OPINION

Diálogo y Conflicto

Jorge Valero *

 

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 El diálogo representa la victoria de la razón.  Camino para prevenir y superar los conflictos que surgen en la sociedad cuando, según Christopher Mitchell y Giselle Huamani del Instituto para el Análisis y la Resolución de Conflictos de la Universidad George Mason, “las partes no están de acuerdo sobre la distribución de recursos materiales o simbólicos y actúan basándose en estas incompatibilidades percibidas”. 

El conflicto es, según los citados académicos, un fenómeno social multidimensional que caracteriza la existencia humana; alimenta el proceso de la historia, el cambio social y la transformación.  El diálogo, a su vez, procura alcanzar la coexistencia entre los miembros de una comunidad, sin borrar las contradicciones políticas o culturales.  El reconocimiento de las diferencias es imprescindible para lograr la comprensión mutua.  El diálogo humaniza a la sociedad.

El Presidente Chávez ha promovido el establecimiento de la Comisión Presidencial para el Diálogo que coordina el Vicepresidente José Vicente Rangel;  mecanismo  para procesar diferencias que emanan del debate democrático.  El Gobierno, en aras de lograr la reconciliación, ha ensanchado espacios de participación ciudadana, respetando el pluralismo y la disidencia, a fin de alcanzar un desarrollo justo de la sociedad. 

El Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos aprobó, recientemente, una Resolución presentada por la Misión Diplomática de Venezuela denominada, Apoyo al Proceso de Diálogo en Venezuela, en la cual se reitera la disposición de la OEA de “brindar el apoyo y la ayuda que el Gobierno de Venezuela requiera para la realización del proceso de diálogo y la consolidación de su proceso democrático”.  El organismo invita a todos los sectores para que participen en el debate nacional, respetando los principios de la Constitución, con el propósito de alcanzar la reconciliación del pueblo venezolano.

       Las bases preliminares para que el acuerdo sea posible parecieran estar sentadas.  Esto no significa que los enemigos del diálogo y propulsores de desvaríos dictatoriales y antidemocráticos hayan desaparecido del actual mapa político.  El diálogo tiene que estar inspirado en principios democráticos. Todo lo que se realice en el marco del Estado de Derecho es legítimo.  Cualquier acción que vulnere sus preceptos debe ser condenada. 

Hemos de subrayar que la mayoría de los venezolanos rechaza los llamados que hacen predicadores de la violencia a desconocer el orden constitucional.  Los voceros del golpe de Estado y de la guerra civil, tienen cada vez menos eco en un pueblo que participa activamente en la defensa de sus derechos.

La Carta Democrática Interamericana establece salvaguardas para defender los gobiernos legítimamente electos, desarrollando -en un nuevo contexto internacional- la solidaridad continental.  Por ello la OEA, en su Asamblea General Extraordinaria celebrada en Washington, rechazó firmemente el golpe de Estado y expresó, “satisfacción por el restablecimiento del orden constitucional y del gobierno democráticamente elegido del Presidente Hugo Chávez Frías en la República Bolivariana de Venezuela”.  Igualmente decidió “Respaldar la iniciativa del Gobierno de Venezuela de convocar de inmediato a un diálogo nacional, sin exclusiones, y exhortar a todos los sectores de la sociedad venezolana para que participen en el mismo, con sus mejores y más decididos esfuerzos a fin de lograr el pleno ejercicio de la democracia en Venezuela.”

El diálogo constituye una necesidad impostergable.  Por estos días afloran en todos los ámbitos de la sociedad venezolana encomiables iniciativas que lo alientan.  El Gobierno está comprometido con ese desafío y ha solicitado la facilitación de la OEA, el PNUD y el Centro Carter, para profundizarlo. 

* Embajador venezolano ante la OEA