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Intervención del Embajador Jorge Valero en el Foro Venezuela, en la Universidad del Georgetown, Washington, D.C.,16 de Octubre de 2001
Derechos Humanos, ejercicio de
la libertad religiosa y vigencia de las normas que rigen el derecho
internacional, son referencias que gravitan en
el debate intelectual que hoy tiene lugar en el mundo, a la luz de los deplorables
acontecimientos ocurridos en Estados Unidos. Hasta donde es posible armonizar la preeminencia de los
derechos humanos con las medidas de seguridad que, necesariamente, deben tomarse en las
actuales circunstancias y cuyos efectos pudieran angostar los ámbitos de la libertad. Hasta donde los valores y objetivos democráticos pueden
resultar profundamente socavados en este tiempo. Jean-Claude Guillebaud, en su libro Le Principe D´ Humanité, publicado en París, el
pasado mes de agosto, expresa que compartimos
una conciencia más vívida de lo que puede ser un crimen contra la humanidad: el que
añade al asesinato de seres humanos la negación de lo humano; el que agrava la matanza
con la mutilación del sentido. Todo esto, a manera de premonición: los hechos
abominables que hoy nos conmueven, en perspectiva. Lo desconcertante convertido en
realidad. El hombre en su lucha constante por remontar sus propias miserias. Y, como
respuesta, su incesante búsqueda en procura de una comunidad ecuménica, solidaria y en
paz. Tras lo individual, como efímero, el ser humano en su
plenitud social reconocido en su diversidad. De allí la pluralidad expresando la plenitud
de opciones por la libertad e igualdad. Para los intolerantes religiosos Dios como dice
José Saramago- no es más que un nombre. En nombre de Dios
se ha permitido y justificado todo, incluso, abominables masacres. El Premio Nobel de Literatura nos advierte como, durante siglos, ha habido personas o instituciones
dedicadas a interpretar perversamente textos sagrados que deberían merecer el respeto de
sus profesantes. Junto a ello, la creación de un monstruoso contubernio entre la
Religión y el Estado, para agredir la libertad de conciencia y conculcar el más humano
de los derechos: el derecho a decir no, el derecho a la herejía, el derecho a escoger
otra cosa. La humanidad vive momentos cruciales. Momentos que
demandan respuestas sabias, en las que el hombre se juega su racionalidad. Los hechos que enlutan al pueblo norteamericano y al mundo
entero, generan un reto de dimensiones planetarias. Nadie escapa hoy a las diabólicas intensiones del terrorismo. El terrorismo no tiene
fronteras. Mata por matar. No respeta nacionalidades. Credos. Ni étnias. Ni culturas. Ni
religiones. Patéticas escenas como las que han mostrado los medios de comunicación, son
elocuentes. Inocentes han muerto sin saber por qué. Sin que se respete ese derecho humano
y divino de preservar su existencia. Esos crímenes. Esos tenebrosos y deplorables sucesos,
tienen responsables. Estamos ante un verdadero
y nuevo holocausto causado por el terrorismo. Ese enemigo no asume con valentía sus
responsabilidades porque se esconde tras la miseria de lo oculto, de lo desconocido. Tras
la oscuridad del terror. Tras los intersticios
de perversas especulaciones de la imaginación. Las pavorosas escenas de muerte que hemos visto y
sufrido en estos días nos conmueven. Porque a decir del historiador costarricense Rodrigo
Quezada Monje: Ciertamente no hay homicidio que no sea suicidio y no hay muerte que no nos mate. Y es que, todo ser humano, digno de ser
considerado como tal, no podría escapar al
dolor que produce la muerte de inocentes, sin consideración de religión, edad,
profesión, sexo, y nacionalidad. Nuevamente José Saramago, en su Ensayo sobre la ceguera, describe como
muchos seres humanos, sin estar ciegos, no ven la realidad de bajezas, podredumbres e
inmundicias que construyen. Y es que, el terrorista, ese violador absoluto de los
derechos humanos, se transforma en un monstruo; en una bestia salvaje que elimina sin
reparos ni consideración la vida humana. Y es que, hoy
más que nunca, tenemos derecho a soñar con un mundo en paz, porque todo buen soñador es
un ser muy realista. Nunca se ha soñado más que en estos tiempos en los
cuales, en cierto modo, ha estado prohibido soñar. La tolerancia debe ser el signo de los
tiempos. El terrorismo es la expresión más acabada de la intolerancia. El terrorista
ejerce la irracionalidad, el tolerante fomenta el diálogo cultural. No está planteado hoy un choque de culturas, como lo
pronostica Samuel Huntington, sino un diálogo de civilizaciones. Edward W Said se ha encargado de desmontar la vaga
noción de identidades civilizatorias
que conducirían al conflicto entre dos de ellas, el Islam y Occidente. Ha cuestionado
esas identidades mineralizadas, como si en la cultura existiera un mundo de dibujos
animados en el que Popeye y Brutus se golpean sin piedad y el pugilista más virtuoso de
los dos es el que gana siempre a su adversario. Un reduccionismo de tal naturaleza,
subestima la dinámica interna y la pluralidad de cada civilización. Los aportes e interacciones constructivas que pueden
tener entre ellas. Ni Occidente es puramente Occidente. Ni el Islam es puramente el Islam.
Compartimientos estancos muy distantes de la realidad. El espantoso atentado suicida cometido por un pequeño
grupo de militantes trastornados y no sabemos aún si profesantes de un credo
monoteísta- pero con seguridad guiados por motivaciones patológicas, se ha utilizado
como prueba de que las tesis de Huntington, han sido validadas por la realidad. Y no pocos
han pontificado contra el Islam y han proclamado la superioridad de Occidente. Said, en su extraordinario libro Orientalismo
ya había hecho una requisitoria intelectual contra esas expresiones
racistas y xenófogas. La peor consecuencia que pudiera sacarse de lo ocurrido,
el fatídico martes 11 de septiembre, es que se expandieran las fronteras de la
intolerancia. Que la tolerancia se reduzcan aún más. Que, por la indeseable vía de un
perverso maniqueísmo anticientífico, se asocie el terrorismo con lo árabe; el
terrorismo con lo musulmán; el terrorismo con el Islam
Esto sería trágicamente
perverso. El crimen cometido por unos pocos, no puede ser endosado a dignas expresiones
culturales y religiosas que están representadas, según la revista TIME, por 1.164
millones de seres humanos que pueblan el planeta tierra. El Papa Juan Pablo II pronunció una extraordinaria
Homilía, horas después de conocerse el repudiable festival de la barbarie,
como calificara a los hechos de Nueva York y Washington, la revista francesa Le Monde. Su
Santidad se preguntó: ? Cómo pueden verificarse
episodios de una crueldad tan salvaje?. Su respuesta fue sencilla: El corazón del hombre es un abismo del que
brotan a veces planes de inaudita atrocidad, capaces de destruir en unos instantes la vida
serena y laboriosa de un pueblo. El máximo conductor espiritual de la Iglesia Católica
mundial no dejó, sin embargo, de hacer un llamado a la humanidad y a todos los
gobernantes de los países del mundo: Pidamos
al Señor que no prevalezca la espiral del odio y de la violencia. Como dice la
sabiduría cervantina: Que no paguen justos
por pecadores. Que a los responsables se les imponga el peso de la ley. Que se
administren con alta dosis de racionalidad y justicia- las respuestas ante tan
deplorables hechos. Que se evite a toda costa la muerte de inocentes y de personas que
nada tienen que ver con lo ocurrido. Estos deben ser los parámetros éticos y políticos
para una acción compartida, solidaria y multilateral. El Presidente Hugo Chávez ha dicho: El siglo XX fue un siglo de guerras
mundiales, de bombas atómicas, de muerte, de destrucción. Vamos a
pedir a Dios, vamos a orar todos para que el siglo que comienza no sea otro siglo más de
violencia, que sea un siglo de paz y de armonía
entre todos los pueblos, las naciones, entre todos los seres humanos y no sólo entre los
seres humanos, la relación nuestra de los seres humanos con la madre naturaleza que sea
de paz y de armonía y no de destrucción, porque es como la negación de la misma esencia del ser humano, de los hijos de
Dios; es como la negación de la hermandad entre nosotros, es como la negación de ese don
humano, es la negación del humanismo, es la negación del amor y es la imposición del
odio; es la negación de la vida y es la imposición de la muerte, es la negación de lo
divino y es la afirmación de lo diabólico
Venezuela, como miembro de la OEA, ha respaldado la convocatoria al Organo de Consulta
del Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR). Queremos puntualizar, empero,
que mi país ha formulado severas criticas a la vigencia y existencia de este Tratado.
Consideramos que este Tratado debe revisarse a la luz de las nuevas realidades
internacionales, del fin de la Guerra Fría y de la pavorosa
y reciente embestida del terrorismo. Venezuela ha coincidido con el punto de
vista expresado por el Presidente mexicano Vicente FOX, cuando sostuvo: Desde la perspectiva de México, el
Tratado de Río no sólo representa hoy un caso grave de obsolescencia e inutilidad, sino
que ha impedido, en contra de sus propósitos, la generación de una idea de seguridad
adecuada a los alcances y necesidades del hemisferio. Un punto de vista semejante había expresado mi país,
el año pasado, cuando se celebrara, en Brasil, la Reunión de Ministros de la Defensa del
Hemisferio. Consideramos que la respuesta al terrorismo debe tener
un carácter multilateral; debe ser sabia y bien conducida, con el objeto de evitar falsos
antagonismos. Debemos contribuir, a partir de una visión humanística e integradora, a
que no se demonice a los musulmanes en su conjunto. Lo ocurrido puede alimentar la
xenofobia, ya presente en espacios sociales importantes de la llamada cultura occidental. Aquí mismo, en Estados
Unidos, hemos visto desconcertantes reacciones instintivas contra ciudadanos de origen
árabe o de fe islámica. La guerra no es del Norte contra el Sur, ni de
cristianos contra islámicos. En los principios del islamismo, por el contrario, se
preconiza la paz como valor universal. La traducción de la palabra Islam, es: paz. Un
comunicado de la Conferencia Islámica proclama
El Islam valora la vida humana y considera a quien asesina a inocentes como un criminal contra la
humanidad. El terrorismo, en consecuencia, contradice la esencia del islamismo. Los fundamentos de toda religión monoteísta. Estas son
precisiones necesarias. Lo que está planteado
hoy, es el diálogo de civilizaciones; el encuentro de ellas con base en el humanismo para
enfrentar la violencia internacional y el terrorismo. Viene a mi memoria en estos momentos
un libro titulado Civilización o Barbarie del gran escritor argentino Domingo
Faustino Sarmiento: Ese es el dilema de nuestro tiempo. Hemos respaldo la convocatoria al TIAR, porque en esta hora todos
los mecanismos con que cuenta el Sistema Hemisférico independientemente de las
limitaciones y carencias que ellos tengan- deben ser activados. El Presidente Chávez ha expresado con absoluta
convicción: Es necesario que nos acordemos
todos para la lucha contra el terrorismo y para que estos hechos no queden impunes. Desde el primer momento en que se conocieron los
sanguinarios hechos del 11 del septiembre, el Presidente Chávez dio su respaldo solidario
al dolorido pueblo norteamericano y al Gobierno del presidente Geoge W. Bush. Ofreció el
modesto concurso de Venezuela, para que la empresa petrolera nacional, Petróleos de
Venezuela y a su filial Citgo, que opera en el suelo de este país, garantizara el
suministro de petróleo, gasolina y otros derivados, al pueblo de los Estados Unidos.
Ofreció también, el apoyo de la Brigada Simón Bolívar, que ha sido entrenada,
capacitada y adiestrada para salir a cualquier parte del mundo, en solidaridad con pueblos
hermanos. Venezuela tiene alguna experiencia en labores de rescate, ya que tuvimos que
implementarlas y perfeccionarlas, a raíz de la terrible tragedia natural que padecimos en
el año 1999. Oportunidad, por cierto, en la cual el pueblo y el Gobierno de los Estados
Unidos respondieron gesto que agradecemos infinitamente- de manera generosa y
solidaria. La República bolivariana de Venezuela, de manera
soberana fundamenta su patrimonio moral en los valores de la libertad, de la igualdad, de
la justicia. Defiende y promueve la paz
internacional como principio rector de las relaciones internacionales. Por eso mi país rechaza con vehemencia todas las formas
de terrorismo que atenten contra la
vida y la integridad de las personas. Condena cualquier
acto de violencia que atente contra la paz, la seguridad, la inviolabilidad y la
soberanía de las naciones de la Comunidad Internacional. Venezuela respalda las
medidas de cooperación que se adopten en el ámbito hemisférico para combatir el
terrorismo y considera que las mismas deben estar enmarcadas en las normas que rigen el
derecho internacional. Mi país está llevando a cabo un riguroso plan de
seguridad con el objeto de que el terrorismo no tenga radio de acción en nuestro suelo. Ayer, precisamente, informamos a los países integrantes
del TIAR, en reunión que celebraramos en la OEA, sobre las medidas que se están
adoptando en el suelo Venezolano. El Presidente Hugo Chávez, consciente de la necesidad
de disminuir los niveles de inseguridad en el ámbito internacional, ha reiterado a los
gobiernos de Estados Unidos y de otros países, la voluntad de mantener un suministro
energético, seguro y confiable. Con ese
propósito, realizó una gira por diversos países productores y consumidores de
petróleo, para promover la estabilidad de los precios de ese hidrocarburo en el mercado
internacional. En estos tiempos de lucha antiterrorista todos los
estados del hemisferio integrantes de la OEA, debemos enfrentar, mancomunadamente, las
nuevas amenazas que atentan contra la seguridad internacional. En ese sentido, la lucha contra la pobreza se hace mas perentoria.
El terrorismo tiene múltiples motivaciones. Sus autores están inspirados, como ya
dijimos, en motivaciones irracionales. La pobreza y la injusticia son ámbitos dentro de
los cuales el terrorismo podría encontrar caldo de cultivo. Promover la equidad y
justicia, es una de las mejor repuestas al terrorismo. Venezuela, tierra de paz,
fiel observante de las normas y principios de la Carta de la OEA y de la Carta de las
Naciones Unidas, en aras de la promoción y la preservación de la paz
internacional, ha exhortado a todas las naciones del hemisferio - sin menoscabar el
derecho de legitima defensa- a que se cumpla
con las disposiciones contenidas en los
Artículos 51 y 54 de la Carta de las Naciones Unidas. Asimismo con lo dispuesto en el articulo 5 del TIAR,
respecto a que se brinde a los Estados parte, información completa sobre las actividades
que se desarrollan con el propósito de mantener la paz y la seguridad internacional. Venezuela ha exhortado a que se cumpla con los
principios universales consagrados en el Derecho
Internacional Humanitario y se evite de todas las formas- que la población civil de
Afganistán sea víctima de los ataques
armados. Ha llamado a colaborar con la Oficina de las Naciones Unidas para los Refugiados
(ACNUR). Hoy se precisa, más que nunca, de la ayuda humanitaria pronta y oportuna para
las personas que huyen de los ataques armados y, de manera particular, para los niños, mujeres y ancianos. Se debe facilitar, con la mayor urgencia, la salida de los desplazados afganos,
brindándoseles la asistencia humanitaria que requieran. Mi país ha dado una importante
contribución financiera para esos fines. Venezuela comparte las medidas tomadas por Estados
Unidos y otros países en ejercicio del principio de la legitima defensa. Desearía, entre
tanto, que las acciones militares tuvieran referentes temporales y espaciales, con el
objeto de que se evite, a toda costa, que las mismas afecten a personas inocentes, que
nada tienen que ver con el terrorismo y sus promotores. Venezuela esta
consciente de los graves peligros que acechan a la humanidad en el siglo que recién
comienza, agravados por los criminales atentados
ocurridos. Hoy, más que nunca, es el tiempo de la paz. Por eso Venezuela propuso en la
reunión del TIAR, celebrada el pasado 16 de
Octubre, que se realice una Conferencia Interamericana por la Paz y la Preservación de la
Humanidad. Venezuela esta dispuesta a trabajar intensamente, en concierto con todos los países
del hemisferio, para que los hijos de hoy y los hijos del mañana tengan un chance para la paz. La búsqueda de ésta, nunca debe ser abandonada. |