OPINION Fundamentos de la civilizaciónJorge Valero * |
||
La historia tiene vericuetos incomprensibles. Etapas de avance como de retroceso. Períodos de construcción civilizatoria como de destrucción de la vida humana. Desde cualquier perspectiva, lo ocurrido el 11 de septiembre, es una avería en la ruta hacia el progreso que ha provocado consecuencias deplorables. En el ámbito de la economía, la sociedad, la cultura y las relaciones internacionales. Se ha ensanchado la incertidumbre y nuevos imponderables oscurecen la comprensión del futuro. Ante tan desconcertantes acontecimientos nadie se puede sentir seguro en ningún lugar de la tierra. Hasta resucitan predicadores del apocalipsis. Los sistemas de seguridad muestran sus vulnerabilidades. Organismos de concertación multilateral privilegian temas que, con el fin de la Guerra Fría, habían perdido preeminencia. Se reducen espacios para la multipolaridad. Se tejen nuevas alianzas impensables en el pasado. Las luchas en favor de la paz y los movimientos que las expresan, lucen debilitados. Aun cuando voces como las del papa Juan Pablo II, tan sabias como prudentes, insisten en ese noble predicamento. Se han activado, por otra parte, tendencias que colocan a la humanidad ante procesos impredecibles. Se han reforzado dinámicas xenofóbicas y antivalores de la intolerancia, instalados en la llamada cultura o civilización occidental. Países intentan angostar libertades civiles ya conquistadas. A nivel intelectual la reflexión crítica y libertaria tiende a desestimarse, como nunca antes. La violencia irracional vista constituye la negación más absoluta del diálogo. Éste abre caminos para el entendimiento y es precondición para la convivencia humana. Diálogo significa tolerancia; respeto al otro. Y, como lo señala el filósofo español Fenando Savater, tolerancia es "la convicción de que hay que vivir con lo que a uno no le agrada o no comparte". Pero no puede ser un simple diálogo por el diálogo. Un fin en sí mismo. Debe ser, más bien, un camino; una alternativa para edificar una sociedad basada en la justicia y la equidad. Por eso debe ser sincero y construido sobre valores superiores, pues se trata de alcanzar objetivos igualmente superiores: el bienestar de todos los integrantes de la sociedad. Diálogo para avanzar en búsqueda de la justicia y la libertad. Fundado en y para dignificar la condición humana. El diálogo en función de paz y en procura de la comprensión que no excluye el debate es indispensable. Es la savia de la vida democrática. En la Declaración Final del Encuentro Latinoamericano y Caribeño sobre el Diálogo de Civilizaciones celebrado en Caracas, el pasado mes de noviembre, que congregó a humanistas de diferentes partes del mundo, se afirma que ese diálogo es absolutamente necesario para lograr la integración y el reconocimiento entre pueblos diversos, así como una herramienta insustituible para alcanzar el desarrollo libre y autosustentable de las sociedades del planeta. Los aportes de este encuentro, promovido por el Gobierno venezolano a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, el SELA y la Unesco, refrescan el debate de nuestro tiempo y trazan rumbos para construir un mundo más solidario. Tuvimos la suerte de compartir preocupaciones y esperanzas con relevantes personalidades extranjeras, en el marco de un foro de librepensadores, entre ellos, Ahmed Ben Bella, Sayed Ataollah Mohajerani, Leyla Bartet, José Del Val, Mahdi Elmandjara, Hazel Henderson, Ahmad Jalali, Ana María de Oliveira, William Ospina, Helgio Trindade, Phil Lane Jr y Eduardo Subirats. Interactuamos, de igual forma, con académicos del país como Esteban Emilio Mosonyi, Mazhar Al- Shereidah y Frank Bracho. Ojalá, que la fecunda producción teórica que se generó en esta multidisciplinaria confluencia intelectual sea divulgada ampliamente. Se trata de aportes fundamentales para la agenda de nuestro tiempo. Valiosa contribución, desde Venezuela, al Año del Diálogo de Civilizaciones decretado por la ONU, a propuesta del presidente de Irán, Mohammad Jatami.
|