Los cambios
en la estructura de poder mundial exigen de los líderes de nuestro hemisferio, una
urgente revisión del sistema de seguridad colectiva, para enfrentar las complejas
transformaciones suscitadas luego del fin de la guerra fría. En este sentido el
regionalismo constituye la mejor opción para un régimen de seguridad, que respete los
principios de reciprocidad y autodeterminación, comprometiendo a los países de la
región a asumir plenamente sus responsabilidades.
La acuciante contemporaneidad demanda la elaboración de un renovado
concepto de seguridad, que no se circunscriba exclusivamente a la dimensión militar, sino
que incluya aspectos fundamentales de la agenda moderna. Necesariamente deben atenderse
temas que se instalen en el dominio de lo político, lo económico, lo social, lo cultural
y lo ambiental. Se trata, entonces, de estructurar una óptica de futuro que oriente las
acciones de los Estados para el logro de la paz, el desarrollo y el bienestar de los
pueblos.
Afortunadamente, la Organización de los Estados Americanos no está en
estos momentos sometida a la dinámica confrontacionista que caracterizó los momentos de
la guerra fría. Estamos frente a un organismo en proceso de renovación, que encara
inéditos desafíos y amplía su agenda por obra y gracia de los pueblos y gobiernos de
las Américas.
Su dinámica interna se nutre de un equilibrio de fuerzas nacionales,
diversas y plurales, que se abre paso para enfrentar con nuevos bríos las demandas de la
región. Es aquí, donde el trabajo realizado por el secretario general de la OEA, César
Gaviria, adquiere singular importancia.
Venezuela quiere contribuir a la vigencia del máximo foro
interamericano, para promover la plena democratización de la sociedad internacional.
Aportaremos los máximos esfuerzos para que todos los países de las Américas, honren los
valores y principios que justifican su existencia: la no intervención, la
autodeterminación de los pueblos, la soberanía, la igualdad jurídica de los Estados, la
promoción de la justicia social y el desarrollo.
Desde que se inició el proceso de cumbres de las Américas, la OEA ha
actuado como su memoria institucional, dando seguimiento a sus mandatos. Nunca como ahora
se había producido una convergencia tan grande alrededor de tan nobles propósitos en el
hemisferio. Próxima está la fecha de la III Cumbre, donde Venezuela reafirmará el
ideario de nuestros libertadores: justicia y libertad para todos los pueblos.
Superar la pobreza es uno de los más grandes desafíos de nuestra era.
A la par de la proliferación de regímenes políticos que adhieren la democracia
representativa, se han expandido también las calamidades sociales de los pueblos de
América Latina y el Caribe. La Agencia Interamericana para la Cooperación y el
Desarrollo, constituye un mecanismo para reducir y, Dios quiera, eliminar, la pobreza en
la región.
Las democracias representativas son imperfectas y, por tanto,
perfectibles. La democracia participativa debería constituirse en un nuevo paradigma
hemisférico; en un desarrollo y perfeccionamiento de la democracia representativa.
Libertad sin justicia es una libertad quimérica, así como justicia sin libertad es una
mascarada.
Es urgente y necesario que se ratifique la Convención Interamericana
de Derechos Humanos y se acepte la competencia contenciosa de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos. Venezuela asume responsablemente la promoción y defensa de esos
irrenunciables derechos, que representan la columna vertebral de nuestro sistema
constitucional.
En el discurso que recientemente pronunciáramos ante el Consejo
Permanente de la OEA, en Washington, -recinto irrigado por la impronta telúrica de Simón
Bolívar, El Libertador,- sostuvimos que es un compromiso histórico ineludible, promover
la más amplia unidad americana; la mestiza, la meridional, la anglosajona, sin
exclusiones de ningún tipo, y siempre con la mirada puesta en la felicidad y prosperidad
de todos.
*Historiador y embajador venezolano ante la OEA