Discurso del Embajador Jorge Valero,
Representante Permanente de la República Bolivariana de Venezuela,
ante el Consejo Permanente de la OEA sobre la Crisis en Ecuador
(Washington D.C., 22 de abril de 2005)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo ocurrido en la hermana República Andina del Ecuador, tiene que ser examinado a la luz de las nuevas señales que se emiten desde las entrañas de un pueblo que procura alcanzar sus aspiraciones seculares.

 

Un movimiento espontáneo, de carácter popular, ha rebasado los linderos del liderazgo político tradicional. La OEA debe escuchar su voz.

 

El Gobierno Bolivariano que lidera Hugo Chávez Frías, hace suyo –sin equívocos- el Comunicado emitido por la Comunidad Sudamericana de Naciones, apoyado por México, en el cual se expresa una “profunda preocupación por el sucesivo deterioro de la Constitucionalidad e institucionalidad democrática en el Ecuador que culminó con el alejamiento del expresidente Lucio Gutiérrez de sus funciones”.

 

De igual manera, aboga para que “la normalidad institucional sea restablecida pronta y plenamente con todo el respaldo de la legitimidad democrática, y en conformidad con la Carta Democrática Interamericana...”.

 

Señores Representantes Permanentes y Alternos,

 

En las actuales circunstancias vale la pena preguntarse ¿para qué sirven organismos, como la OEA, si no es para interpretar las demandas de democracia, justicia y libertad que hoy recorren nuestro continente?

 

Señores Representantes Permanentes y Alternos,

 

El pueblo ecuatoriano ha vivido y sufrido crisis institucionales recurrentes: elecciones de gobernantes y destituciones. Estabilidad aparente e ingobernabilidad. Esperanzas y frustraciones. ¡Cinco Presidentes han pasado por el Palacio de Carondelet en los últimos ocho años!

 

El pueblo ecuatoriano está mostrando, nuevamente, que sus expectativas no han sido satisfechas. Un movimiento popular, espontáneo, pluriclasista y multiétnico, sin liderazgo partidista conocido, ha tomado las calles para reclamar el cumplimiento de sus derechos.

 

Reputados académicos sostienen que uno de los rasgos sobresalientes del sistema político ecuatoriano es su excesiva partidización. Un mal endémico que bloquea la participación ciudadana en los asuntos públicos. Contra este mal ha reaccionado el pueblo ecuatoriano.

 

Hoy se observa en nuestro continente un fuerte rechazo a los políticos tradicionales. A quienes prometen y no cumplen. A quienes ofrecen villas y castillos –y una vez en el poder- traicionan sus promesas. No es infrecuente que los poderes e instituciones del Estado sean secuestrados por elites que actúan de forma egoísta, recurriendo al cohecho, a la corrupción y al despojo de los bienes públicos.

 

Llamativo es que en las principales manifestaciones populares que hemos visto en estos días en Ecuador, a través de los medios de comunicación, no se hayan hecho presente los líderes de los partidos tradicionales.

 

Hay un nuevo despertar democrático en nuestro Continente. Quienes ejercen responsabilidad primordial en las instituciones nacionales y hemisféricas deben escuchar el llamado del pueblo. Este, en su legítimo derecho, se moviliza pacíficamente, como en Ecuador, reclamando respeto a la institucionalidad; exigiendo castigo a los corruptos y demandando justicia.

 

En muchos de nuestros países es necesario tejer una nueva institucionalidad democrática. El partidismo tradicional asfixió la participación y copó, en forma ilegítima, todos los espacios de la vida institucional. Las “cuotas partidistas” se convirtieron, no pocas veces, en patente de corso para el ejercicio lujurioso y obseno del poder.

 

El pueblo ecuatoriano ha recurrido devotamente a los actos comiciales para elegir sus gobernantes. El talante democrático y pacífico de ese pueblo es indiscutible.

 

Los medios de comunicación nos informan de las asambleas populares que se realizan en provincias y parroquias. En ellas se exige un proceso constituyente. Se pide oxigenar la vida pública, abriendo las compuertas de la participación para que soberanamente el pueblo construya su propio destino. Proceso constituyente abierto a todos. Proceso constituyente para oxigenar la democracia. Para construir un modelo político incluyente. Consulta popular. Referéndum. Constituyente. Son consignas que brotan del alma popular por estos días.

 

Estamos presenciando la crisis de un modelo político, económico y social excluyente. El modelo neoliberal debe ser sustituido por otro fundado en la participación y el protagonismo del pueblo. La lucha contra la pobreza, en aras de alcanzar la equidad e inclusión social, es también alfa y omega de la lucha por la democracia.

 

El ecuatoriano es un pueblo creador, esplendoroso, imaginativo y libertario. Que quiere dar su fundamental aporte a la edificación del destino de la nación. Las duras circunstancias que rodean la vida económica y social, sin embargo, obligan a miles de ecuatorianos a buscar fortuna fuera de su patria. Doce millones de habitantes y tres millones de ecuatorianos viviendo en el exterior. Un 25% de su población aproximadamente. En Venezuela cobijamos a 600 mil ecuatorianos.

 

En esta hora debe subrayarse que el respeto a los procedimientos constitucionales es condición indispensable para la renovación democrática.

 

Los cambios necesarios por los cuales luchan los pueblos y, con mucha razón, deben ser realizados en el marco democrático y constitucional. Escuchemos en la OEA la voz del pueblo ecuatoriano que demanda democracia, justicia y libertad.

 

Ver también Resolución - Respaldo de la Organización de los Estados Americanos a la República del Ecuador