisión Ejecutiva Permanente del Consejo Interamericano para el Desarrollo Integral (CEPCIDI) tal y como lo mandataban los cancilleres. Para constituir el Grupo de Trabajo se acordó, entonces, que las negociaciones estarían lideradas por un Presidente y cuatro Vicepresidentes. De la misma manera se encomendó a la Secretaría General de nuestra organización y cito:
“Que el documento que serviría de base para las discusiones del grupo de trabajo lo elaborará la Secretaria General y que para su preparación utilizara los proyectos que presenten los países así como cualquier otra documentación que coadyuve a los objetivos propuestos como lo determina la resolución ya citada”.
Leía, distinguidos representantes de los países de las Américas, a un gran poeta americano. Me refiero al gran poeta ya universal Jorge Luis Borges en un poema titulado “Calle con Almacén Rosado”. Y estas son sus palabras:
“ Ya todo los caminos están cerca,
y hasta el camino del milagro”.
El camino de la búsqueda de la justicia, el camino de la búsqueda de la paz, en ese camino andamos los pueblos americanos. Importante ha sido el Dialogo Ministerial realizado recientemente en Caracas, en el cual los concurrentes subrayaron la importancia de que la democracia este basada en la Justicia Social.
Vamos a vivir, un proceso muy rico, muy nutrido con la participación de todos.
En la reunión de Alto Nivel realizada en Caracas, en la cual participaron ministros, altas autoridades de los gobiernos, los representantes de los principales organismos del Sistema Interamericano, Representantes Permanentes y Alternos ante la OEA, al igual que Observadores de países como España, Rusia e Italia, también contamos con la participación del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías y de nuestro Secretario General, Jose Miguel Insulza.
Los delegados coincidieron “todos a una”- como la celebre expresión Castellana- en subrayar la importancia de adoptar esta Carta, concebida como un instrumento de la OEA para la defensa de los derechos económicos, sociales y culturales en el continente. Destacaron también, la importancia de aprobar un Plan de Acción que refleje las principales prioridades en materia social y que articule una acción Hemisférica en función de alcanzar sociedades con equidad e inclusión social. Igualmente, destacaron el compromiso adquirido con las metas del milenio y enfatizaron la prioritaria necesidad de cumplir con ellas en el ámbito continental.
Distinguidos Representantes de los países americanos. Vamos a vivir un debate de los más importantes que ha tenido lugar en la OEA. Posiblemente del mismo tenor de los que se dieron cuando, en el año 1948, se aprobó la Carta fundacional de nuestra Organización, en la Conferencia de Bogota. Posiblemente de la misma significación e importancia del que dimos para aprobar la Carta Democrática Interamericana. Y que el proceso de elaboración de la Carta Social de las Américas debe convocar a todos los países, sin excepción.
La Presidencia de este Grupo de Trabajo, quiero recordarlo, emitió recientemente una nota oficial dirigida a todas las Delegaciones para que consignen los proyectos, las ideas, las propuestas que tengan los países sobre la Carta Social. Llamado que reitero en estas circunstancias porque se trata de elaborar una Carta que nos cobije a todos, porque se trata de una Carta de las Américas que represente la voluntad de los gobiernos y también la voluntad de los pueblos.
La presidencia quisiera en esta oportunidad exhortar a que todos tomemos en cuenta las opiniones de las organizaciones sociales y populares con el objeto de que la Carta Social, como ya dije, refleje no solamente el interés de los gobiernos, sino también el interés de los pueblos.
La presidencia y la directiva que van a dirigir este Grupo de Trabajo garantizarán la transparencia, la ecuanimidad, para que todos los países o grupo de países participen en el debate en plan de igualdad, pues se trata de una Carta que refleje el interés de todos.
Respecto de la Carta voy a subrayar que ésta debería fundamentarse en una visión multidimensional de la democracia. En los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas los Jefes de Estado se comprometen a realizar los máximos esfuerzos para alcanzar, entre otras cosas, las metas de reducir la pobreza, el hambre y las enfermedades y garantizar el derecho al desarrollo y lograr la plena protección y promoción de los derechos económicos sociales y culturales. Y en la Declaración de Santiago “Democracia y Confianza Ciudadana, un Nuevo Compromiso de Gobernabilidad para las Américas”, nuestros Estados afirmaron que la superación de la pobreza, la exclusión social y la promoción del crecimiento económico con equidad fortalecen la gobernabilidad democrática. Y también la Carta Democrática, ese importante documento de la democracia hemisférica, establece que la democracia y el desarrollo económico y social son interdependientes y se refuerzan mutuamente. Y en la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo de las Naciones Unidas, los estados reconocen que todos los derechos humanos y las libertades fundamentales son indivisibles e interdependientes y que debe dárseles la misma atención a la aplicación, a la aprobación y a la protección de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales.
Mientras tanto, en la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo de las Naciones Unidas se afirma, que el derecho al desarrollo es un derecho humano inalienable. Conscientes debemos estar los Estados, que se han comprometido a adoptar medidas para eliminar los obstáculos al desarrollo, que resulta de la inobservancia de los derechos económicos, sociales y culturales, inspirados en los principios de solidaridad y cooperación interamericana, establecidos en la Carta de la OEA. Allí se establece el compromiso de los Estados de aunar esfuerzos para lograr la justicia social internacional en sus relaciones, y para que los pueblos alcancen un desarrollo integral en los campos económico, social, educacional, científico, cultural y tecnológico, como condición indispensable para la paz y la seguridad. Y en la Declaración de Nuevo León, nuestros Jefes de Estado se comprometieron a forjar en nuestro continente democracias fundamentadas en la justicia social.
Quisiera finalmente convocarles a una jornada, la más importante de las jornadas que tenemos por delante, la jornada para alcanzar democracia con justicia social. Y respecto de este propósito, que tiene un alto componente ético, permítame concluir mis palabras recordándoles que el 28 de Agosto del año 1963 Martín Luther King pronunció su famoso discurso “Tengo un sueño”, aquí mismo, en la ciudad de Washington, frente al monumento de Lincoln. Y dijo el prócer de la paz:
“ La verdadera compasión es más que arrojar una moneda a un mendigo; no es algo caprichoso y superficial. Consiste en ver que un edificio que produce mendigos necesita reestructuración. Una verdadera revolución de valores pronto verá con inquietud el patente contraste entre pobreza y riqueza”.
Pues bien, distinguidos Representantes, la tarea que tenemos por delante es de todos. Todos sin excepción estamos compelidos a luchar por la justicia en el continente. Todos estamos obligados a luchar para combatir la pobreza y alcanzar sociedades con equidad e inclusión social.