OPINION

La OEA: Retos de Venezuela

Jorge Valero*

 

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Los cambios en la estructura de poder mundial exigen de los líderes de nuestro hemisferio, una urgente revisión del sistema de seguridad colectiva, para enfrentar las complejas transformaciones suscitadas luego del fin de la guerra fría. En este sentido el regionalismo constituye la mejor opción para un régimen de seguridad, que respete los principios de reciprocidad y autodeterminación, comprometiendo a los países de la región a asumir plenamente sus responsabilidades.

La acuciante contemporaneidad demanda la elaboración de un renovado concepto de seguridad, que no se circunscriba exclusivamente a la dimensión militar, sino que incluya aspectos fundamentales de la agenda moderna. Necesariamente deben atenderse temas que se instalen en el dominio de lo político, lo económico, lo social, lo cultural y lo ambiental. Se trata, entonces, de estructurar una óptica de futuro que oriente las acciones de los Estados para el logro de la paz, el desarrollo y el bienestar de los pueblos.

Afortunadamente, la Organización de los Estados Americanos no está en estos momentos sometida a la dinámica confrontacionista que caracterizó los momentos de la guerra fría. Estamos frente a un organismo en proceso de renovación, que encara inéditos desafíos y amplía su agenda por obra y gracia de los pueblos y gobiernos de las Américas.

Su dinámica interna se nutre de un equilibrio de fuerzas nacionales, diversas y plurales, que se abre paso para enfrentar con nuevos bríos las demandas de la región. Es aquí, donde el trabajo realizado por el secretario general de la OEA, César Gaviria, adquiere singular importancia.

Venezuela quiere contribuir a la vigencia del máximo foro interamericano, para promover la plena democratización de la sociedad internacional. Aportaremos los máximos esfuerzos para que todos los países de las Américas, honren los valores y principios que justifican su existencia: la no intervención, la autodeterminación de los pueblos, la soberanía, la igualdad jurídica de los Estados, la promoción de la justicia social y el desarrollo.

Desde que se inició el proceso de cumbres de las Américas, la OEA ha actuado como su memoria institucional, dando seguimiento a sus mandatos. Nunca como ahora se había producido una convergencia tan grande alrededor de tan nobles propósitos en el hemisferio. Próxima está la fecha de la III Cumbre, donde Venezuela reafirmará el ideario de nuestros libertadores: justicia y libertad para todos los pueblos.

Superar la pobreza es uno de los más grandes desafíos de nuestra era. A la par de la proliferación de regímenes políticos que adhieren la democracia representativa, se han expandido también las calamidades sociales de los pueblos de América Latina y el Caribe. La Agencia Interamericana para la Cooperación y el Desarrollo, constituye un mecanismo para reducir y, Dios quiera, eliminar, la pobreza en la región.

Las democracias representativas son imperfectas y, por tanto, perfectibles. La democracia participativa debería constituirse en un nuevo paradigma hemisférico; en un desarrollo y perfeccionamiento de la democracia representativa. Libertad sin justicia es una libertad quimérica, así como justicia sin libertad es una mascarada.

Es urgente y necesario que se ratifique la Convención Interamericana de Derechos Humanos y se acepte la competencia contenciosa de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Venezuela asume responsablemente la promoción y defensa de esos irrenunciables derechos, que representan la columna vertebral de nuestro sistema constitucional.

En el discurso que recientemente pronunciáramos ante el Consejo Permanente de la OEA, en Washington, -recinto irrigado por la impronta telúrica de Simón Bolívar, El Libertador,- sostuvimos que es un compromiso histórico ineludible, promover la más amplia unidad americana; la mestiza, la meridional, la anglosajona, sin exclusiones de ningún tipo, y siempre con la mirada puesta en la felicidad y prosperidad de todos.

*Historiador y embajador venezolano ante la OEA