Palabras del Embajador Nelson Pineda Prada,
presidente del Grupo de Trabajo para la Organización de la Primera Reunión sobre el Tema de Trata de Personas

ACTO DE INSTALACION
Porlamar, 14 de marzo de 2006

 

 

 

 

 

 

Nos reúne en esta hermosa isla del Caribe venezolano un tema que comienza a ser analizado en la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Dando cumplimiento a los mandatos establecidos en las resoluciones:  “Combate al Delito de la Trata de Personas, especialmente Mujeres, Adolescentes, Niñas y Niños”; “Lucha contra la Delincuencia Organizada Transnacional en el Hemisferio” y “Combate al Delito de Trata de Personas”, las dos primeras aprobadas en la Asamblea General de la Organización celebrada en Quito, Ecuador, en junio de 2004; y la tercera, aprobada en la Asamblea General realizada en Fort Lauderdale, Florida, Estados Unidos, en junio de 2005, en las que las más altas autoridades de los países miembros de la OEA, se reúnen en este magno evento, en representación de nuestros Estados y sus Gobiernos.

Intenso fue el debate adelantado en el Grupo de Trabajo estructurado para la organización de este evento. Conscientes estábamos que por lo novedoso del tema, y las conexiones que el mismo tiene con otras áreas de la problemática social, jurídica, política y cultural, éste tenía que ser abordado desde una perspectiva integral, holística.

La trata de personas representa un grave problema por la complejidad y la envergadura que está adquiriendo como sistema delictivo, la relativa impunidad con la que actúan los delincuentes como consecuencia de la falta de legislación nacional e internacional al respecto y el entramado de redes de corrupción a distintos niveles entre los países de origen, tránsito y destino de las víctimas que ocultan el proceso y eliminan los elementos que definen su identidad, destacamos que éste haya sido analizado, en muchos casos, como simples problemas migratorios.

No había espacio –de tal manera- para abordar la “la trata de personas” desde una visión reduccionista. Y no puede haberlo porque el auge y crecimiento de la “trata de personas” es una consecuencia de las desigualdades económicas y sociales existentes en nuestro Hemisferio. Razones éstas que han determinado el acelerado crecimiento de la pobreza, la inequidad y la exclusión social.

Qué vamos a hacer con los más de 240 millones de pobres que tenemos en América, es una pregunta que requiere de una respuesta urgente. Ha llegado la hora de diseñar un modelo de desarrollo que tenga al americano como el centro de su razón social. Que se elabore a partir de lo que nuestros pueblos son y quieren ser. Que le redima a los habitantes de nuestro Hemisferio su condición de seres humanos. Que les devuelva su felicidad, que exista justicia social.

Son éstas razones las que deben llevarnos –como conclusión de esta reunión- a declarar nuestro compromiso de elaborar políticas sociales justas, a mejorar nuestras normas jurídicas adecuándolas a las realidades existentes en este tiempo, con miras a desarrollar acciones de prevención y combate eficaces a la trata de personas, especialmente a las mujeres y niños y niñas. Acciones que resultarán exitosas si tenemos presente que la prevención y el combate de la trata de personas requiere de un enfoque amplio e integral, que entienda que no se trata sólo de un problema de carácter policial, sino que siendo, como es, un problema determinado por variadas causas, su control, superación y erradicación, requerirá de medidas para prevenir dicha trata, sancionar a los traficantes y proteger a las víctimas de ella. Acciones que deben ser emprendidas con estricto respeto de los derechos humanos internacionalmente reconocidos.

Los altos niveles delictivos y de criminalidad que la “trata de personas” ha alcanzado en algunos países del Hemisferio en los últimos años, deben llamarnos a la reflexión. Las repercusiones económicas, sociales, políticas, éticas y morales que genera, tanto en la vida interna de nuestros países como en el concierto de naciones del Hemisferio, por ser éste un delito ejecutado por organizaciones de la delincuencia internacional, nos dice que su combate no tiene espera.

Debemos entender que la trata de personas hace frágil las estructuras sociales de nuestros países. Hace más vulnerables a las mujeres, adolescentes, niños y niñas que viven en condiciones de pobreza.

Debemos entender que el bajo nivel educativo de las víctimas, reduce sus oportunidades económicas futuras y los vuelve más vulnerables.

Debemos tener muy presente el hecho de que bajo la excusa de proteger a las víctimas del tráfico, muchas veces se justifica la persecución y represión inhumana, violadora de los más elementales derechos humanos de los migrantes.

Debemos entender que una lucha efectiva contra la trata de personas debe enfocarse en los tres aspectos que le imprimen un carácter comercial: la oferta, los tratantes y la demanda.

En cuanto a la oferta, debemos enfrentar con decisión las condiciones que favorecen el delito.

En cuanto a los tratantes, debemos definir con claridad los delitos relacionados con el tráfico de personas para fijar leyes y penas similares a nivel nacional, regional e internacional.

En cuanto a la demanda, se debe identificar, perseguir y condenar a quienes explotan a personas que han sido objeto de tráfico.

Es por ello que estamos aquí reunidos. De este encuentro debemos salir inundados de optimismo, convencidos de que la derrota de la trata de personas es posible si la enfrentamos superando las causas fundamentales que la generan: la desigualdad, la inequidad y la exclusión social.

Esta una tarea de todos. Gobiernos, sociedad civil, sectores religiosos, económicos, políticos y culturales. Nos sentimos contentos al constatar que todos ellos están presentes en esta Reunión.

Concluyo estas palabras agradeciendo el valioso esfuerzo y el alto espíritu de cooperación desarrollado en el Grupo de Trabajo que me correspondió presidir para la organización de este evento. Injusto sería de mi parte, si no reconociese, igualmente, los valiosos aporte de la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM), el abnegado esfuerzo demostrado por el personal de la Secretaría General, de la Oficina de Asuntos Jurídicos, de la Secretaría de Cumbres, de la Oficina de Reuniones y Conferencias de la OEA.

Permítaseme agradecer, infinitamente también, el esfuerzo realizado por mi Gobierno, a través del Ministerio Interior y Justicia y de Relaciones Exteriores, para que este evento que hoy instalamos, nos lleve a encontrar el camino para derrotar el delito de la trata de personas, especialmente, mujeres niños y niñas.