OPINION ¿Autoritarismo en Venezuela?Jorge Valero* |
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Giovanni Sartori en su obra Aspectos de la democracia sostiene que el autoritarismo se opone a la democracia por que ésta supone un equilibrio entre libertad y autoridad. Aunque existe un amplio consenso respecto a la democracia, no se descarta que surjan nuevos regímenes autoritarios y que gobiernos que han surgido de elecciones, desanden el sendero democrático. El caso peruano ha sido emblemático. La OEA está discutiendo una cláusula democrática, que el Gobierno de Venezuela respalda, ya que aspira que la democracia sea una realidad y no un mero enunciado de principios - muy nobles ciertamente- aunque abstractos para las mayorías. La cultura democrática se ha instalado en nuestras sociedades. En Venezuela experimentamos un verdadero proceso democrático que es, en esencia, antiautoritario. Un buen paradigma de antiautoritarismo es el propio presidente Hugo Chávez, pero no se debería confundir - como lo hacen algunos interesadamente- autoritarismo con autoridad. Y, es que, en honor a la verdad, esta última no le falta al Presidente. No ha habido en la historia reciente del país -desde el período de Isaías Medina Angarita- un gobierno tan democrático como el que tenemos. El pasado 1° de julio, El Nacional publicó un suplemento especial titulado "Democracia en Iberoamérica", donde voceros de una corriente ideológica plantearon que en Venezuela hay un régimen autoritario. Algunos irresponsablemente proclamaron que el Gobierno se propone "destruir a la democracia". Curiosamente, el mismo suplemento insertó la opinión de dos insignes venezolanos: Miguel Henrique Otero y Alberto Federico Ravell, quienes expresaron que "sí existe libertad de expresión en Venezuela y esto se refleja en que sus respectivos medios transmiten mensajes variados sin recibir presiones". Son fundamentos de la democracia: la celebración de elecciones libres y justas; el acceso al poder por medios constitucionales; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y el respeto a los derechos humanos. ¿Quién puede desconocer que estos fundamentos están plenamente vigentes en Venezuela? Aquí se respeta en forma absoluta las libertades democráticas. La oposición política tiene la posibilidad de expresarse, por todos los medios de comunicación social. Se llega al extremo de vilipendiar al jefe del Estado, sin que sus autores sean reprimidos o censurados. Se publican informaciones calumniosas sobre el Presidente de la República provenientes del exterior, pero se guarda silencio cómplice cuando se mancilla la soberanía de la nación. Nunca un presidente había sido sometido al fuego de la crítica con tanta saña como ocurre hoy. El Gobierno permite que la protesta popular se exprese libremente. Frente a ella se actúa de manera dialogante, pero ciertos portaestandartes del antiautoritarismo le piden que cercene la protesta, que ponga en práctica una máxima muy conocida: "dispare primero y averigüe después" y, como son desoídos, acusan cínicamente al Presidente de fomentar la anarquía. En otros tiempos por críticas irrelevantes, no pocos opositores políticos fueron aventados a las cárceles. Han pasado dos años de gobierno y no hay un solo preso político. Nadie ha sido maltratado. Ningún periódico clausurado. La oposición ejerce la crítica sin limitaciones llegando, en muchos casos, al infundio y la calumnia... Y nada le pasa a los críticos. Fácil es hoy ser opositor al Gobierno, ya que éste respeta de forma plena a todos los sectores nacionales. Ojalá que la oposición se organizara y ejerciera su papel en forma responsable. El Gobierno la considera imprescindible para el buen funcionamiento de la democracia. La critica, bien canalizada, contribuye a que los gobernantes corrijan sus imperfecciones. Pero ésta debe tener una dimensión ética y estar fundada en la verdad. El Gobierno espera que en la oposición impere la sindéresis para bien del país y de todos los venezolanos. * Embajador de Venezuela ante la OEA |