OPINION Democracia en Tiempo de CambioJorge Valero * |
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El secretario general de la Organización de los Estados Americanos, César
Gaviria Trujillo, refiriéndose a un repudiable hecho ocurrido recientemente en Caracas,
pidió a los venezolanos que defiendan sus instituciones democráticas y rechacen
cualquier intento de alterar el orden constitucional. Declaración que debe ser
entendida como una loable invitación para que en nuestro país se consolide el sistema
democrático. La democracia es un proceso dinámico de construcción permanente. Se puede
renovar y perfeccionar, pero también puede colapsar. En Venezuela asistimos a un cambio de época. A una
transformación de las estructuras del Estado y de la sociedad. Cambio que implica una
recomposición de los actores políticos y una reformulación de la agenda del Estado. Los
cambios cuando son reales siempre generan resistencias. Los que defienden indebidos
privilegios se oponen obstinadamente a los efectos que nuevos paradigmas producen en la
sociedad. Ahora se trata de construir un nuevo proyecto de Nación. Las bases
filosóficas, doctrinarias y programáticas de ese fascinante reto, están muy bien
definidas en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. El Gobierno tiene un mandato expreso del pueblo para
cumplir con su programa. La oposición, por su parte, está llamada a ofrecer alternativas
y, en ese sentido, actuar constructivamente en el marco del estado de derecho. La
oposición política en un país democrático, no sólo es necesaria sino imprescindible.
Sin oposición no hay democracia. La oposición contribuye a enriquecer el sistema
democrático. Hay quienes confunden, sin embargo, oposición con conspiración. Canales no le faltan a la oposición en Venezuela para
expresarse. Los medios masivos de comunicación divulgan, con amplitud sin precedentes,
sus puntos de vista. Su derecho a manifestar y a disentir está pautado en nuestra carta
magna. El Gobierno garantiza sin restricciones las libertades democráticas. Sectores
diversos, tanto políticos como sociales, expresan libremente y de las más diversas
formas, incluyendo las manifestaciones de calle sus desacuerdos con la
política del Gobierno. Los ojos del continente miran hacia Venezuela. En varios
foros de reflexión y análisis académicopolítico, en los cuales hemos participado
en Washington, afirmamos que la democracia venezolana es expresión de un proyecto
político transformador que se vigoriza con la activa participación de la ciudadanía en
la vida pública. En ese sentido estamos construyendo una democracia participativa. El presidente de la República, Hugo Chávez Frías,
consciente de la necesidad de canalizar las inevitables confrontaciones y debates que
ocurren durante el proceso de cambio, ha convocado a todos los sectores nacionales, sin
exclusiones de ningún tipo, a trabajar por el desarrollo del país. En las actuales circunstancias el diálogo constructivo
resulta más necesario que nunca. Diálogo para avanzar. Nunca para restaurar las
injusticias, aberraciones y perversiones heredadas del pasado. Diálogo para reconstruir
la democracia sobre bases verdaderamente democráticas, justicieras y participativas.
Democracia con justicia social. El énfasis debe ser puesto, entonces, en la lucha contra
la pobreza, y ésta debería estar en la agenda de todos los sectores nacionales, ya que
es una demanda ética para perfeccionar la democracia que hoy tenemos. Nuestra política internacional es autónoma y responde,
antes que nada, a los intereses de la Nación. Por eso pedimos la comprensión y respaldo
de todos los pueblos y gobernantes del mundo. Demandamos que se respeten las
peculiaridades de nuestro proceso, del mismo modo como nosotros respetamos lo que cada
país hace, de manera soberana, en la búsqueda de la prosperidad y progreso de su pueblo.
El nuestro es autóctono, tiene sus especificidades propias y se inspira en el pensamiento
y obra de nuestros libertadores.
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