OPINION

Nueva agenda hemisférica

Jorge Valero *



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Más de 240 millones de pobres habitan nuestro continente. De éstos — casi 100— viven en condiciones de pobreza extrema. Superar esta perversa y aberrante situación, que muestra patéticamente el fracaso del modelo neoliberal, constituye el principal desafío que encaran las democracias del Hemisferio. Escabroso e interesante el camino que transitamos para colocar la agenda social al más alto nivel en la Organización de los Estados Americanos.

Esfuerzos que se expresaron, en forma exitosa, con la Reunión sobre Pobreza, Equidad e Inclusión Social que tuvo lugar, entre el 8 y 10 de octubre pasado, en la isla de Margarita.

En la Asamblea General de Cancilleres celebrada en Costa Rica, en junio de 2001, el Gobierno de Venezuela planteó la conveniencia de contar con una Carta Social de las Américas, donde se establecieran claros compromisos de los estados en cuanto a la promoción y observancia de los derechos económicos, sociales y culturales de los pueblos.

El tema central de ese evento era la aprobación de una Carta Democrática. La versión número 7 de ese instrumento, que fue sometida al escrutinio de los cancilleres de los 34 países del hemisferio que integran la OEA, exhibía inocultables falencias. No establecía una relación armónica entre derechos humanos y democracia.

 

Tenía un carácter punitivo y expeditivo, ya que sólo perseguía excluir del Sistema Interamericano a gobiernos que se apartaran de la “democracia representativa”. La palabra pobreza no aparecía en ese texto.

 

Por eso expresamos nuestro desacuerdo y propusimos se celebrara una Asamblea General Extraordinaria que permitiera una discusión más amplia, fecunda y participativa de los temas que configuraban la Carta. Gracias a la visión venezolana, compartida por otros países, tuvo lugar la Asamblea General de Lima, Perú, el 11 de septiembre de 2001. Debate sin precedentes. Después de la Carta de la OEA, aprobada en 1948, surgía un nuevo instrumento jurídico hemisférico: La Carta Democrática Interamericana.

Este fundamental documento consagra todo un capítulo, el número III, a la “Democracia, Desarrollo Integral y Combate a la Pobreza”. Su Artículo 11 reza: “La democracia y el desarrollo económico y social son interdependientes y se refuerzan mutuamente”.

Mientras que el 12 sostiene: “La pobreza, el analfabetismo y los bajos niveles de desarrollo humano son factores que inciden negativamente en la consolidación de la democracia”. La impronta venezolana está presente en estos postulados. La reunión de Alto Nivel celebrada en la isla de Margarita, constituye la continuación de ese enriquecedor periplo en el cual la agenda social ha adquirido la más significativa relevancia para los países de la OEA.

La Declaración de Margarita es un hito continental. Marca las pautas que deben asumir los países para combatir la pobreza y alcanzar la equidad e inclusión social. En Margarita se ha relanzado la esperanza. Se ha trazado una perspectiva para la conquista de sociedades más democráticas.

Condiciones deshumanizadoras socavan hoy las bases de la democracia en el Hemisferio.

Cuestionan su legitimidad. Democracia con justicia es el indisoluble binomio para alcanzar mayores niveles de felicidad humana, para ensanchar las fronteras de la libertad.

*Embajador de Venezuela ante la OEA