OPINION

OEA, Diálogo y Golpe de Estado

Jorge Valero *

 

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Abundante el vocabulario que nutre nuestro idioma. Con él designamos la infinita diversidad fáctica y mítica que integra la realidad natural y   social dentro de la cual coexiste la especie humana.  Paz, diálogo y reconciliación nacional; palabras claves que, en esta hora crucial de la historia, deberían conformar el credo de todos los sectores e instituciones de la sociedad venezolana. 

Con la designación de la Comisión Presidencial para el Diálogo Nacional, quiso el Presidente Hugo Chávez Frías promover la creación de un mecanismo que permita procesar las naturales diferencias que emanan del debate democrático.  Garantizar la paz, fortalecer las instituciones democráticas e impulsar un desarrollo equitativo, justo y solidario de la sociedad venezolana, son objetivos que se propone el Gobierno en aras de  la reconciliación              

De particular importancia la visita que realizó a Venezuela, por invitación del Gobierno nacional,  el ex Presidente Jimmy Carter.  Sus buenos oficios resultaron altamente positivos.  Contribuyeron a ensanchar los espacios para el diálogo y desalentaron tentativas antidemocráticas que –aunque minoritarias– están aún presentes en el paisaje político venezolano. Posteriormente,  funcionarios de la OEA, del PNUD-ONU y de la Fundación Carter visitaron nuestro país. Aunque informal y oficiosa, también dio sus frutos.

El Consejo Permanente de la OEA, en su  reunión del pasado miércoles 14 de agosto, resolvió “Saludar la iniciativa del Gobierno de Venezuela de impulsar y realizar un proceso de diálogo que cuente con la participación de todos los sectores del país y con el apoyo de la Comunidad internacional”.

 Las tentaciones dictatoriales y antidemocráticas no han desaparecido del actual escenario continental. La Carta Democrática Interamericana constituye una referencia obligatoria en cuanto a teoría y filosofía democrática, ya que contiene los principios fundamentales que deben regir el sistema político de las Américas. Documento histórico que establece salvaguardas suficientes para respaldar los gobiernos nacidos del voto popular, al igual que promueve -en un nuevo contexto internacional- la solidaridad regional.  Por esto,  la Asamblea General de la OEA, en sus dos últimas reuniones, ha rechazado firmemente el golpe de Estado en Venezuela.

La Asamblea General Extraordinaria celebrada en Washington, expresó su  “satisfacción por el restablecimiento del orden constitucional y del gobierno democráticamente elegido del Presidente Hugo Chávez Frías”.  Resolvió, así mismo “Respaldar la iniciativa del Gobierno de Venezuela de convocar de inmediato a un diálogo nacional, sin exclusiones, y exhortar a todos los sectores de la sociedad venezolana para que participen en el mismo, con sus mejores y más decididos esfuerzos a fin de lograr el pleno ejercicio de la democracia en Venezuela”.
La Asamblea General de Barbados, por su parte, reiteró la condena al golpe de Estado. Según la OEA,
el 11 de abril de 2002 se produjo una  “ruptura de la democracia”. En Venezuela existió –extraño es que se dude- un quebrantamiento del estado de derecho, una disolución estrafalaria y violenta de todas las instituciones legítimas del Estado. El dictador se atribuyó potestades infinitas. Los golpistas (civiles y militares)  que por fortuna estuvieron en el poder por pocas horas, mostraron su naturaleza represiva y anti-popular.

En muchos sentidos, en Venezuela se juega el destino de la democracia en América Latina.  Nuestra patria se ha convertido en un verdadero laboratorio para la construcción –no exenta de contradicciones– de un país verdaderamente democrático. Las seculares iniquidades económicas, sociales y culturales, deben ser cuestionadas; superarlas es un imperativo ético.  El Gobierno ha hecho de la lucha contra la pobreza la razón de su existencia.  No es casual que los sectores más pobres y excluidos de la sociedad venezolana lo defiendan con tanta esperanza.

 

* Embajador venezolano ante la OEA