OPINION

La OEA y el diálogo en Venezuela

Jorge Valero *

 

Foto Embajador Articulos.jpg (17854 bytes)

 

El golpe de Estado del 11 de abril significó una abrupta interrupción del orden democrático y constitucional. El hemisferio parecía retrotraerse a aciagas situaciones del pasado, signadas por el quebrantamiento de las libertades fundamentales y el irrespeto de los derechos humanos.

Gobernantes democráticamente electos eran removidos del ejercicio de sus funciones mediante golpes de Estado, sin que insurgieran movimientos sociales y políticos con fuerza suficiente para restituirlos en el poder. No fue así el caso de Venezuela. Hecho sin precedentes en la historia política de nuestro continente.

Los ministros de Relaciones Exteriores de los 34 países del continente adoptaron, en el marco de la Asamblea General de la OEA, el pasado 18 de abril, en Washington, una resolución denominada Apoyo a la democracia en Venezuela, donde acordaron: “Brindar el apoyo y la ayuda de la OEA que el Gobierno de Venezuela requiera para la consolidación de su proceso democrático”.

De igual forma aprobaron “Respaldar la iniciativa del Gobierno de Venezuela de convocar de manera inmediata a un diálogo nacional, sin exclusiones, y exhortar a todos los sectores de la sociedad venezolana para que participen en el mismo con sus mejores y más decididos esfuerzos, a fin de lograr el pleno ejercicio de la democracia en Venezuela, con pleno apego a la Constitución, y tomando en cuenta los elementos esenciales de la democracia representativa contenidos en los artículos 3 y 4 de la Carta Democrática Interamericana”.

Las primeras palabras del presidente Hugo Chávez, al reasumir sus funciones como jefe del Estado, estuvieron dirigidas a propiciar un clima de reconciliación nacional. Su disposición a impulsarlo no ha quedado en promesas. Estableció, mediante decreto presidencial, la Comisión para el Diálogo que coordina el nuevo vicepresidente ejecutivo de la República, doctor José Vicente Rancel, personalidad de probada trayectoria democrática. El diálogo busca auscultar la opinión de los más amplios sectores en la búsqueda de soluciones consensuales a los principales problemas que gravitan sobre la gobernabilidad en Venezuela. Los consensos alcanzados se convertirán en pautas para las políticas que lleven adelante todos los poderes del Estado.

El amplio debate que tiene lugar en Venezuela refleja las urgencias de cambio que demanda el país en todos los órdenes. Cambio que debe ser, necesariamente, de naturaleza progresista. Un verdadero desafío histórico. La mayoría determinante del país aspira profundizar y perfeccionar la democracia armonizando la vigencia del estado de derecho, con un estatuto de equidad económico–social. Democracia y justicia son dos caras de la misma moneda.

En Venezuela se ha intensificado, como nunca, la participación política. Expresión inequívoca del pluralismo que caracteriza a una sociedad democrática. La disidencia, que es absolutamente necesaria para perfeccionar la democracia, nunca había tenido en nuestro país tantas posibilidades de expresarse. La represión, en diversas formas, ha sido la receta aplicada a quien irrumpe, en nuestro continente, contra los poderes constituidos.

El Gobierno reconoce la solidaridad mostrada por la OEA en momentos cruciales para la vida democrática del país. Espera, a la luz del proceso de diálogo y reconciliación que se adelanta, consolidar acuerdos fecundos y constructivos. Estaría inclinado a solicitar el apoyo específico del máximo organismo hemisférico, en caso de que éste fuera necesario, para profundizar y perfeccionar su institucionalidad democrática.

En esta hora, cuando las tensiones políticas han alcanzado elevada temperatura en Venezuela, la concertación creativa e inteligente constituye la única vía para encontrar soluciones a los conflictos de intereses que se presentan en nuestra sociedad.

* Embajador venezolano ante la OEA