Abundante
el vocabulario que nutre nuestro idioma. Con él designamos la infinita diversidad
fáctica y mítica que integra la realidad natural y
social dentro de la cual coexiste la especie humana. Paz, diálogo y reconciliación nacional; palabras
claves que, en esta hora crucial de la historia, deberían conformar el credo de
todos los sectores e instituciones de la sociedad venezolana.
Con la designación de la Comisión Presidencial para el Diálogo Nacional,
quiso el Presidente Hugo Chávez Frías promover la creación de un mecanismo que permita
procesar las naturales diferencias que emanan del debate democrático. Garantizar la paz, fortalecer las instituciones
democráticas e impulsar un desarrollo equitativo, justo y solidario de la sociedad
venezolana, son objetivos que se propone el Gobierno en aras de la reconciliación
De particular importancia la visita que realizó a Venezuela, por invitación
del Gobierno nacional, el ex Presidente Jimmy
Carter. Sus buenos oficios resultaron
altamente positivos. Contribuyeron a
ensanchar los espacios para el diálogo y desalentaron tentativas antidemocráticas que
aunque minoritarias están aún presentes en el paisaje político venezolano.
Posteriormente, funcionarios de la OEA, del
PNUD-ONU y de la Fundación Carter visitaron nuestro país. Aunque informal y oficiosa,
también dio sus frutos.
El Consejo Permanente de la OEA, en su reunión
del pasado miércoles 14 de agosto, resolvió Saludar la iniciativa del Gobierno de
Venezuela de impulsar y realizar un proceso de diálogo que cuente con la participación
de todos los sectores del país y con el apoyo de la Comunidad internacional.
Las tentaciones dictatoriales y antidemocráticas no han desaparecido
del actual escenario continental. La Carta Democrática Interamericana constituye una
referencia obligatoria en cuanto a teoría y filosofía democrática, ya que contiene los
principios fundamentales que deben regir el sistema político de las Américas. Documento
histórico que establece salvaguardas suficientes para respaldar los gobiernos nacidos del
voto popular, al igual que promueve -en un nuevo contexto internacional- la solidaridad
regional. Por esto, la Asamblea General
de la OEA, en sus dos últimas reuniones, ha rechazado firmemente el golpe de Estado en
Venezuela.
La Asamblea General Extraordinaria celebrada en Washington, expresó su satisfacción por el restablecimiento del
orden constitucional y del gobierno democráticamente elegido del Presidente Hugo Chávez
Frías. Resolvió, así mismo Respaldar
la iniciativa del Gobierno de Venezuela de convocar de inmediato a un diálogo nacional,
sin exclusiones, y exhortar a todos los sectores de la sociedad venezolana para que
participen en el mismo, con sus mejores y más decididos esfuerzos a fin de lograr el
pleno ejercicio de la democracia en Venezuela.
La Asamblea General de Barbados, por su parte, reiteró la condena al golpe
de Estado. Según la OEA, el 11 de
abril de 2002 se produjo una ruptura
de la democracia. En Venezuela existió extraño es que se dude- un
quebrantamiento del estado de derecho, una disolución estrafalaria y violenta de todas
las instituciones legítimas del Estado. El dictador se atribuyó potestades infinitas.
Los golpistas (civiles y militares) que por
fortuna estuvieron en el poder por pocas horas, mostraron su naturaleza represiva y
anti-popular.
En muchos sentidos, en Venezuela se juega el destino de la democracia en
América Latina. Nuestra patria se ha
convertido en un verdadero laboratorio para la construcción no exenta de
contradicciones de un país verdaderamente democrático. Las seculares iniquidades
económicas, sociales y culturales, deben ser cuestionadas; superarlas es un imperativo
ético. El Gobierno ha hecho de la lucha
contra la pobreza la razón de su existencia. No
es casual que los sectores más pobres y excluidos de la sociedad venezolana lo defiendan
con tanta esperanza.
* Embajador venezolano ante la OEA