OPINION Momentos crucialesJorge Valero* |
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Amos Oz en un artículo titulado "Struggling Against Fanaticism", publicado en el New York Times el 14 de septiembre, advierte cómo se expanden el chauvinismo y el extremismo religioso, no sólo en el mundo islámico, sino también en varias partes del mundo cristiano y, fundamentalmente, entre el pueblo judío. Ciertamente los sucesos del 11 de septiembre, han resucitado todo tipo de clichés racistas sobre la "mentalidad musulmana". El hombre vive momentos cruciales. Peligros inéditos acechan a la humanidad en el siglo que comienza, cuando el hombre se juega su racionalidad. Frenética es la carrera tecnológica por inventar mecanismos de destrucción masiva. Armas de nueva generación construidas para causar máximos daños letales. Ni los seres microscópicos que viven en la tierra son inmunes. Se prepara subrepticiamente a los seres humanos para que perciban, como naturales, los llamados daños colaterales de la guerra. Con valentía y prudencia Juan Pablo II reivindica la suprema aspiración de la comunidad internacional: la preservación de la vida humana. El Papa reitera la urgencia de asumir plenamente el compromiso de todo ser civilizado en favor de la paz. Expresa la necesidad de "pasar del rechazo a la acogida y de la desconfianza al respeto". Precisamente, en momentos en los cuales se han inventado dantescas formas de acabar con la existencia humana, invocando maniqueísmos indeseables (el bien contra el mal), o profanando el nombre de Dios. Hoy se fragua una cultura global deshumanizante donde prototipos, imágenes, representaciones simbólicas, se propagan a través de las grandes empresas multinacionales de comunicación. Mientras tanto he ahí la paradoja sus mercados excluyen a las mayorías populares del disfrute de los bienes necesarios para su supervivencia. Francis Fukuyama revive su desprestigiada teoría El Fin de la Historia en un artículo publicado en el diario español El País del 21 de octubre. Sin base científica afirma que el Islam "es el único sistema cultural que parece producir con regularidad gente, como Bin Laden y los Talibán que rechazan la modernidad de pie a cabeza". Según Fukuyama la destrucción de las Torres Gemelas produjo en el mundo islámico "un sentimiento inmediato de satisfacción al ver que Estados Unidos tenía lo que se había merecido". Le faltó poco para asegurar que la cultura musulmana es, per se, generadora de violencia y terrorismo. Deleznable apología de la "superioridad occidental", tan cuestionada mundialmente. Cierto es que algunos protagonistas han utilizado al Islam como justificación de sus deplorables actos. Esto no condena al Islam como cultura. Como tampoco a la "cultura occidental" el hecho de que la bomba atómica haya sido elaborada con la autorización de los líderes antieje. Insensato sería sostener igualmente que una sociedad es racista, por naturaleza, porque existan en su seno manifestaciones de esta aberración inhumana. El hombre encara una lucha por remontar sus propias miserias. La búsqueda de una comunidad ecuménica regida por la paz y la tolerancia, es lo que demandan las actuales circunstancias. Tolerancia e interacción entre culturas para enriquecer el patrimonio humano. Para angostar los ámbitos de la violencia. Para fomentar el diálogo convergente. La paz como respuesta permanente del hombre ante los accidentados vericuetos de la violencia. "Lo que hoy no se haga, exclama Goethe en Fausto no se hará mañana, y no hay que malograr ningún día". La riqueza esplendorosa de la especie humana puede articularse, en comunión constructiva, con trillones de organismos del ecosistema. Más de 50 mil etnias diferentes dan sentido a ese arco plural que integra la vida humana, conformado por lenguas polifónicas, religiones monoteístas y ancestrales, tan plurales como trascendentes. Los sueños también forman parte de la realidad, porque inspiran las luchas por la existencia y preservación del ser humano.
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