Intervención del Embajador Nelson Pineda Prada, Representante Alterno de la República Bolivariana de Venezuela ante la Organización de los Estados Americanos, en representación del Grupo ALADI, en la sesión extraordinaria celebrada el 12 de octubre de 2004, con motivo de recordarse el 512 aniversario de la llegada del conquistador ibérico al territorio hoy americano. Washington D.C., 12 de octubre de 2004.
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Fue un 3 de agosto de 1492, cuando Cristóbal Colón zarpó desde Puerto de Palos de Moguer, en Huelva, al mando de La Pinta, La Niña y La Santa María, como capitán de la empresa naviera que se disponía a cruzar el Océano Atlántico con el objetivo de encontrar un nuevo camino a las Indias.
Se navegaba en un mar desconocido, del que no existía mapa alguno. No sería sino al amanecer del histórico 12 de octubre, cuando el vigía de La Pinta, Rodrigo de Triana, divisó tierra. Colón se vistió con sus mejores galas de almirante y preparó el estandarte de la Corona española para tomar posesión de las nuevas tierras.
La llegada de los españoles llamó la atención de los nativos que llamaban a este lugar Guanahani; Colón lo bautizó como San Salvador, actualmente es una de las islas que forma parte del Archipiélago de las Bahamas.
Los monarcas -deseosos de asegurar los derechos de la Corona española sobre las islas “descubiertas”- planearon de inmediato un segundo viaje, pero esta vez con la misión de colonizar y evangelizar a los nativos.
Fue el último momento en que la cultura europea y americana existieron separadas. A partir de entonces el mundo cambió para siempre. Con la modernidad se inició la europeización del universo. América se occidentalizó, sin dejar de ser la oposición y el contraste de la cultura occidental.
Por más de cinco centurias nos hemos identificado con esa cultura. “Nos hemos mimetizado en su legislación, instituciones, usos, modos y costumbres y nos hemos asimilado a su Historia, asumiéndonos como el extremo occidente de Europa, celebrando las conquistas de Alejandro, dando a nuestros hijos nombres de oradores y guerreros romanos, arrodillándonos e invocando sus santos y entidades marianas, narrando nuestro acontecer con los fulgores de los truenos que estallan al otro lado del Atlántico, entonando cantares de gesta para referirnos a nuestra separación de España, haciendo de nuestra independencia eco de la ilustración y la Toma de la Bastilla, trasmutando nuestros tiranos en Demiurgos de la Modernidad industrial en nuestro suelo local”.
Nos hemos asimilado a Europa sin llegar a ser Europa. El Libertador, Simón Bolívar, en su Carta de Jamaica, en 1815, describió nuestro drama cultural de la siguiente manera:
“... no somos indios ni europeos, sino una especie media entre los legítimos propietarios del país y los usurpadores españoles: en suma, siendo nosotros americanos por nacimiento y nuestros derechos los de Europa, tenemos que disputar estos a los del país y que mantenernos en él contra la invasión de los invasores; así nos hallamos en el caso más extraordinario y complicado...”
Sin embargo, aún concibiéndonos como parte periférica de la Cultura Occidental, el tiempo representa un enigma. Creemos que somos seres históricos, nos resulta difícil entendernos fuera de una temporalidad; pero explicarnos de esa forma no termina de satisfacernos, nos parece que comprendernos así no nos dice plenamente, en lo más recóndito de nuestros corazones latinoamericanos, lo que somos. Intuimos que somos algo más... Por ello las argumentaciones de la racionalidad occidental no nos bastan y nos sentimos tentados por concepciones del mundo distintas y opuestas a las dominantes en el mundo formal en el que nos movemos. Andariegos andamos en la búsqueda de un discurso que nos haga sentir más cercanos a los latidos de nuestro ser.
El mundo en que vivimos es un mundo difícil. La cultura de la guerra se esta imponiendo en un momento en que requerimos de mayor paz.
Transitar hacia la edificación de un mundo multipolar es el reto de éste tiempo. La elección del Presidente José Luis Rodríguez Zapatero, como Jefe del Gobierno español, presagia para nuestro hemisferio la posibilidad de relacionarnos con Europa, de una nueva manera.
Es por ello que, Pensar a Latinoamérica significa imaginar lo que debemos hacer para salir de la crisis. El advenimiento del siglo XXI nos dice que no basta con superar la crisis actual, sino que es necesario producir una mutación radical de nuestras formaciones sociales. Pensar a Latinoamérica significa, comprender lo que ha sido nuestro proceso sociohistórico, conocer el legado que nos han dejado quienes han dirigido nuestros países, durante el período republicano. Pensar a Latinoamérica significa, conocer las diversas corrientes ideológicas, ubicarlas en su contexto no sólo conceptual sino en el curso de su propia acción, ello habrá de permitir formarnos una visión lo más precisa posible de nuestra realidad, sólo a partir de esta comprensión podremos establecer qué tipo de desarrollo es el que queremos y como lograrlo, conoceremos nuestra realidad cultural, nos reconoceremos como distintos tanto interna como externamente. Pero, pensar a Latinoamérica significa, reconocer a los emergentes movimientos sociales de los pueblos; significa, asumir una postura y un mayor compromiso con la democracia y con los proyectos nacionales, una conducta indiferente hacia ellos ha sido una de las causas más determinantes en el proceso de deslegitimación de los liderazgos nacionales. Pensar a Latinoamérica significa, estar consciente de la necesidad de establecer un Estado eficaz y eficiente, que tenga entre sus prioridades a la educación formal y política; no puede olvidarse que la educación es la institución generadora de ciudadanos. Pensar a Latinoamérica significa, elaborar un análisis que tome en cuenta estas prioridades, sólo así será posible establecer cuándo se rompe en nuestro proceso sociopolítico la relación entre ética y política. Pensar a Latinoamérica significa, en definitiva, decidir el rumbo y responder por él, por tanto reflexionar sobre América Latina no puede ser percibida como una simple utopía, debemos entender que el acto de pensar está impregnado (y debe estar acompañado) de una inmensa pasión, por lo que no es posible pensar si no hay pasión ya que, en definitiva, las acciones pensadas son acciones humanas.
Debemos construir una nueva visión de futuro, que no se inspire en la fe del progreso infinito. En la actualidad el progreso tecnológico se ha convertido en un elemento creador de condiciones para que el sistema político, social y económico sea excluyente, a tal punto que la exclusión constituye una categoría fundamental en el análisis sociológico del presente.
En el presente el norte no es el equilibrio sino el cambio. La sociedad ideal está por construirse. Visión de futuro que es posible fraguar, si entendemos que uno de los mayores retos que tenemos reside –precisamente- en la posibilidad de imaginar a Latinoamérica desde ella misma, a partir de la posibilidad de construir una modernidad propia para salir de la crisis.
El presente impone hacernos de un nuevo concepto del desarrollo. Este compromiso debe asumirse desde una perspectiva y con un propósito proactivo, es decir, elaborar una teoría para luego aplicar políticas útiles y beneficiosas para el desarrollo.
Por tanto, al formular un nuevo modelo de desarrollo para América Latina se debe partir de lo que somos y de lo que aspiramos alcanzar para el bienestar de nuestros pueblos. Ello impone la necesidad de producir un conjunto de cambios estructurales no sólo en lo económico, sino también en lo político y lo jurídico-constitucional, ya que es la formación social de nuestros países la que requiere ser transformada.
Señor Presidente, señores representantes Permanentes y Alternos.
Con su venia, Señor Presidente; y con la de los colegas del grupo ALADI, me siento obligado a hacer en nombre de la Delegación de Venezuela, la siguiente reflexión.
A nuestra mente vuelven hoy las reflexiones expuestas en sus obras por Juan Carlos Mariategui, Leopoldo Zea, José Manuel Briceño Guerrero, Rcichard Konestke y Eduardo Galeano, entre otros, sobre nuestra América y el ser social americano. Frescas están aún en nuestra memoria las reflexiones teóricas que dieron origen a la Teoría de la Dependencia. Sergio Bagú, Teotonio Dos Santos, Fernando Enrique Cardozo y Osvaldo Sunkel, fueron algunos de sus impulsores.
Al recordar la trascendencia histórica del 12 de octubre de 1492, 512 años después, debemos decirlo por respeto a nuestra condición de historiador, un profundo debate se ha abierto en torno de ella, en cuanto a su significación.
Obsoleto resulta enunciar este hecho histórico como el del “Descubrimiento de América”. Las razones que explican su obsolescencia son de diverso orden. Se descubre lo inexistente y el territorio hoy llamado América, para el momento de la llegada del navegante genovés existía, e incluso ya había sido conocido por anteriores “aventureros del mar”. De esta visión surgió la oprobiosa denominación del “día de la raza”, a Dios gracias ya nadie, o muy pocos, la usan.
Hace unas décadas, el despertar de una nueva conciencia sociohistórica comenzó a denominarlo como “el Encuentro de dos Mundos”. Definición más próxima a lo real, pero todavía incompleta.
Ambas consideraciones no son casuales, son el resultado de largas jornadas de reflexión generadas no sólo en el mundo académico, sino que han sido producidas por sectores emergentes, del mundo de la cultura: más importante aún, han sido generadas por sectores indígenas.
El Gobierno Venezolano, presidido por Hugo Chávez Frías, desde hace tres años decidió recordar esta magna fecha desde otra perspectiva. Nos hemos propuesto reivindicar a nuestros pueblos indígenas, como próceres originarios de nuestra nacionalidad. Celebramos el 12 de octubre como el “Día de la Resistencia Indígena”.
Al rescatar nuestras raíces indígenas, le hemos dado un nuevo valor. No se trata de seguir enunciando su existencia y la importancia que tuvieron en el pasado, sino, reivindicar la importancia que tienen hoy como pueblos conformantes de nuestra nación. Nuestros pueblos indígenas no pueden seguir siendo ignorados. Por ello el gobierno venezolano le ha asignado un carácter constitucional a sus derechos.
Señor Presidente, Señores Representantes Permanentes y Alternos,
Han transcurrido 512 años desde la llegada del conquistador ibérico a nuestro suelo y continuamos en deuda con nuestros primeros pobladores. La ocasión es oportuna para recordar que:
En 1989, la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos, a través de la Resolución AG/RES 1549 adoptó el tema como parte de su agenda, encomendándole a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos la elaboración de una declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.
Una década después, en 1999, la Asamblea General de ese año, se volvió a pronunciar sobre el tema al aprobar la Resolución AG/RES 1610, mediante la cual finalmente se aprueba la creación de un Grupo de Trabajo para “considerar un proyecto de Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas”.
Señor Presidente, Señores Representantes Permanentes y Alternos.
La fecha del hecho histórico que hoy recordamos nos parece oportuna para solicitar demos la debida atención al mandato de los Cancilleres en la Asamblea General efectuada en Quito-Ecuador, en junio pasado, a través de la Resolución AG/RES 2029, mediante la cual instruye que se “recomiende una fecha para la conclusión de la etapa final de negociaciones para la adopción del proyecto de Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas”.
Venezuela quiere resaltar, tal como se desprende de las diversas conferencias que se han efectuado en la Organización sobre el tema, que la gran mayoría de los países que conforman nuestra América india y mestiza, han incorporado el elemento multicultural y multiétnico en sus Constituciones y ordenamientos jurídicos internos, reconociendo –de tal manera- los derechos de los pueblos indígenas de nuestros países. Todo parece indicar que la voluntad política en nuestra región está lo suficientemente consolidada para alcanzar tan anhelado consenso sobre esta materia.
En razón de ello la Delegación de Venezuela propone que:
Tomando en consideración que éste Grupo de Trabajo inicia hoy sus consultas para definir la fecha para la conclusión de dichas negociaciones, reiteramos la propuesta de Venezuela, expresada en el marco del Grupo de Trabajo, para que en el 2006, la OEA apruebe este instrumento. Tenemos la convicción de que, dada la magnitud del paso que estaríamos dando, su aprobación debe efectuarse en una Asamblea General Extraordinaria, con la participación de Representantes de los Pueblos Indígenas de nuestros países.
Gracias Señor Presidente y demás Colegas de este foro.