Papel Literario

Democracias de sufragio

Jorge Valero *



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Es incuestionable que las democracias que se han instaurado en nuestro continente no han respondido a las demandas populares.

Democracias de sufragio las que tenemos.

Representan, sin duda, estadios superiores de organización política a las tradicionales dictaduras militares que hemos conocido en el continente.

Pero democracias sin aliento social y popular son las que tenemos.

Lejos estamos de contar en América Latina con democracias que interpreten fielmente la voluntad colectiva y hayan sido capaces de integrar a los sectores mayoritarios de la población al disfrute de los bienes materiales y espirituales que atesoran las sociedades.

Democracias verdaderas las que trascienden el mero hecho comicial y en las cuales la participación plena de la ciudadanía no es algo extraordinario, sino sencillo y cotidiano.

Tampoco se han alcanzado los derechos civiles y políticos para la mayoría de los ciudadanos. Menos aún, los derechos económicos y sociales que, en el siglo XX, se conquistaron en los países desarrollados con el establecimiento del Estado benefactor. La exclusión, la desigualdad y la discriminación constituyen características sobresalientes del actual panorama latinoamericano.

Documentos fundamentales como la Carta de la OEA y la Carta Democrática Interamericana hacen expresa mención a la pobreza, y a su relación anómala con la democracia. Es un compromiso ineludible de los Estados democráticos profundizar las políticas sociales. El Gobierno de Venezuela ha convertido a éstas en el centro de su acción y despliega audaces planes y programas para favorecer a los sectores más vulnerables.

La pobreza tiene implicaciones diversas. Ahora se habla de su carácter multidimensional ya que envuelve lo social, lo económico y se extiende a lo político. De no encararse con urgencia y determinación podría convertirse (de hecho se ha convertido) en un factor que erosiona la estabilidad política en la región.

Superar esta perversa y aberrante situación, que demuestra patéticamente el fracaso del inhumano modelo neoliberal que reproduce a cada instante la injusticia, la desigualdad y la discriminación, constituye un gran desafío.

La democracia debe ir más allá de los actos comiciales y crear mecanismos para que la participación de todos los actores sociales y políticos sea posible. La democracia debe satisfacer las demandas de las mayorías, especialmente de los más pobres, que han sido condenados a la exclusión y la miseria. Superar la pobreza, la inequidad y la exclusión social es no sólo una responsabilidad de la democracia, sino su principal demanda ética.

Ante los jefes de Estado y de Gobierno un nuevo reto: la Cumbre Extraordinaria de las Américas, que se realizará en enero de 2004, en la ciudad de Monterrey, México. El Gobierno venezolano espera que allí se definan claros mandatos para que tengamos — más temprano que tarde— una región donde imperen indefectiblemente los derechos humanos. Democracia con justicia social debe ser el lema. Un indisoluble binomio para alcanzar mayores niveles de felicidad para
los hombres y mujeres que habitan nuestro continente.

*Embajador de Venezuela ante la OEA