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| Señor Presidente,
Permítasenos proclamar la
dignidad de este debate. Celebrar que hoy realizamos uno de los más relevantes que se
hayan producido en la OEA, incluso, desde sus tiempos fundacionales. Demos gracias al
Gobierno y a la Delegación del Perú, y de manera particular al Embajador Manuel
Rodríguez Cuadros, por haber contribuido a promover esta demostración de madurez
democrática. Reconozcamos también, el aporte que han brindado países como, Costa Rica
anfitrión de la próxima Asamblea General Argentina, Estados Unidos y
Canadá, al copatrocinar el proyecto de Carta que consideramos. Felicitemos, igualmente,
al Gobierno de México y a su Representante, Embajador Miguel Ruíz-Cabañas, y al
Canciller del Uruguay Didier Opertti Badan, por presentar textos alternos y/o reflexiones
para el debate. Señor Presidente, A nuestro oídos suena agradable el nombre propuesto por
el Representante de Panamá, Embajador Juan Manuel Castulovich, quien propone llamar al
significativo instrumento que consideramos; Carta
Democrática de Las Américas, aunque no haríamos ningún reparo si el consenso
condujera a denominarlo Carta Democrática
Interamericana. Nuestra Delegación. La que en este recinto
representamos en nombre del pueblo y Gobierno de Venezuela, que preside Hugo Chávez
Frías, se suma complacida al fascinante ejercicio de reflexión creadora que compromete,
cuyas resonancias estamos seguros- marcarán un hito en la historia de la Región. Tiempo estelar el que vivimos. Un florecimiento
democrático observamos en un mundo que, con el fin de la Guerra Fría, ha abiertos
espléndidas posibilidades para avanzar en la conquistas de nuevos y más amplios espacios
para la libertad y la dignidad humanas. Pero, también, tiempos dramáticos cuando
observamos el advenimiento de nuevos conflictos de índole política, étnica, cultural y
religiosa, que socavan las bases de la paz y la convivencia internacional. Tiempos
desafortunados, donde la pobreza sigue siendo una lacerante circunstancia que afecta a
millones de seres humanos. El tema central de este debate es la palabra Democracia. Nos estamos ocupando, precisamente, de evaluar cómo
funciona en las Américas, poniendo en alto relieve sus incuestionables logros y,
también, las inocultables falencias de la realidad donde ella discurre. Por allí
deberíamos empezar. Busquemos todos, al
unísono, formas innovadoras para que la realidad se aproxime al ideario democrático,
cuyos principios fundamentales están contenidos en la Carta de la OEA: Desde la primera,
aprobada en mayo de 1948, la Democracia ha
tenido en el hemisferio un apellido: Representativa. La Novena Conferencia Internacional realizada en
Bogotá, en cuyo marco se aprueba la Carta de la
OEA, se celebra entre el 30 de marzo y el 2 de mayo de 1948. Más de un mes de
fecundos debates precedieron la aprobación de ese instrumento-doctrina de las Américas. El Representante de Panamá, Ricardo J. Alfaro,
pronunció en la sesión del jueves 22 de abril de 1948, que se celebró en el Salón
Central del Capitolio Nacional, entre las 15: 20 y 19:00 horas, una frase impactante:
La República de Panamá, -dijo- cuyo pueblo es inquebrantablemente democrático,
cree que la democracia debe ser defendida sin
salir de la democracia.[1] La discusión general se centró en el anteproyecto de
los primeros capítulos del llamado Pacto
Constitutivo de la OEA. El representante de Perú, Víctor Andrés Belaunde, abrió el
debate, a instancias del Presidente de la Subcomisión A, el chileno Ernesto Barros Jarpa. Interesante resulta leer las Actas de esas reuniones, que precedieron la
aprobación de la Carta de la OEA. Ellas retratan el ambiente
político-ideológico predominante en los comienzos de la Guerra Fría. Los diplomáticos de aquellos tiempos procedieron a
definir los atributos y características de la democracia. Es cuando el representante de
Cuba, Ernesto Dihigo, propone que a la palabra democracia
se le adicione la palabra representativa. Propuesta que es
acogida por los miembros de la Subcomisión. Pero hay un asunto que no puede pasar
desapercibido y así queda registrado en el Acta: La
Subcomisión acordó que esta última palabra sería suprimida, sí posteriormente las
delegaciones se ponían de acuerdo sobre una definición adecuada de la democracia. Combatir el comunismo
era la preocupación principal que embargaba a los gobernantes
del hemisferio, en los años subsiguientes a
la II Guerra Mundial. Las actas que analizamos muestran con inocultable claridad, el
ambiente político-ideológico predominante. La Guerra Fría galbanizaba la confrontación
política. En la Comisión
de Iniciativa de la Novena Conferencia Internacional, se declara que:
el
comunismo internacional
es un instrumento de agresión al servicio de propósitos
imperialistas y constituye una amenaza para sus instituciones libres, democráticas y
republicanas, para su propia independencia y soberanía. Contra el comunismo los gobernantes del hemisferio
oponen ideologías nutridas del liberalismo político. Contra las democracias
populares, que el leninismo llama dictaduras
del proletariado, oponen la democracia representativa. De resultas, la democracia
considerada como representativa quedó
consagrada en la Carta original de la OEA, aprobada en mayo de 1948. El artículo 5, en su
inciso D reza: La solidaridad de los
Estados Americanos y los altos fines que con ellos se persiguen, requieren la
organización política de los mismos sobre la base del ejercicio efectivo de la democracia representativa. En las diferentes reformas que ha sufrido la Carta, en
el Protocolo de Buenos Aires, en 1967; en el Protocolo de Cartagena de Indias, de 1985; en
el Protocolo de Washington, en 1992 y en el Protocolo de Managua, en 1993, la definición democracia representativa se mantiene inalterada. Sus principios y valores fundamentales, que acogemos
todos los gobiernos de los Estados representados
en esta sala, deberían ser examinados a la luz de las nuevas realidades de nuestro
tiempo: la guerra fría ha desaparecido; la democracia, como sistema de gobierno, se
expande en todos los continentes; anacrónicos totalitarismos están en el basurero de la
historia; oprobiosas dictaduras en plan de retirada; renacimiento y expansión de las
libertades democráticas; vigencia de los derechos humanos. Estos son los signos de la nueva era. Señor Presidente, A los venezolanos nos ha costado muchos sufrimientos y
sacrificios alcanzar la democracia. Nuestra Constitución, fruto de un debate democrático
y participativo, aprobada en Referéndum, consagra todos los principios democráticos más avanzados y humanistas que
conoce la civilización de nuestro tiempo. La democracia, como ideario, ha fraguado los mejores
destinos e inspirado las luchas de pueblos que buscan la paz, la justicia, la igualdad y
la libertad e nuestro continente. La democracia como utopía ha iluminado esperanzas
redentoras. La lucha por defenderla y perfeccionarla; la voluntad por ejercerla
plenamente, es un fascinante reto para quienes nos proponemos convertirla en realidad. Gran desafío que convoca la imaginación
creadora. Y es que, en palabras de Blake (Segundo Libro Profético): La imaginación
es la propia existencia humana. Desde 1948, es largo el trazo de la historia donde la
gobernabilidad ha sido puesta a prueba: autoritarismos indeseables y democracias
esperanzadoras; libertades amputadas y conquistas libertarias. Vivimos momentos para la
reflexión, para examinar logros y carencias. La democracia en nuestro hemisferio encara serias
amenazas que, como lo afirma la Declaración
de Quebec, asumen variadas formas. Para que sea cierta la democracia tiene
que basarse en la representación, la participación y el protagonismo de todos los
sectores, y no sólo de reducidas élites que concentran no pocas veces en forma
grosera y perversa el poder político y económico. Nuestra Constitución, la bolivariana, establece que con
el fin supremo de refundar la República, Venezuela se propone
establecer una
sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un
Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad,
la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la
convivencia y el imperio de la ley
. La democracia directa está consagrada en el Artículo
Quinto (5) de nuestra Constitución. Allí se expresa que la soberanía reside
intransferiblemente en el pueblo quien la ejerce directamente en la forma prevista en el
texto constitucional e indirectamente mediante el sufragio por los órganos que ejercen el
Poder Público. El Artículo Sesenta y Dos (62) garantiza la
participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública,
como medio necesario para lograr su protagonismo, tanto individual como colectivo. El Constituyente quiso concretar la forma como el pueblo
ejerce la soberanía, en lo político, para elegir los cargos públicos: el referéndo, la
consulta popular, la revocación del mandato, las iniciativas legislativas constitucional
y constituyente-, el cabildo abierto, la asamblea de ciudadanos. Y en lo social y
económico se mencionan: las instancias de atención ciudadana,la autogestión, la cogestión, la empresa comunitaria y otras
formas asociativas. En lo que se refiere a la democracia local se destaca la
participación de las comunidades, asociaciones vecinales y organizaciones no
gubernamenrtales, en la formulación de propuestas de inversión ante las autoridades
estadales o municipales. Otras formas de participación pautadas son la iniciativa ciudadana para la enmienda 341
Constitucional; la iniciativa ciudadana para la reforma constitucional 342 constitucional;
y la iniciativa ciudadana para convocar a una Asamblea Nacional Constituyente 348
constitucional. Nuestra Carta Magna consolida y fortalece la vigencia de
los partidos, pero da primacía a los mecanismos de participación de los ciudadanos cuya
fuente de legitimidad es la soberanía popular. Se consolidan las estructuras de
intermediación pero sin confiscar la titularidad de la soberanía. Venezuela, por lo tanto, plantea la necesidad de incluir
el concepto de Democracia Participativa en la Carta Democrática. Este es, además, un mandato ineludible de la Asamblea General de la
OEA, contenido en la Resolución AG/ RES. 1684 (1999), adoptada en el XXIX Periodo de
Sesiones, celebrado en Guatemala. Señor Presidente En la III Cumbre de Jefes de
Estado y de Gobierno, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo
Chávez, hizo observaciones muy puntuales al lenguaje utilizado en la parte relativa a la
democracia, ya que no se incluyó en la Declaración de Quebec el concepto de democracia participativa. Conviene, ante todo,
recordar, que este concepto fue formulado por Venezuela en la Asamblea General de la OEA
realizada en Guatemala en 1999. Señor Presidente. Si
queremos garantizar la efectividad de la Carta Democrática debemos asegurarnos que de
ella, desde el punto de vista jurídico, esté en armonía con los Tratados vigentes y
especialmente con la Carta de la OEA, ya que un Tratado
no podría ser modificado por una Resolución o
Declaración. Tal vez, a este fin, sea
recomendable realizar un estudio por los órganos técnico-jurídicos de la Organización. Debe quedar claro que la
facultad de suspensión sólo podrá ser
ejercida cuando hayan sido infructuosas las gestiones diplomáticas que emprenda la
Organización. También observamos que si
bien se prevé la exclusión de un Estado que
se haya apartado de la vida democrática, no se contempla, en cambio, su incorporación
una vez que hayan cesado las causas que hubieren determinado la suspensión. Por eso es
conveniente la disposición contenida en el proyecto de Carta Democrática, presentado por
México, en el cual se establece que para levantar la suspensión se requeriría el voto
afirmativo de la mayoría simple de los Estados Miembros. Señor Presidente, Queremos hacer notar que la
frase cualquiera alteración inconstitucional, que aparece consignada en la
Declaración de Quebec, y que se repite en el proyecto de Carta Democrática, difiere de
la terminología utilizada, tanto en el Protocolo de Washington, como en la Resolución
1080. Debe evitarse el uso de conceptos ambiguos o vagos en la Carta
Democrática, que den pie, en el futuro, a confusiones o discusiones innecesarias que
puedan paralizar la acción de la OEA. El
Tribunal Supremo de Justicia en Venezuela, por ejemplo,
consideró que el proceso constituyente originario es supraconstitucional y
fundamentó la legitimidad democrática, precisamente partiendo de la soberanía popular.
Por lo demás: ¿ podría la OEA convertirse en interprete o juez de las Constituciones de
los países miembros ?. Señor Presidente, La Carta Democrática debe
constituir un paso trascendental en el desarrollo de la OEA y bien merece que le asignemos
la importancia que merece. Con fundada razón
el Excelentísimo Canciller de Uruguay, doctor Opertti Badan en sus comentarios preliminares sobre el
tema que discutimos expresa:
cabría plantearse la pregunta de si no hay una
cierta precipitación y si una elaboración de esta importancia no merecería un examen
más detenido y la intervención de los cuerpos técnicos del sistema, vale decir, Comité
Jurídico Interamericano y Sub secretaría de Asuntos Jurídicos de la Secretaría General
de la OEA. Por otra parte, el mandato de
la Cumbre contenido en la Declaración de Quebec instruye a los Ministros de Relaciones
Exteriores para que preparen la
Carta Democrática Interamericana en el marco de la próxima Asamblea General. Preparar no significa necesariamente dar la
aprobación final a ese instrumento en esa misma Asamblea. El mandato se debe cumplir,
dando los pasos adecuados para que se garanticen los altos fines que se persiguen,
realizando un profundo y amplio proceso de
consultas a nivel hemisférico. En ese orden de ideas nos
permitimos proponer que la Asamblea General de San José convoque un Periodo
Extraordinario de Sesiones de la Asamblea General ojalá pudiera celebrarse en el
Perú, para reconocer la estupenda iniciativa del Gobierno de ese país hermano- con el
único propósito de aprobar la Carta Democrática. Esa convocatoria debería hacerse en
un breve plazo que, bajo ninguna circunstancia, excediese de seis (6) meses, ya que todos estamos conscientes de la
necesidad de aprobarla. Nuestra Delegación ha
preparado un Proyecto de Resolución en ese
sentido, pero antes de presentarlo quisiéramos tener la oportunidad de consultarlo con
las demás Delegaciones. Señor Presidente, Cuando se discuta el proyecto
de Carta Democrática, artículo por artículo, nuestra Delegación hará los aportes
puntuales que considere necesario. [1] Fuente: Novena Conferencia Internacional. Minuta de la Primera Sesión de la Subcomisión A. (Documento publicado con la clasificación CB-365/C.I.Sub A-5) [2] Idem. |