Conferencia dictada en el Teatro Teresa Carreño

 

“LOS DERECHOS HUMANOS

EN EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI”

 

Jorge Valero

Viceministro para América del Norte

y Asuntos Multilaterales

Caracas, 13 de noviembre de 2006

 


 

 

I

 

En la República Bolivariana de Venezuela se discute sobre el Socialismo del Siglo XXI. El Presidente Hugo Chávez nos  invita a reflexionar sobre un proyecto de sociedad, que encarne las aspiraciones del pueblo venezolano. Es una reflexión que demanda originalidad y honestidad intelectual, pues se trata de  diseñar los contenidos ideológicos, políticos, filosóficos y programáticos d el Socialismo venezolano, en las actuales circunstancias históricas.

 

Consideramos que esta reflexión debe tomar en cuenta las experiencias del Socialismo del siglo XX; su legado y sus falencias. Y, en ese marco, la reflexión trasciende lo nacional. En otras tierras  también se discute sobre el Socialismo del Siglo XXI.

 

Quienes creemos en el Socialismo invitamos a quienes no comparten nuestras Convicciones, a participar en esta reflexión, a la cual se acuda, con ánimo de escuchar los distintos aportes y opiniones de quienes adhirieron la Constitución Bolivariana. Bienvenidos al debate los venezolanos y venezolanas de todas las corrientes y tendencias del universo político, intelectual y cultural.

 

Para quien les habla el Socialismo del Siglo XXI debe ser nacional, popular, democrático y, de suyo inspirado en los principios superiores del Humanismo.

 

El pensamiento ductor de Simón Bolívar que giró siempre en torno a la libertad y la independencia; el legado filosófico-docente de Simón Rodríguez, que quiso poblar la república de republicanos y la mirada universal de Miranda, que soñó un continente con una sola patria, constituyen el mejor legado para edificar el Socialismo del Siglo XXI.

 

El Socialismo del Siglo XXI debe ser solidario e integralmente humano. La solidaridad implica reconocer en el otro al ser que nos habita.

 

El Humanismo representa el esfuerzo realizado por el ser humano, a lo largo de la historia, por trascender la opresión, elevarse a través del conocimiento, y salvarse mediante el amor al semejante.

 

Marx y Engels, en 1848, al escribir “El Manifiesto”, hicieron una magistral síntesis del conocimiento humano más avanzado de su época: la Filosofía alemana, el Socialismo Utópico francés, la Economía Clásica inglesa.

 

Hegel es llevado del círculo dialéctico del pensamiento, a la dialéctica de la historia de las clases sociales y sus luchas, como motor de la historia.

 

En 1871 Rimbaud, con su poesía deslumbrante y dando cuenta a Verlaine de su experiencia de combatiente en la Comuna de París, invitara a: “Transformar el mundo y cambiar la sociedad”. Era la del gran bardo, una “escritura febril y visionaria del amor insurrecto capaz de transformarlo todo”. Y el poeta universal William Blake clama: “Lo que ahora está comprobado, antes solo fue imaginado”[1].

 

El Socialismo del siglo XXI tiene que ser una síntesis del pensamiento humano mas avanzado de nuestra época. Por eso debe reivindicar el legado filosófico y político que justifica la epopeya humana de la libertad, de la justicia y de la igualdad. En esa tentativa, los Derechos Humanos constituyen la salvia vital que lo posibilita.

 

El Socialismo del siglo XXI debe inspirarse en las raíces libertarias, igualitaria y justicieras, que emergen de la realidad venezolana y sus luchas históricas de nuestro pueblo;  luchas que se concatenan con las que, en otros espacios geográficos, adelantan otros pueblos hermanos del mundo.

 

El Socialismo del Siglo XXI debe estar sustentado en los principios de solidaridad, paz, justicia, igualdad y libertad, contenidos en nuestra Constitución Bolivariana. Nuestro texto constitucional reivindica y desarrolla, para este nuevo tiempo, el legado de la Declaración de los Derechos del Hombre, de la Revolución Francesa; de la Carta de San Francisco de 1945, ratificada en 1976, por las Naciones Unidas. Asimismo, del Pacto de los Derechos Civiles y Políticos y del Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, ambos aprobados por la ONU en 1976.

 

Pero nuestra Constitución, a diferencia de las anteriores, no es un compendio de principios incumplidos. Es una Constitución viva y actuante, gracias a la voluntad política y la acción del gobierno del Presidente Hugo Chávez Frías absolutamente comprometido en aplicarla. 

 

Nuestra Constitución consagra la universalidad e indivisibilidad de los derechos humanos. Articula armoniosamente tanto los derechos civiles y políticos, como los derechos económicos, sociales y culturales. 

 

El Socialismo del Siglo XXI que queremos construir en Venezuela,  se propone profundizar y ampliar las conquistas alcanzadas por nuestro pueblo en el ejercicio y goce de las libertades democráticas. Esa es la democracia participativa.

 

Queremos, entonces, construir un Socialismo para el Siglo XXI, en el cual se respeten y garanticen verdaderamente los derechos humanos y las libertades fundamentales, consagrados en nuestra Constitución y en instrumentos de carácter universal, como el Pacto de los Derechos Civiles y Políticos, y el Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, ambos aprobados por las Naciones Unidas –pero en forma separada- en 1976.

 

Permítanme hacer una disgreción sobre este tema. Estos Pactos se aprueban en plana Guerra Fría. En ese contexto, un bloque de países daban preeminencia a los derechos políticos y civiles; otros, en cambio, privilegiaban los derechos económicos, sociales y culturales. Unos privilegiaban la libertad en desmedro de la justicia; otros la justicia en desmedro de la libertad.

 

La Constitución ha superado esa contradicción al darle igual validez a los derechos civiles y políticos como a los derechos económicos, sociales y culturales.

 

El respeto a los derechos humanos -a todos los derechos humanos- es un principio constitucional fundamental e indispensable de la política del Estado venezolano, y, por lo tanto, debe ser componente fundamental e indispensable del Socialismo del Siglo XXI.

 

El Socialismo del Siglo XXI se propone superar las miserias del capitalismo salvaje. Un capitalismo subdesarrollado y fuertemente anclado a una globalización igualmente salvaje.

 

Se trata de un Socialismo de nuevo tipo. Un socialismo que supera las miserias del Socialismo autoritario y represivo, que fracasaría estruendosamente en Euroasia.

 

El Socialismo del Siglo XXI otorga primordial importancia a los valores éticos y morales. Busca el bien común mediante la superación de las carencias materiales y espirituales que afligen a nuestro pueblo.

 

Los principios rectores del Socialismo del Siglo XXI están en la Constitución Bolivariana. Esta debe servir de guía -a todos los venezolanos sin exclusión-  para la construcción de la nueva sociedad fundada en la igualdad, la libertad, la justicia y la solidaridad. Principios que nacieron en la Revolución Francesa, pero que no pudieron ser realizados en el marco de Capitalismo que se conformó después de la Revolución Industrial del Siglo XIX.

 

Construir el Socialismo del Siglo XXI es una tentativa fascinante, que se deriva de un compromiso ético con los excluidos.

Ahora “Venezuela es de Todos”. Es un hermoso lema que nuestro gobierno difunde por medios de comunicación social.  No es éste un slogan propagandístico. Es una propuesta ética que invita a todos sectores de la vida nacional, a compartir solidariamente las prodigiosas riquezas de nuestra tierra. Que invita a superar la pobreza y a construir una sociedad de iguales.

La metodología para construir el Socialismo del Siglo XXI, debe superar la metodología que utilizaran los teóricos del Socialismo del siglo XIX y XX. De suyo debe ser una metodología que incorpora los nuevos avances de la Ciencia y la Tecnología; los aportes del Humanismo del Siglo XXI;  los valores de la libertad y la justicia, que se han recreado y oxigenado, en las luchas populares de las últimas décadas.

El Socialismo del Siglo XXI debe también aprender de  las lecciones de la Historia, que son hijas de un duro aprendizaje: del fracaso del llamado “Socialismo Real”, tan alejado del ser humano, que el ser humano reaccionó contra él. Parodia del Capitalismo de Postguerra, obsesionado por la productividad y el consumismo.

Creo firmemente que el Socialismo del Siglo XXI debe incorporar el registro visionario de la poesía, siempre en trance de alejarse de lo inmediato, para comprender -desde la distancia del hecho artístico- el mundo que nos oculta la realidad formal.

Y ahí oteo a Vicente Gerbasi con su visión cosmogónica de la nueva patria y el trópico; a Juan Sánchez Peláez con la íntima contemplación trascendental de su poética; a Ludovico Silva legándonos la alegría de vivir en “In vino veritas”; al chino Valera Mora cantando revolución y “amaneciendo de bala”; a Caupolican Ovalles acompañando a Argimiro Gabaldón por las Tierras del Crepúsculo, cantando luego en épico responso, un elogio a su vida.

Igualmente oteo a Ramón Palomares atisbando desde un ventisquero de los Andes las piedras que articulan nuestro ser espiritual y la vida de los seres cordilleranos:

 

“Yo soy el mago que enseña la gloria”.

“Estoy en la mata del sueño…”

“Beberás el agua mágica…

Toma el viento entre los dedos

y estréllalo”.

“No vuelvas la cara

hacia donde espanta la noche.

El Socialismo del Siglo XXI no se parece al Socialismo del Siglo XX. Este negó la participación real del pueblo en las decisiones que comprometían su destino. De hecho, una despótica burocracia secuestraba la voluntad colectiva.

El Socialismo del Siglo XXI es, en cambio, profundamente democrático. Fomenta el pluralismo y el acatamiento de la voluntad popular. Alienta la participación democrática de todos los actores sociales. Es ajeno al estatismo absoluto de la economía. Postula la preeminencia de la economía social, colectiva y solidaria, sin prescribir la propiedad privada. El respeto a los derechos humanos y su plena vigencia es la razón de ser del Socialismo del Siglo XXI.

 

        Cuando expresamos que el Socialismo del Siglo XXI respeta y garantiza el  disfrute pleno de los derechos humanos, estamos hablando de los derechos civiles y políticos, que incluyen, entre otros, el derecho a la vida, la libertad de pensamiento y expresión, la seguridad personal y el derecho al voto. Pero estamos hablando también, de los derechos económicos, sociales y culturales que incluyen, inter alia, el derecho a la alimentación, la salud, la educación, al trabajo, la vivienda, la protección social y a la identidad cultural. Las Misiones sociales que adelanta el Gobierno Bolivariano son expresiones concretas del disfrute de estos derechos.

 

Consideramos que existen condiciones objetivas y subjetivas para construir el Socialismo del Siglo XXI, en Venezuela:

 

·        La voluntad política del gobierno;

·        el respaldo popular al gobierno del Presidente Chávez;

·        las condiciones favorables de la economía venezolana;

·        el entorno político favorables en América Latina y el Caribe; y

·        la debilidad relativa del Imperialismo en la actual coyuntura histórica.

 

El Socialismo del Siglo XXI se gesta en venezuela en el marco de un proceso revolucionario, de carácter democrático y pacífico, que tiene su marco legal en la Constitución de la República.

 

Pareciera un contrasentido hablar de revolución pacífica, cuando las revoluciones en la historia han estado marcadas por la violencia. Ya lo había dicho Carlos Marx: “la violencia es la partera de la historia”.

 

El Socialismo del Siglo XXI, en cambio, se construye mediante métodos democráticos y pacíficos, creando condiciones para la emergencia de una cultura de paz y tolerancia. Pero no hay que desconocer que existen sectores dispuestos a recurrir a cualquier medio –incluso la violencia- para impedir que el proceso revolucionario venezolano, tenga éxito.

 

El Socialismo del Siglo XXI opta por la democracia participativa y protagónica; por el ejercicio cotidiano del poder popular. Ejemplos de esta democracia son el referéndum popular, los consejos comunales y la contraloría social. Instancias desde las cuales se vigila y monitorea la transparencia de la gestión pública. En el Socialismo del Siglo XXI el ciudadano incorpora la conciencia de sus derechos, como un hábito más de su vida cotidiana.

 

 

II

 

El Socialismo del Siglo XXI reivindica la dignidad del ser humano, sin discriminación alguna de edad, religión, sexo, condición social. En ese sentido, los derechos humanos están en continuo proceso de enriquecimiento, al tenor de los cambios históricos.

 

El Socialismo del Siglo XXI hace posible el Estado Social de Derecho y de Justicia. En ese contexto, la democracia y los derechos humanos son dos caras de una misma moneda. No puede existir una verdadera democracia si no se garantizan todos los derechos humanos.

 

El Socialismo del Siglo XXI asume la Declaración y Programa de Acción de Viena, aprobada por la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, celebrada el 5 de junio de 1993.

 

En ella se señala que “todos los derechos humanos son universales, indivisibles e interdependientes y están relacionados entre sí. La comunidad internacional debe tratar los derechos humanos de forma global y de manera justa y equitativa, en pie de igualdad y dándoles a todos el mismo peso. Debe tenerse en cuenta la importancia de las particularidades nacionales y regionales, así como de los diversos patrimonios históricos, culturales y religiosos, pero los Estados tienen el deber, sean cual fueren sus sistemas políticos, económicos y culturales, de promover y proteger todos los derechos humanos y las libertades fundamentales”.

 

Nuestra Constitución se ha puesto a tono con las doctrinas más avanzadas en materia de derechos humanos.  Las que se plantean construir sociedades en las cuales se universalicen estos derechos.

 

Los plumíferos del Neoliberalismo y sus dueños imperialistas han querido imponer una tesis ilusoria: que la democracia sólo es posible dentro de un Estado liberal; un Estado en el que sólo es necesario garantizar los derechos civiles y políticos de los ciudadanos, en especial, el derecho al sufragio.

 

Han querido imponer un modelo único de democracia. El de la “democracia representativa” que dice defender los derechos civiles y políticos, pero se opone a la vigencia y observancia de los derechos económicos, sociales y culturales. Se trata de una visión reduccionista de la democracia que la realidad continuamente desmiente.

 

Se trata de “democracias de sufragio” sin aliento social y popular. Estas “democracias” han profundizado las desigualdades, la discriminación y la exclusión social en nuestro continente.

 

El Socialismo del Siglo XXI es una alternativa para luchar eficazmente contra la miseria, la explotación, la guerra y la dominación; flagelos que sostienen la civilización del capital.

 

Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha demostrado que en América Latina existe un alto índice de insatisfacción “en” la democracia. Sostiene que es necesario ir más allá de una “democracia electoral”. Señala que esta insatisfacción proviene, principalmente, del incumplimiento, por parte del Estado, de los derechos económicos, sociales y culturales.

 

En América Latina y el Caribe habitan más de 240 millones de pobres. De éstos casi 100 viven en condiciones de pobreza extrema; aberrante situación que se produce a pesar del constante crecimiento económico mundial. Esto plantea graves interrogantes no solo sobre el desarrollo, sino también sobre los derechos humanos básicos. Superar esta perversa situación, que muestra patéticamente el fracaso del Capitalismo subdesarrollado, constituye el principal desafío del Socialismo del Siglo XXI.

 

Lograr la vigencia plena de los derechos humanos es el gran desafío del Socialismo del Siglo XXI. Plantea, el Siglo XXI, el reto de un nuevo renacimiento de la especie humana.

 

El Siglo XVI legó a la humanidad la luminosidad de la pintura de Leonardo, Miguel Ángel y Boticelli; los descubrimientos científicos de Galileo; el retorno de la cultura Greco Romana de manos de los sabios áranes de Toledo y Bagdad; la sabia filosofía de Erasmo; la poética de Dante y Tetrarca y la ingeniosa hazaña humana de Don Quijote y Cervantes.

 

El Siglo XXI sería el renacimiento del pensamiento utópico que condujo a la Comuna de París, a las revoluciones del Siglo XX, hoy desvanecidas, para sembrarlo en el surco propicio de nuestro país que en el pasado conquistó libertades, y ahora aspira ver florecer la libertad, la igualdad, la justicia y la solidaridad entre los seres humanos.

 

 

 

El Socialismo del Siglo XXI nos convoca, cuando evocamos las palabras de Saramago:

 

“Un clamor tal que volverá de casa en casa, de ciudad en ciudad, saltando por encima de las fronteras, lanzando puentes sonoros sobre ríos y mares, por fuerza tendría que despertar al mundo adormecido…”

 

 

 

 

Caracas, 13 de noviembre de 2006.


 

[1] “El Matrimonio del cielo y del infierno”. Poesía Hiperión, Madrid, 2001, p. 229.